Silencio, se huye

Análisis de El hijo: A Wild West tale

Análisis de El hijo: A Wild West tale

Las que ya tenemos una edad recordamos el eterno trauma que nos trajo la serie Marco: De los Apeninos a los Andes. Basada en un cuento corto de 1886, el anime ochentero nos traía la historia de un niño al que su madre dejaba  al cuidado de unos familiares para ir a buscar fortuna a Argentina. Y, siguiendo la misma línea argumental, Handy Games (distribuidora de títulos como Chicken Police o Through the darkest of times) nos presenta El hijo: A Wild West Tale. Este juego fue premiado en la Gamescom de 2019 como Mejor Indie, y lo tendremos disponible para PS4, PC, Nintendo Switch y Xbox One.

Desarrollado por Honig Studios y Quantum Frog, en este spaghetti western tomaremos el control de un niño de seis años, al que llamaremos Hijo, puesto que no conocemos su nombre real. Hijo vive feliz con su madre en el rancho familiar, hasta que unos bandidos destruyen la propiedad. Ello les obliga a partir y buscar fortuna, con lo que la madre del pequeño tomará la difícil decisión de dejarle a cargo de los frailes de un monasterio hasta encontrar el modo de ganarse la vida. Como es lógico, Hijo la echa de menos, y añora los momentos felices que pasó junto a ella. Decide entonces escaparse en su busca.

No te vayas mamá, no te alejes de mí

Manejaremos tanto al Hijo como a la Madre. Durante todo el juego la mecánica será de sigilo, siendo nuestra función pasar por las diferentes zonas sin que nos detecten, porque no tendremos más opciones que intentar escapar si lo hacen. Para ello tendremos que utilizar diferentes juguetes si estamos manejando al niño, como las piedras, el tirachinas o los soldaditos de juguete, que distraerán a nuestros enemigos y harán que posiblemente alteren sus rutas de patrulla, facilitando que accedamos a determinadas zonas en las que podremos avanzar o escondernos. La Madre, sin embargo, contará solamente con el uso de un tirachinas. Además, será imprescindible que aprendamos a fusionarnos con nuestro entorno. Ya desde el monasterio usaremos las luces y sombras del escenario para ocultarnos, así como tinajas, vagones de mina y todo aquello que sirva para impedir que nos detecten.

Durante todo nuestro gameplay notaremos que, a diferencia de otros muchos juegos de sigilo, la linealidad brilla por su ausencia. Hay más de un camino para lograr nuestro objetivo, que suele ser llegar a un determinado punto sin más complicación. Todo esto, sumado a los objetos utilizables de cada personaje, estimulará la creatividad de la jugadora en más de una ocasión. Los controles no siempre acompañan. En ocasiones se hacen un poco burdos y no están exentos de bugs, lo cual llevará a que tengamos que reiniciar el nivel, con todo lo que ello implica. También la IA nos jugará malas pasadas a veces, reaccionando los personajes hostiles de forma ilógica y haciendo que nos capturen. Sin embargo, con la implementación del primer parche del juego el 22 de diciembre, el manejo ha mejorado notablemente.

Con todo, aunque parece un juego sencillo e incluso infantil, lo que más destaca de El Hijo no es su ambientación en las películas de Sergio Leone o sus mecánicas. El Hijo: A Wild West Tale trata una realidad muchísimo más dura: la explotación infantil. Al principio no es tan evidente, puesto que estamos en el monasterio y es fácil dar por hecho que los niños están ayudado a los frailes en sus quehaceres diarios. Pero conforme vamos avanzando, veremos que esos aparentemente inocentes monjes colaboran sin remilgos con los bandidos y que los niños están encadenados. Ya no solamente barren o friegan los platos, sino que los pequeños están trabajando en las minas, en el cementerio, en el campo. Y los “coleccionables” de este juego se relacionan precisamente con ellos. Pero no liberarlos, como cabría esperar, porque somos el Hijo, que tiene seis años, y no superpoderes. Les ayudará de la manera que mejor sabe, que es divirtiéndoles. Y ese momento de amabilidad, ese juego inocente entre dos niños inmersos en una circunstancia que les supera, es lo que nos parte el corazón. No hay premio. No hay recompensa (fuera del logro). Solamente hacer feliz a alguien que lo está pasando mal.

¿Alguien tiene el truco para que los niños hagan tan poco ruido?

Si tengo que encontrarle fallos, principalmente aqueja de falta de creatividad en banda sonora y controles. La música es un poco repetitiva y consta de una melodía de piano que ciertamente no nos traerá recuerdos de las películas de Bud Spencer. Eso sí, hay que reconocer que minimiza el estrés que pueda suponernos un juego de sigilo, haciéndolo sorprendentemente relajante. Respecto del manejo, hubiera agradecido una diferencia, aunque fuese mínima, entre el niño y su madre. Ella tiene idénticos recursos, aunque no utilice los juguetes, y podría ser interesante que nos marcase una diferencia entre llevar a cada personaje.

El Hijo: A Wild West tale es un indie sencillo, sin pretensiones, pero que llega. Sin decir ni una sola palabra comprenderemos la angustia tanto del protagonista como de su madre, que solamente quieren vivir tranquilos y felices. Y todo ello intentarán conseguirlo de forma pacifista, sin dañar a nadie, pero también ayudar a los más desfavorecidos que encontrarán en su particular periplo. Es una aventura que sin duda se nos hará corta pero gratificante, y aunque tenga sus fallos es un juego para disfrutar.

Clave de prensa proporcionada por Handy Games.

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Alystrin
Alystrin @Alystrin

Un día me dieron un mando y así me ha ido

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