Una de las sensaciones más satisfactorias que se puede tener como fan de los videojuegos es la de dejar el mando justo después de terminar un buen título y durante unos minutos —que pueden ser horas— intentar asimilar lo que acabas de experimentar. Se terminan las batallas mastodónticas y el hecho de aprender mecánicas para poder superarlas, ya no tienes que subir habilidades ni craftear para mejorar un arma o crear una poción curativa y dejas de pensar en el mundo en el que has estado sumergida durante decenas de horas. Es algo parecido a cerrar la tapa de un libro maravilloso o al encendido de luces en el cine después de ver una película que te ha gustado especialmente… solo que en esta ocasión no has sido un mero espectador de la historia. Has vivido en ella.

Horizon Zero Dawn es uno de esos juegos que te provoca esa sensación de inmersión total que hace que disfrutes cada momento del juego con un entusiasmo que no recordaba desde hace años. Se trata de un action RPG al estilo de juegos recientes como “The Witcher 3”. En esta ocasión controlamos a Aloy, que es expulsada de su tribu nada más nacer por razones desconocidas, viviendo fuera del poblado como una paria y entrenándose durante toda su vida para participar en un desafío llamado “La Prueba”; en caso de ganarla se le permitirá hacer las preguntas que quiera a las matriarcas que rigen su sociedad e intentar averiguar su origen. Siendo pequeña y en unas ruinas del mundo antiguo, descubre un extraño dispositivo llamado “foco”, que se coloca de forma automática en la oreja y que permite cuando se activa visualizar datos y estadísticas de prácticamente todo lo que le rodea. Podría ser una ligera ventaja de cara a “La Prueba”… así que aprende a manejarlo y a usarlo en su beneficio.

Aunque gran parte de los que leáis esta reseña ya sabréis acerca de ciertas pinceladas de la historia, lo primero que sorprende desde el mismo comienzo es descubrir que el mundo en el que vive Aloy… es nuestro futuro, y que nosotros somos su pasado. Ambientado en un mundo postapocalíptico, lo único que queda de nuestra civilización son ciudades muertas, esqueletos metálicos que antaño fueron edificios  y ahora languidecen rodeados de vegetación en medio de la nada. Sin saber qué provocó la catástrofe, la sociedad en la que crece nuestra protagonista está organizada en tribus que han sido fundadas sobre una colección de leyendas brumosas acerca de “Los Antiguos”. Partiendo de esta base, una de las fortalezas de este juego es ir descubriendo poco a poco junto con Aloy toda la trama. No hay voces en tercera persona que te narren, así que vas enterándote de lo que ocurre en el juego a la vez que nuestra protagonista, lo cual a mi parecer es una virtud, ya que precisamente el enfoque de la historia es el de ir descubriendo poco a poco ciertas revelaciones que cambiarán completamente el devenir de los acontecimientos.

También se agradece mucho que aparte del hilo argumental principal, las misiones secundarias estén desarrolladas y enganchen lo suficiente como para terminarlas sin el tedio que supone muchas veces en algunos títulos la simplicidad absurda de las mismas, con objetivos tan insulsos como ir a recoger un material o matar a un determinado monstruo sin más. Cada secundaria tiene una pequeña historia y realmente motiva desviarse un poco del camino y alargar el juego unas horas más cuando ves que hay un trasfondo detrás de lo que estás haciendo. En total el juego puede ocupar perfectamente las setenta horas —secundarias incluidas— y no se te hará largo para nada.

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El apartado gráfico es de esos que te dejan con la boca abierta a cada detalle del mismo: si hasta el momento muchas personas creíamos que el techo gráfico en Playstation 4 se encontraba en la última entrega de la saga Uncharted, nos damos cuenta de que el equipo de Guerrilla Games ha ido un paso más allá y ha conseguido llevar este concepto al más difícil todavía que supone dar calidad gráfica a un mundo abierto con la carga de datos que ello supone, funcionando de una manera espectacular: no sólo nos encontramos con un mapa del mundo detallado a más no poder, también tenemos entornos cuidados sin perder un ápice de nitidez en la carga de elementos en pantalla (con cambios climáticos y ciclos día/noche incluidos de una forma muy acertada), y lugares realmente vivos: los diferentes poblados o ciudades tienen personalidad propia, así como sus habitantes. Los diálogos recalcan esta cualidad, siendo también uno de los puntos clave de esa inmersión de la que hablábamos al principio del análisis, uniendo la naturalidad y fluidez gráfica a unas líneas llenas de contenido y con la posibilidad de elegir entre varias opciones para darle un tono u otro a las conversaciones.

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Volviendo al aspecto jugable, Horizon Zero Dawn hace énfasis en la acción pero posee también un componente rolero mucho más superfluo pero presente en forma de pequeño y simple “árbol de talentos” para desarrollar las habilidades de nuestra protagonista de forma que se adapten al estilo del jugador. El combate, siempre a caballo entre la acción más directa y el sigilo, destaca en los enfrentamientos con bosses o enemigos grandes, en los cuales tenemos la posibilidad de atacar al bulto intentando hacer el mayor daño posible sin miramientos o, por el contrario, optar por un enfoque más estratégico mediante el cual podemos ir destruyendo partes concretas de los cuerpos de nuestros enemigos, para que así vayan también perdiendo facultades y habilidades de combate a lo largo de la pelea; partes que nuestro propio foco nos indica cuando analizamos a nuestros enemigos. En el aspecto negativo del combate, destaca la pobre IA de los enemigos, especialmente de los humanos. Es algo que no llega a arruinar la experiencia jugable pero que, sin embargo, sí hace echar de menos que dichos enemigos se comportaran de formas algo más lógicas o coherentes en determinadas situaciones.

Por último, y aunque nos encontramos ante uno de los sandbox más impresionantes de los últimos años que da vida a un mundo abierto apabullante sin apenas bajones de FPS, no podemos decir lo mismo de los escasos espacios interiores que aparecen en el juego, y que contrastan muy mucho y de manera negativa con el increíble espacio abierto en el que se desarrolla la mayor parte de la aventura. Dichos interiores se  muestran muy similares entre sí, poco cuidados y nada destacables, tal vez porque Guerrilla destinó el 99% de sus esfuerzos a desarrollar el entorno natural del título, descuidando así unos interiores mucho menos inspirados.

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En conclusión, y aunque Horizon Zero Dawn bebe de muchas fuentes a la hora de construir su propuesta, el juego logra hacerlo con la maestría suficiente como para desarrollar una personalidad realmente propia, cosa a la que también ayuda mucho su destacable protagonista, una mujer fuerte, decidida y con valores que huye del típico y triste estereotipo sexualizado de otros juegos del pasado para conformar un personaje que se gana a pulso la empatía de los jugadores y que es altamente responsable de que el título logre calar de la forma en que lo hace.

Uno de los juegos más importantes, si no el que más, de este 2017 y compra obligada si tienes en tu poder una Playstation 4.

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