Behind Every Great One, la casa y otras historias de sufrimiento

Behind Every Great One, la casa y otras historias de sufrimiento

Dentro de las diferentes líneas de investigación que se pueden abordar dentro de la Sociología de la Comunicación, quizá sea el de la representación y la narratividad de lo denominado «minorías» (como aquello que no es masculino, cis, blanco, occidental y/o heterosexual, aunque numéricamente no sean una minoría) uno de los más actuales. En estas representaciones y narraciones no solo se pone en juego quién lo cuenta (quién tiene el poder de contarlo y ser escuchado), sino también el qué se cuenta. Centrándonos en las diferentes expresiones o productos culturales (como libros, cómics, películas o videojuegos), se pueden analizar sus posiciones políticas (como argumentaría Ricoeur sobre las narraciones personales), en un análisis parecido a lo que hacía Goffman en el capítulo La ritualización de la feminidad dentro de la obra Los momentos y sus hombres (1991) con las imágenes publicitarias estadounidenses de finales de siglo XX y las facetas que enseñaban sobre la mujer, teniendo en cuenta lo mismo que él decía al principio: no, las imágenes publicitarias no muestran exactamente qué es la sociedad, pero sí muestran escenas que nacen del idioma “ritual”, de las convenciones que hay en ella. Con esto en cuenta, podemos seguir avanzando en la representación femenina en otros tipos de medios.

Aunque normalmente se ha tratado este nuestro medio dentro de lo académico o incluso fuera de ese ámbito como meros precursores de violencia o reducido a un perfil sociodemográfico más infantil, en ellos también se puede tratar esta representación femenina o cómo se discute esta representación tanto dentro como fuera de los videojuegos. Por poner un ejemplo en el que esa transición de una mujer protagonista en una posición más tradicional se pone en juego, se puede ver dentro del juego Behind Every Great One de Deconstructeam (2018), en el cual controlamos durante unos pocos días a Victorine, la mujer de un artista famoso (Gabriel); se dividen en la mañana (en donde se interactúa con la casa: cocinando, limpiando, planchando, regando las plantas, leyendo o fumando, con número de acciones limitadas al día) y la noche (que se centra en las conversaciones a la hora de la cena que tiene Victorine con Gabriel u otros personajes que llegan a la casa). Si algo se puede destacar que se relacione a los mitos de la mujer es cómo la casa (el único espacio disponible en este juego) se ha constituido en el imaginario más tradicional como el espacio de la mujer o de la esposa, cuando en realidad, dentro de ella, Victorine escasamente tiene un lugar (no solo físico) para ella, y los momentos y espacios que sí lo son terminan siendo ignorados o reprochados, ya que son tiempo menos dedicados a los cuidados de terceros. Por ejemplo, si Victorine fuma, Gabriel se lo reprochará por su bien, si lee no le interesará o, por otro lado, él le recordará todas las acciones que no ha hecho. Es cierto que en estos momentos sería fácil acusar a Gabriel de incomprensión o de condescendencia por intentar aconsejar sin tener en cuenta que incluso en un espacio supuestamente ficticio, podemos tomar la hipótesis de Deborah Tannen de que estos personajes masculinos y femeninos funcionan en dos registros diferentes de comunicación, aunque en ellos intente haber comprensión (Tannen, 1991). En este caso se vería más en lo que Tannen denomina el «habla privada», el entorno de la intimidad. No es en el único momento en el que se discute la posición de Victorine dentro del núcleo familiar y ese estar pero no estar dentro de lo pautado, esa «mala» construcción de su feminidad dentro de un cuerpo y una historia que lo codifica a unos rituales concretos (Butler, 1988): en una de las visitas que reciben Victorine y Gabriel, se le recrimina tanto que no consiga encontrar trabajo y sea «solo» una ama de casa como que no quiera tener hijos ni aumentar la familia.

