The Last of Us Parte II – Análisis social y psicológico tras la venganza

The Last of Us Parte II – Análisis social y psicológico tras la venganza

Ya ha pasado más de un mes desde el lanzamiento de The last of Us Parte II (Naughty Dog, 2020) y no diríamos nada nuevo si abrimos este artículo poniendo sobre la mesa toda la controversia que ha habido en torno al juego: Joel, Abby, la (necesaria) visibilidad de algunos colectivos, el papel de la mujer como protagonista dentro de los videojuegos de acción… Controversia que ni entiendo ni comparto y que zanjaría con un simple: Todo bien respecto a Abby, todo bien respecto a Ellie, las mujeres, las orientaciones sexuales, identidades de género y religiones. Pero, por desgracia, todavía queda mucho que conseguir y pelear en esos campos.

Y hoy, aunque me encantaría, no vengo a hablar de esos temas sino de lo que hay detrás de esta historia de venganza y tragedia. A partir de aquí encontraréis SPOILERS, de modo que si no habéis terminado el juego será mejor que leáis esto más adelante. Vengo a hablar del contexto social y los aspectos psicológicos que mueven a las protagonistas a través de la espiral de muerte en la que terminan viéndose atrapadas. ¿Es algo que nos pasaría a todos? ¿Es fruto de las circunstancias? ¿Son características de predisposición con las que nacemos?

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Imagen extraída de PlayStation España

Empecemos hablando del contexto, por aquello del «yo soy yo y mis circunstancias». Y es que en resumidas cuentas, a pesar de seguir siendo nosotros mismos, no nos desarrollaríamos igual en una capital del mundo que en un poblado perdido en mitad del Amazonas. Ni siquiera lo haríamos igual en esa misma capital del mundo si además acotamos más el contexto al barrio o al nivel económico, por ejemplo. The Last of Us a lo largo de sus dos juegos nos plantea un futuro distópico en el que peligra la raza humana y con ella todo el sistema establecido, hecho que se consolida en The Last of Us Parte II. ¿Alguna vez nos hemos preguntado qué sería de nosotros una vez que la organización social y económica que nos sostiene desapareciera por completo? Esto es algo que ya hemos visto también en otros juegos postapocalípticos como Horizon Zero Dawn: el ser humano tiende a adaptarse y a reorganizarse.

Me parece interesante reflexionar sobre el tipo de sociedades que nos proponen estos videojuegos distópicos porque realmente nos hacen pensar si el sistema capitalista en el que nos basamos ahora es tan necesario o efectivo. ¿Cómo cambiaría nuestro día a día? ¿De qué forma resurgiríamos? ¿Terminaríamos llegando al mismo sistema económico que dejamos atrás? ¿Sacaríamos algún beneficio al librarnos de ciertas estructuras o materialismos? Aquí podríamos hablar también del resurgimiento de la religión como motor de la voluntad humana, pero eso sin duda daría para un artículo aparte. Cuando en los primeros minutos de The Last of Us Parte II nos damos una vuelta por Jackson podemos comprobar, a pequeña escala, qué ha supuesto la caída del orden mundial:

  • Reducción de la sociedad a pequeños núcleos de población. Esto tiene un origen de supervivencia por dos vertientes: por un lado, ya no existe un sistema económico o de comercio que favorezca las concentraciones en las ciudades; no hay fábricas, no hay Starbucks, Zara ni la carnicería de la esquina. La ciudad ya no proporciona los medios básicos para subsistir. Y, por otro lado, el pequeño detalle de que un infectado pueda colarse en tu casa para convertirte en su medio personal de subsistencia.
  • Inutilidad del dinero como método de cambio al no haber un sistema capitalista que lo sustente. Esto podemos comprobarlo en la escena donde Ellie y Dina entran en un banco y aluden al hecho de que en otro momento hubieran sido ricas, dando a entender que actualmente todos esos papeles con las caras de presidentes no tienen ningún valor.
  • Vuelta a la vida sostenible y los sectores primarios. Donde los sectores agrarios y agrícolas (entre otros) vuelven a retomar importancia dado que cultivar y proveerte con tus propias manos, al no poder hacerlo de ningún supermercado abierto, vuelve a ser la única opción. Aunque no se explicita en el juego, da a entender que los trueques, intercambios y favores se reestablecen como forma de pago y ayuda comunitaria.
Jackson

Imagen extraída de Twitter

Toda esta reestructuración, aunque quizá incómoda al principio, no sería motivo suficiente para llevar a alguien a querer disparar a la cabeza de todo aquel que no forme parte de su entorno conocido. Teniendo en cuenta además que muchas de las personas de esta sociedad distópica ya han nacido en el nuevo orden y es todo lo que conocen. Aquí el punto que más interesaría sería el de la caída de organismos de regulación como la justicia o el orden público. En este nuevo mundo donde la fuerza militar ha perdido su poder y autoridad y el creciente volumen de infectados promueve un «sálvese quien pueda», la regla que por norma general ha ganado peso como forma de ajusticiamiento es la base de muchos «americanos de bien»: si te acercas más a mi propiedad, te pego un tiro.

