Análisis de Death Stranding 2: On the Beach (PC)
07/05/2026 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Para entender la razón por la que he tardado tanto en publicar este artículo hay que remontarse a 2021. Al texto que dediqué a encontrar el juego adecuado en el momento oportuno. Y es que sí, es cierto que Death Stranding 2: On the Beach llegó a nuestros ordenadores en pleno aluvión de lanzamientos. También que se trata de un pozo de horas con una historia que invita a sumergirse con calma, como los primeros baños del año en el mar. Y que la vida es eso que pasa mientras tratamos de llegar a todo. Sin embargo, la realidad es que cada vez que abría el juego sentía el peso de lo que me llevó a sumergirme en su predecesor. Esa entidad oscura que acecha a cualquiera que ha vivido ciertos problemas de salud física o mental. La reminiscencia de un dolor que casi podemos volver a sentir.
Podría decirse que no era el momento oportuno y, de todos modos, me dejé llevar por la sensación de que todo es igual, pero mejor. Disfrutando de lo pulida que está la versión de ordenadores, donde podemos deleitarnos con un buen equilibrio entre rendimiento y calidad de imagen. Incluso en aquellos momentos que consumen más recursos. Además, merece la pena conectar un mando DualSense para vivir la experiencia completa. No solo por la respuesta háptica de los gatillos, sino también por los altavoces integrados. Aunque, por supuesto, podemos jugar cómodamente y sin problemas con ratón y teclado. Cada cual decide cómo vivir este viaje. Y que esté en múltiples idiomas, entre ellos el nuestro —tanto en voces como en textos— también pone de su parte en este aspecto.
Death Stranding 2: On the Beach sucede apenas unos meses después de los eventos de su predecesor. Sam Bridges se ha retirado del negocio de la conexión y los repartos con la satisfacción de un trabajo bien hecho. Los antiguos EE. UU. ahora forman las UCA y todo el mundo parece contento con su nuevo funcionamiento político, tecnológico y social. Sin embargo, nuestro protagonista ha decidido alejarse de todo y aislarse con Lou, por lo que pueda pasar. Lo ocurrido en Death Stranding le ha dejado tocado y no quiere saber nada de nadie. De nuevo.

Y esto no sería un problema si no fuera porque las cosas en el exterior avanzan con independencia de sus decisiones. Un nuevo presidente, una nueva empresa de transporte y conexiones, viejos conocidos que cambian de ubicación y nuevos lugares que conectar a las UCA. Por tanto, antes de darse cuenta, Sam Bridges se vuelve a enfundar el traje de repartidor y se lanza de nuevo a los caminos. En primer lugar, en busca del nuevo laboratorio de Deadman. Y, dado que a partir de este punto se vienen curvas al más puro estilo Kojima, dejaré que descubráis a vuestro ritmo lo que ocurre en este juego. A fin de cuentas, lo único que debéis saber es que Death Stranding 2: On the Beach es más de lo mismo, pero mejor.
De hecho, si no recordamos lo que ocurrió en Death Stranding, disponemos de un resumen en el menú de inicio del juego. Aunque recomiendo echarle un vistazo incluso si todavía lo tenéis presente, por la originalidad con la que nos refrescan la memoria. En cualquier caso, dentro del juego tenemos el Corpus con toda la información relevante que podamos necesitar. Y, como no podía ser de otra manera, se irá actualizando conforme avancemos. Aquí nos reencontraremos con conceptos clave como repatriado, Q-Pido o red quiral, entre otros, así como viejos conocidos y nuevas caras y conexiones.
E igual que en Death Stranding, los tutoriales irán apareciendo conforme hagan falta, aunque puede que nuestras manos actúen por pura memoria muscular. Eso sí, puede que al principio echemos en falta algunas cosas del juego anterior. Al menos aquellas comodidades que hacían los viajes más llevaderos, fuera para enfrentarnos a los EVs o por el propio trazado de la ruta. Por suerte, todo se andará —y nunca mejor dicho— y tanto las habilidades como el nivel de portador de Sam irán aumentando con cada entrega. También iremos desbloqueando herramientas y construcciones de lo más útiles conforme vayamos conectando nuevos refugios a la red.
