Animal Crossing NH: la importancia de la rutina en la salud mental

Animal Crossing NH: la importancia de la rutina en la salud mental

Este año 2020 ha sido atípico en muchos sentidos, y el principal lo hemos vivido todas en nuestras carnes: después de un enero eterno, ¡nos vimos encerradas en casa por una pandemia a escala mundial! En este fatídico momento de la historia que nos ha tocado vivir, está claro que hay una constante en muchas de nosotras que nos ha ayudado a mantener la cordura y hacer esta situación menos desastrosa: los videojuegos.

¿Cómo era vuestra vida antes de vernos confinados de repente? La mía era, lo admito, relativamente anodina: madrugar, trabajo, tareas de casa, un poquito de ocio personal y social, descansar los fines de semana… y poco más. Tengo que decir que la rutina me ayuda a tener un estado mental más o menos saludable, y que por mi tendencia a la ansiedad me viene genial tener unos horarios bastante cerrados y, si me salgo de organización diaria, que la cosa no sea muy loca (hay que cambiar de aires de vez en cuando, claro, pero una ya está mayor para excesos).

Pero bueno, tú has venido a hablar de jueguitos y nos estás contando tu vida, muchacha. Sí, lo sé, pero necesitáis ese contexto para entender mejor qué papel jugó Animal Crossing: New Horizons en mi vida —y en muchas otras— durante el período de cuarentena. Y es que, cuando te rompen por todas partes la rutina establecida y de repente te ves atrapada en casa por obligación y sin posibilidad de llevar a cabo tus tareas del día a día… ¡la salud mental se resiente! Y es aquí donde AC:NH nos dejó en una posición un poquito menos comprometida y nos ayudó, en parte, a presentar al menos un poquito de esa cordura que tanto necesitamos.

El nuevo Animal Crossing se lanzó un 20 de marzo, cuando llevábamos ya unos cuantos días encerrados en casa. Por lo que había podido leer en Internet, el juego había causado una expectación y unas ansias como pocas veces he visto en nuevas entregas de sagas de videojuegos. Todo mi Twitter estaba como loco por volver a ver a Canela y rajar de lo especulador que es el dichoso mapache. Aquí es cuando debo confesar algo: yo no era una gran fan de la saga. Solo había jugado al New Leaf, que me aburrió a los pocos días por parecerme demasiado repetitivo, y al Pocket Camp para Android, que terminé desinstalando por sus tiempos de carga eternos. Os resumo el asunto: lo encargué por el tremendo hype en las redes, lo reconozco. ¡El boca a boca es la mejor de las publicidades!

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Al poco tiempo de que comenzasen a enviarse los juegos, todas estábamos ya muy impacientes por recibirlo. Algunas querían volver a jugar a algo de sus sagas favoritas, y a esas alturas yo solamente quería ya algo nuevo y entretenido con el que rellenar el vacío que me dio la cuarentena. Esos primeros días de encierro fueron los más duros: en mi trabajo trato con cientos de personas a diario, y de repente toda la rutina se fue al traste y pasé a estar encerrada en un piso sin terraza ni balcón, con mi pareja, sin más compañía que él, las redes sociales y los entretenimientos habituales (libros, jueguicos, pelis…). Se me hizo tedioso y deprimente no poder tratar con gente, tener que “anular” a esa parte de mí tan sociable e inquieta. Y entonces, en medio del caos… ¡llegó un paquete con Animal Crossing: New Horizons!