La violencia como método de supervivencia es la única forma que esta sociedad incipiente encuentra para garantizarse un día más viendo salir el sol. Y ya no sólo contra tambaleantes o chasqueadores, sino también contra todo hijo de vecino que pueda ser una amenaza contra mí, mis pertenencias o la gente que quiero. Y esto sí es algo con lo que las nuevas generaciones se han criado tanto en Jackson como en los demás asentamientos del país.

Violencia

Imagen extraída de Super Hero Brasil

Ese sería el contexto social en el que Abby y Ellie han crecido, han aprendido y que han interiorizado como forma de vivir el día a día: matar ya no es algo que esté socialmente condenado o mal visto. Aquí diferirían las circunstancias del yo, que estás tranquilamente en tu casa leyendo esto o del yo de Ellie, que cuando sale de Jackson no sabe si volverá viva esa noche a casa. Mientras que tú y yo hemos crecido con la premisa de que la violencia no es la respuesta y tenemos detrás un sistema de justicia que media por nosotros en casos criminales, la sociedad de The Last of Us Parte II se ha convertido en juez y verdugo de sus propias circunstancias vitales. Y este sería el trasfondo social en el que se entiende una historia llena de venganza y asesinatos a sangre fría: está «bien» porque tomarse la justicia por su cuenta es la única justicia que conocen y la que favorece la supervivencia.

Una vez entendemos la motivación social que respaldaría la sanguinaria venganza de Ellie y Abby podemos pasar a explorar sus motivaciones o aspectos psicológicos personales. Para hablar de Ellie primero me gustaría contextualizar su vínculo con Joel ya que va a tener un papel importante en el desarrollo de su comportamiento. Hay que destacar la compleja relación que a Joel se le plantea con respecto a Ellie pues no sólo tiene que lidiar con los problemas típicos de una adolescente que está conociéndose a sí misma, sino que tiene que lidiar con los problemas de una adolescente que ni siquiera es su hija y con la que hay límites no explícitos que no puede saltarse así como así al no ser su padre o ni siquiera un familiar o amigo íntimo. Esto hace que en las primeras escenas del juego y también en algunos flashbacks seamos testigos de la dificultad que Joel tiene para acercarse emocionalmente a Ellie, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo hablarle? ¿Hasta dónde llegar con ella emocionalmente? Un ejemplo lo vemos claramente en la cinemática del baile, donde Joel sale a dar la cara por Ellie y esta le deja bien claro que no tiene por qué hacer esas cosas. Y, sin duda, este dilema es uno de los obstáculos que dificultan la comunicación para uno de los asuntos fundamentales de su conflicto: «Cómo le explico la decisión que tomé si no tenía ninguna autoridad para decidir por ella».

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Imagen extraída de GameCored

Estas pequeñas cosas van levantando un muro entre ambos al que Ellie no sabe cómo enfrentarse y que termina haciendo que se aleje emocionalmente de Joel por no saber gestionar aspectos como el perdón o el vínculo difuso que les une a ambos. Esta será una de las motivaciones que subyazcan al instinto de venganza de Ellie: «Me habéis arrebatado a una persona con la que tenía un tema sin resolver y ahora nunca podré zanjarlo». Las personas que pierden seres queridos con los que tenían temas sin resolver suelen vivir un proceso de duelo más complicado ya que pasan a tener que resolver esas situaciones con ellos mismos, sin poder contar con esa conversación que ya nunca tendrá lugar. Hay quienes necesitan terapia, otros recurren a rituales de despedida, cartas, incluso los hay que prefieren probar suerte con algún espiritista de dudosa credibilidad. Ellie, en su caso, cree que lo que le aportará paz para poder cerrar ese capítulo con Joel es ajusticiar a quienes le han impedido ese acercamiento con él.

De otra parte, tenemos la propia construcción de Ellie como persona. No olvidemos que se encuentra en la transición adolescente-joven adulta donde todos pasamos por un proceso de búsqueda y conocimiento de nosotros mismos en el que nos sentimos perdidos, no sabemos muchas veces qué hacer con nuestro futuro, en qué nos vamos a convertir o cómo somos en realidad. A esto a veces se le suma el descubrimiento y aceptación de la orientación sexual o la identidad de género. Procesos que en sus inicios pueden generar mucha confusión y frustración hasta que nos damos cuenta de que no hay nada de malo en ello. Ellie, además, tiene el peso añadido de no saber muy bien cuál es su lugar en el mundo, en esta nueva sociedad (Jackson) a la que va a parar. Recordemos que su finalidad en The Last of Us era la de servir como cura para la pandemia que está terminando con la raza humana, ella iba a ser la salvadora cuando de repente Joel le arrebata esa misión: «Es inútil, han dicho que no funciona».

