Ningún anglosajón fue herido durante este gameplay

Análisis de Balconing Simulator 2020

Análisis de Balconing Simulator 2020

Uno de los géneros en la cultura que más admiro, sin lugar a dudas, se trata de la sátira, capaz de explotar hasta un nivel inimaginable los vicios más polémicos de nuestra sociedad. Hace un tiempo, decidí gastarme lo poco que había ahorrado vendiendo cromos de Steam en I Can’t Believe It’s Not Gambling, un simulador que lo único que hace es imitar de manera burlesca todos esos sistemas de cajas de loot al que últimamente tan acostumbrados nos tiene la industria.

A través de estos simuladores, el jugador se pone en una posición completamente absurda en la que tenemos varias opciones: desde disfrutar un juego corto con una sonrisa en la cara y ganar una anécdota para comentar en cualquier reunión, hasta ponernos serios y analizar las conductas existentes en la sociedad que han hecho plantear siquiera estas sátiras como reflejo de lo que en algunos casos es hasta cotidiano.

Este año no podría ser una excepción en este género tan carismático. Ha llegado, tras veranos de escuchar la misma noticia en todos los telediarios diariamente, Balconing Simulator 2020, un simulador completamente satírico que trata de… bueno. Ya os lo podéis imaginar.

Si salto, ¿llegaré a la piscina?

¿Quién no se ha hecho alguna vez esa pregunta? No, de verdad, ¿quién no se la ha hecho? Luego ya intentarlo es otra cosa. Como bien dicen sus propios desarrolladores, quién no ha entrado en el balcón de su habitación del hotel donde veranea y pensado hasta dónde llegaría con un salto. Para todas esas curiosas que se hicieron la pregunta pero nunca lo intentaron: ahora pueden hacerlo con este realista simulador.

La premisa del juego ya la conocemos bien, no es más que una “costumbre” veraniega cuestionable, así que es hora de ver qué nos encontramos al empezar con ello. Como no podría ser de otra forma, nuestra aventura empieza firmando el contrato de check-in con el hotel en el que nos hospedamos. Menos mal que la cuenta no la vamos a pagar.

Pues venga, vamos a intentarlo

Claro que esto es una buena idea

Una vez comenzada la partida, nos encontramos en la soledad de nuestro muy sobrio hotel, delante de un espejo. La mecánica es sencilla: nos movemos del punto de partida hasta donde queramos. ¿A dónde queremos ir? Pues a la piscina, que para eso llevamos el bañador puesto. Un bañador que cada partida que empecemos corresponderá a una bandera distinta, por si alguien se había atrevido a poner una nacionalidad concreta al saltador. Aquí nadie se salva.

Para movernos tan solo hay que utilizar cuatro botones: el botón izquierdo y derecho del ratón y la tecla A y D del teclado. Con el ratón levantamos y bajamos nuestras piernas y con la A/D del teclado las movemos horizontalmente. Un control simpático con el que más de una persona seguro que perderá el equilibrio sin querer.

Según avancemos en esta gran aventura que es dirigirse al balcón de nuestra habitación de hotel, descubriremos un sinfín de posibilidades. Podemos interactuar con los objetos que encontremos a nuestro alrededor, cosa que es recomendable ya que, si queremos ser el borracho saltarín con la puntuación más alta posible para competir con los demás, realizar diversas acciones con el entorno nos proporciona una cantidad determinada de puntos extra.

En cuanto al apartado audiovisual, no hay mucho más que destacar. Una animada canción nos acompañará en nuestra aventura mientras escuchamos cómo nos chocamos con todos los objetos. Artísticamente, sus colores llamativos y sus formas simples no nos van a distraer de nuestro verdadero objetivo.

Resulta que no todo es tirarse por el balcón…

La partida, que ya de por sí y por el propio objetivo del juego es corta, acaba en cuanto te caes y da igual dónde. Desde caer nada más empezar porque no se esperan estos controles hasta tirarse en la cama para descansar un rato tras un duro y largo día de borrachera.

Además de intentar conseguir la puntuación más alta antes de caernos, podemos dedicarnos a completar este juego. Los “Highlights” son los logros que incluye Balconing Simulator 2020, que se guardarán como fotos una vez los desbloqueemos (unas fotos con las que cualquier persona querría fardar ante su abuela o, en su defecto, subirla a su cuenta de Twitter), además de estar titulados de manera diversa. Están escondidos por todas partes, lo que convierte este videojuego en una sátira con un toque de humor absurdo que lo hace completamente impredecible.

A la cama que mañana hay que madrugar

Los videojuegos que pertenecen al género de simuladores siempre han acompañado a los jugadores a lo largo de la historia y, generalmente, con físicas mucho más trabajadas que otros videojuegos convencionales y basados puramente en la realidad que intentan representar. Balconing Simulator 2020 nos vuelve a recordar que no todo en este género es el realismo. En un año en el que Microsoft Flight Simulator se lleva el halago de la crítica de videojuegos, este ejemplo con tanta personalidad remarca la idea de que un simulador también sirve para explorar la moralidad que hay detrás de la estupidez.

Desde luego, Fancy + Punk ha conseguido sorprender de una manera sencilla y con una temática más que escabrosa. Habrá que ver si Coronavirus Quarantine Simulator también está a la altura de lo que promete.

Clave de prensa facilitada por Fancy + Punk. 

 

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