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No sólo se puede analizar la representación de los personajes femeninos y sus posiciones, sino también cuando son las propias mujeres las que relatan sus propias historias tanto en obras de ficción como narrando su propia vida. Un ejemplo de esto último es el monólogo Nanette de Hannah Gadsby (2018), en el que mezclando diferentes experiencias de su vida, la de Van Gogh (como prueba del mito del artista que debe sufrir y no tratar de eliminar ese sufrimiento para crear obras de arte) y todo lo que ocurre en la actualidad posicionándose políticamente, parece querer darnos un punto de vista único sobre su vida hasta el final: es que si ha contado su vida, es para que no sea solo suya, sino para que conecte con el público e incluso crear un “sentido común” con aquellas personas que han vivido experiencias parecidas a las de ella. Pero en ella se juega con ese concepto de la «historia única» que ya trataba Adichie (2009): como historias en un primer momento graciosas (que confundan a Hannah con un chico) terminen en tintes violentos (que, tras haberla confundido con un chico, reciba una agresión homófoba), y cómo este cambio influía en la reacción del público presente. También ha sido desde el propio sector femenino donde se han creados mitos y tropos que ayudan a analizar y a criticar sus propias comunidades creativas. Una de ellas fue la creación del tropo de la mujer en la nevera (women in refrigerators) por Gail Simone (1994), por el cual se empezó a hacer una lista de superhéroes femeninos en cómics (especialmente estadounidenses) los cuales hubieran sufrido una pérdida de poderes o diferentes tragedias (torturadas, asesinadas…). Esto surgió, en palabras de la propia Gail Simone, «cuando me di cuenta de que de hecho era más difícil hacer una lista con las superheroínas a las que no hubieran hecho trizas de alguna manera, sentía que me encontraba cerca de algo… bueno, tétrico» (Simone, 1994); a esta definición se le añadió que estas muertes fueran utilizadas como manera de avanzar otros marcos narrativos, reduciendo personajes femeninos a meras herramientas o sufrimientos de terceros personajes.

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Esto da un punto a favor a Behind Every Great One frente a todos los cómics que utilizan el sufrimiento femenino como una piedra más en el camino de un personaje masculino: no nos quedamos para ver si es cierto que entrar en el estudio antes de terminar el cuadro rompe la racha de éxitos de su pareja en el mundo del arte; solo nos ahogamos con Victorine en su angustia, en su montaña de hartazgo, en su soledad. Estoy muy segura, demasiado segura, ya no como socióloga formalizando una hipótesis si nocomo mujer, de que su historia no es única.

 

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Bibliografía revisada

Adichie, Ch.(2009) El peligro de una sola historia. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=4gH5oB1CMYM [Consulta: 28 de diciembre de 2018]

Butler, J. (1988). «Performative Acts and Gender Constitution: An Essay in Phenomenology and Feminist Theory«, Theatre Journal 40(4): 519-531

Deconstructeam (2018): Behind Every Great One by Deconstructeam Disponible en: https://deconstructeam.itch.io/behind-every-great-one [Consulta: 20 de diciembre de 2018]

Gadsby, H. (2018) Nanette, Disponible en https://www.netflix.com/title/80233611 [Consulta: 23 de diciembre de 2018]

Goffman, E. (1991), «La ritualización de la feminidad», en Y. WInkin, Los momentos y sus hombres. Barcelona: Paidós (pp. 135-168)

Haraway, D. (1999), «Las promesas de los monstruos: una política regeneradora para Otros inapropiados/bles», Política y Sociedad, n. 30 (pp. 121-163)

Simone, G. (1999). Women in Refrigerators. Disponible en: http://www.lby3.com/wir/ [Consulta: 28 de diciembre de 2018]

Tannen, D. (1991). Tú no me entiendes. ¿Por qué es tan difícil el diálogo hombre-mujer? Buenos Aires: Jaiver Vergara Editor.

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"No estoy muerta, estoy en alguna mazmorra de parranda. O escribiendo, que quién sabe con estos tiempos". Me puedes encontrar como @anus_kele en Twitter.

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