Ellie

Imagen extraída de Vandal

¿Quién es Ellie entonces? ¿Una inmune que no le sirve de nada a la humanidad? Y, por si este duelo no fuera suficiente, después tiene que enfrentarse a un nuevo duelo al enterarse de que sí podría haber sido esa salvación, pero otra persona decidió por ella que había que pagar un precio muy alto. Ellie siente que el sentido de su vida ha sido robado y vuelca toda esa frustración en Joel. Pero una vez Joel no está, ¿contra quién la vuelca entonces? Aquí es donde encontramos el segundo pilar de la motivación de Ellie para la venganza: volcarse en encontrar a quienes le quitaron a Joel porque es lo único que le queda. No ha podido ser la cura, no ha podido zanjar temas con Joel ni reparar su relación, la justicia y la venganza en su nombre es ahora todo lo que tiene para sentir que está haciendo algo por alguien, que tiene una misión. Porque al final eso sigue siendo mucho más fácil que sentarse con ella misma a aceptar las cosas como han sucedido y buscar su lugar en el mundo por el simple derecho que todos tenemos de merecerlo sin tener que mostrar nuestra valía.

Es aquí donde podemos encontrar el punto opuesto y aprovechar para hablar de Abby. La motivación intrínseca de Abby es mucho menos compleja y más visceral: simplemente quiere vengar la muerte de su padre. Sin embargo, nos encontramos, bajo mi punto de vista, con el personaje que experimenta una evolución y crecimiento personal mucho mayor. Y es que Abby llega a la conclusión a la que Ellie parece no llegar hasta que lo ha perdido todo: la venganza no va a devolverle a quien ha perdido, al contrario, sólo está haciendo que pierda más gente por el camino. Mientras que durante todo el juego Ellie va «cegada» con su meta y nada (incluso después de tener la oportunidad de empezar una nueva vida con Dina y encontrar así un sentido a su vida) le hace cambiar de idea, Abby por el contrario al conocer a Lev y Yara ve tambalearse su visión del mundo y con ello el lugar que ocupa en él.

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Imagen extraída de Neox

Abby encuentra en su relación con Lev y en la experiencia de Owen una sacudida al sentido que ella pensaba que tenía su vida, que era el de estar bajo el mando de alguien cumpliendo órdenes sin chistar, matando a todo el que se le pusiera delante. Para darse cuenta de que puede haber algo más: puede elegir, puede decidir en qué bando estar y juzgar por ella misma quiénes son «los buenos y los malos». Ya no hace falta que nadie piense por ella, ya no le hace falta seguir inmersa en esa espiral de venganza sin sentido porque ha encontrado algo por lo que le vale más la pena luchar y vivir: buscar a sus antiguos compañeros Luciérnagas y construir su vínculo y su relación con Lev. Abby se cuestiona y eso es lo que le hace desarrollarse como personaje, ya que finalmente encuentra el combustible para seguir adelante en ella misma y sus motivaciones, no en la venganza como medio para encontrar paz. Esta evolución se ve plasmada en la cruel pelea final donde por un lado tenemos a una Ellie que sigue pensando desesperadamente que terminar con Abby es lo que le ayudará a avanzar y, por otro, una Abby destrozada, cansada y a la que lo único que le preocupa es poner a salvo a Lev y continuar tranquilamente con sus vidas.

The Last of Us Parte II es mucho más que un videojuego de supervivencia, de tiros o infectados que nos esperan en cualquier rincón oscuro. Es una historia construida magistralmente alrededor del sentido de la existencia en un mundo roto, la ética y moral, las emociones humanas y el contexto en el que se desarrollan. Y a pesar de que eso no quite que sea un juego altamente recomendable desde su apartado técnico y visual, sería una verdadera lástima quedarnos en la superficie y no aprender de todo lo que hay debajo de la piel de cada personaje.

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2 comentarios
Juan Benito
Juan Benito 09/08/2020 a las 3:39 pm

Realmente una crítica y reseña del juego muy muy bien elaborada. ¡Enhorabuena Tarahassee!

Gemma
Gemma 09/08/2020 a las 5:16 pm

!Hola!
La verdad es que no soy muy fan de los shooters… Pero me encanta conocer los trasfondos. Además, me parece que lo has explicado muy bien y se nota que te ha gustado el juego.

Un besito 🙂

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