No había visto ningún vídeo sobre el juego, tan solo algunas imágenes y las cosas que puntualmente leía entre mis contactos de Twitter. La cosa prometía. El primer contacto fue emocionante: estaba entrando en un mundo vibrante, colorista, de personajes muy carismáticos y adorables. ¡Todavía no me conocían y los vecinitos ya me querían! Fue, de repente, como sentirse acompañada por un montón de animalitos cuquis —aquellos a los que yo echaba en falta por no poder acudir al trabajo—, en una isla preciosa con un montón de tareas diarias que hacer…

¿Os suena? Sí, ¡era una nueva rutina! En realidad, puedes jugar a Animal Crossing: New Horizons de la manera en que más te guste o más disfrutes: algunas personas viajaban en el tiempo para conseguir personajes o ver cambiar el pueblo en una nueva estación, otras entraron más bien poquito, de forma puntual, para saludar a los vecinos… en definitiva, hay mil maneras de jugar a Animal Crossing, pero sin duda alguna la rutina forma un papel fundamental en la mayor parte de ellas.

Salvando las distancias, de repente en mi sofá aparecía una rutina de lo más parecida a la que yo realizaba a diario. Hay plantas que regar, porque así puedes conseguir nuevas flores híbridas bien bonitas… y las necesitaba para decorar el jardín de mi casita, claro. Hay que recoger materiales de la playa, madera de los árboles: ¡vamos a necesitar nuevos muebles para decorar! Lo de recolectar era más bien una necesidad, porque estas hipotecas que le debo a Nook no se van a pagar solas. Cazar bichejos, pescar en el río, visitar la tienda en busca de muebles nuevos, hablar con los vecinos, comprarte trapitos… son algunas de las tareas rutinarias que nos ofrece AC:NH y que tanto desahogo mental me proporcionaron en las primeras semanas del encierro.

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Esta dinámica se puede repetir ad infinitum y, en realidad, el juego no tiene mucho más que hacer: no hay grandes momentos de acción ni una historia que completar. Es tu pueblo, con tus vecinos, tus rutinas, y ya está. Cada día me levantaba con ganas de ver si ya tenía la flor morada que quería, si podría ir a buscar un vecino nuevo o si el pueblo necesitaba alguna reforma. Todas estas acciones las fui realizando en un mismo orden diario, hasta que me di cuenta de que no necesariamente la primera tarea era menear árboles, ¡aquello no era la vida real, podía lavarme los dientes antes de desayunar o ir a trabajar en bañador! Comencé a realizar las mismas tareas, sí, pero en distinto orden: otra de las cosas que consiguió mantener relativamente estable mi salud mental y me dio la perspectiva de que, en ocasiones, la flexibilidad es muy importante.

El juego tiene un importante componente de coleccionismo, lo que contribuye a crear una rutina de investigar y probar qué pasa si pesco este pez chiquitito o si ese escarabajo ya lo habré donado al museo. Sin embargo, ¡todo el mundo tranquilo!, este coleccionismo no es estresante (como el de sacarse todos los logros de, digamos, Skyrim o cualquier JRPG). De hecho, el juego te obligará a esperar pacientemente —o no tanto si haces el truquito de viajar en el tiempo— a un cambio de mes o estación para obtener esa mariposa gigante que necesitas para completar el ala de insectos en el museo. En cierta manera, Animal Crossing: New Horizons te ayuda a ejercitar la paciencia y a relajar unas rutinas —normalmente autoimpuestas— demasiado duras.

En resumidas cuentas, AC:NH me ha resultado una herramienta —y sí, utilizo el término herramienta absolutamente convencida de que es el más preciso— necesaria para sobrellevar el confinamiento y no poner tanto en riesgo mi salud mental. Está claro que, como producto de ocio, su principal cometido es entretener y divertir. Sin embargo, las que jugamos habitualmente sabemos que los videojuegos pueden llegar a tener aplicaciones muy diversas y, por qué no, tener un efecto positivo en nuestra salud mental. A vosotras, ¿os ayudaron los videojuegos durante el confinamiento? ¿Qué otras aplicaciones potenciales veis en Animal Crossing: New Horizons? ¿Ya habéis pagado todas vuestras hipotecas o planeáis una discreta desaparición del señor Nook? ¡Contadnos vuestras experiencias!

 

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