En Death Stranding 2: On the Beach, nos alejaremos de las antiguas UCA, por lo que dejaremos atrás nuestras carreteras y tirolinas. Sin embargo, explorar los parajes de México y Australia a pie nos permitirá disfrutar de los cambios de forma más pausada. De hecho, puede que ésta sea una de las mejores decisiones de diseño del juego, ya que volveremos a sentir lo duro que era moverse en según qué terrenos. O lo necesario que puede ser planificar el viaje, calcular el peso y dejar construcciones para nuestro viaje o el de otras personas.

Además, nos movemos por un mundo vivo, lo que significa que el terreno cambiará de forma natural —con la crecida de un río provocada por las lluvias, por ejemplo—, y conforme pasemos de forma repetida. También notaremos de nuevo ese equilibrio entre la soledad de nuestros viajes y la compañía asíncrona de otras personas. Del mismo modo que volveremos a notar la calidez de un like al haber ayudado a alguien quizás sin saberlo. E iremos viendo lo que ocurre en las UCA a través de los mensajes de las personas a las que hayamos conectado.
A su vez, no tardaremos en descubrir nuevos EVs y personas hostiles, así como nuevas formas de enfrentarnos a ambos tratando de no morir en el intento. O de no liarla mucho en lo que a cráteres se refiere, que ya nos conocemos. Y, por tanto, volveremos a contener la respiración con Sam en las zonas más rebuscadas. A fin de cuentas, no siempre podremos evitar un enfrentamiento o traspasar una zona peligrosa. Y se ve que a Kojima se le quedó una espinita con eso de que Death Stranding no tenía mucho combate. Afortunadamente, no es la base principal del juego y lograremos desenvolvernos con mayor o menor maestría. Y, en cualquier caso, si las cosas nos parecen demasiado fáciles o duras, podemos cambiar el modo de dificultad en cualquier momento. O hacer los ajustes necesarios en los apartados correspondientes.
Death Stranding 2: On the Beach, como su predecesor, pretende que nos sumerjamos y nos dejemos llevar sin prisa ni presión. Nos ofrece una historia que se cuece a fuego lento y nos invita a empatizar, a sentir, a procesar lo vivido junto a Sam. Nos toparemos con personas a las que quizás no recordemos y serán conscientes de ello. Viviremos situaciones y conoceremos historias que apelarán a nuestro lado más humano. Conectaremos, desconfiaremos, nos alegraremos y sentiremos cómo la tristeza nos envuelve. Y seguiremos avanzando a pie o en vehículo cumpliendo con nuestra misión de conectar más refugios a las UCA. Y esto mismo, estos viajes, estas personas, nos despertarán otras emociones, sensaciones, pensamientos.
A fin de cuentas, Death Stranding no deja de ser uno de los pocos videojuegos en los que puede no pasar “nada” durante un buen rato. Y eso despierta una parte de nuestra mente con la que no todo el mundo se siente a gusto. Sobre todo cuando tenemos la (mala) costumbre de distraernos precisamente para evitar eso mismo. Incluso el propio Kojima añade una banda sonora a nuestros pasos, aunque escogida con cuidado, formando parte de la propia experiencia. Y es que no hay nada puesto al azar en Death Stranding. Cada decisión de su diseño está pensada al milímetro para contarnos algo o para guiarnos en determinada dirección. Y es precisamente esto lo que lo hace tan único.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie
Etiquetas: acción, aventura, ciencia ficción, Death Stranding 2, Death Stranding 2: On the Beach, Disparos en tercera persona, emotivos, exploración, Gran banda sonora, Kojima Productions, kojimada, mundo abierto, nixes software, playstation, Posapocalípticos, Realistas, SciFi, sigilo, Simulador de caminar, Tercera persona, un jugador

