Análisis de Paradise Lost

Análisis de Paradise Lost

Los walking simulator nos hacen sentir cosas, como ya hemos mencionado alguna que otra vez por estos lares. Son cortitos, tienen historias concisas y, normalmente, hechos trágicos que puedes vivir en primera persona. Con Paradise Lost (PolyAmorous, 2021), tenemos un poco de eso y… otras cosas que la verdad no habíamos visto nunca antes en un walking simulator

La ambientación es muy desoladora, a falta de una palabra mejor para definir el nivel de tristeza que refleja. Tu personaje, Szymon, es un chiquillo que ni siquiera llega a alcanzar algunas zonas altas y cosas, y además se acaba de quedar solo en el mundo tras el fallecimiento de su madre. Y cuando digo que se queda solo en el mundo, es que se queda solo de verdad. Paradise Lost revisita la Segunda Guerra Mundial, en un Universo Alternativo donde los nazis bombardean con armas nucleares todo su territorio para evitar la victoria de los países Aliados. El resultado es un invierno nuclear («nucelar, Lisa, se dice nu-ce-lar«), y que la gente seleccionada por el Reich viva en búnkeres gigantes protegidos de la radiación. 

Sin meternos mucho en la historia en sí, os podéis imaginar qué se siente cuando caminas por un lugar en el que los nazis campaban a sus anchas. La cantidad de simbología y exaltación al nazismo está tan presente que es incómoda. Y supongo que esa era en parte la intención de los desarrolladores. No es solamente la decoración lo que hace que esa sensación de inquietud esté ahí, sino también las notas y grabaciones que el pobre Szymon se va encontrando en su camino al búnker número 4. Algo que hizo que ese sentimiento de desagrado se acentuase para mí fue que el lugar estaba desierto. En nuestro paso por los búnkeres no encontramos ni una sola persona de forma física, y visitar lo que seguramente fue un lugar espectacular en su momento para el gobierno nazi deja un efecto amargo. Los escenarios que atravesamos con Szymon son enormes, dan esa sensación de grandiosidad y pomposidad de la clase alta de la época, pero al estar tan vacíos y desolados, solo nos queda una sensación más claustrofóbica que otra cosa. Además, al ser Szymon un niño, la sensación de que es un lugar grande aumenta, y a mí me hizo sentir que estaba perdida y sola, muy muy sola. 

El hecho de que no sepamos desde el principio dónde estamos y cuál es nuestro propósito también es un elemento importante en la ambientación de Paradise Lost. Ese “qué pasará” y la intriga de no saber si vamos a llegar o no a nuestro destino hacen que tengamos interés por saber dónde iremos en cada momento. Sin embargo, hubiera sido de agradecer que el protagonista pudiera andar un poco más deprisa en algunos momentos, y que la interacción con algunos objetos no fuera tan tosca. Asimismo, tener un inventario para poder ir recogiendo las notas y cintas que nos encontramos podría haber sido una buena adición al título. A veces pararse a leer o escuchar una cinta interrumpe ese ritmo del jugador, o la búsqueda para continuar a la siguiente zona. Además, hay un par de notas que están sin traducir del inglés al español.

Nota en uno de los niveles sobre las acciones de los nazis

Como mencionábamos anteriormente, la historia de Paradise Lost nos transporta a una ucronía distópica, desarrollada en la Polonia de los años 80, en la que nos encontramos con que la Segunda Guerra Mundial no terminó bien para nadie, y Europa se sumió en un invierno nuclear. Los nazis estaban muertos y eso siempre es algo bueno, pero también había fallecido la mayoría de la gente que habitaba lo que en su día habían sido grandes ciudades. Todo se ha convertido en un páramo casi desierto, con solo unas cuantas personas que todavía se resistían a dar por perdida la humanidad. Uno de ellos es Szymon, nuestro protagonista, un niño polaco que se adentra en un búnker nazi en busca de respuestas. A través de pequeños flashbacks muy bien colocados nos van explicando por qué motivo nos vamos a meter en ese lío, y es que tras la muerte de su madre Szymon está decidido a encontrar al hombre que la acompaña en una fotografía que ella tuvo guardada durante años. Y, de paso, descubrir dónde queda el sitio plasmado en la imagen y por qué estaban allí. Lo que no se espera el niño es encontrarse con que no es el pequeño refugio que imaginaba, sino una obra colosal construida bajo tierra y con más niveles de los que podría haber imaginado.

La trama gira principalmente alrededor de Szymon, pero poco después también lo hace sobre Ewa, una chica que conocemos a través de un altavoz y que nos acompañará durante todo el juego únicamente con su voz (al menos hasta cierto punto de la historia que no os vamos a desvelar). Pasaremos por zonas donde habrá trenes atascados, oficinas, una forja, puentes y caminos, todos repletos de parafernalia con simbología nazi o incluso armamento de todo tipo. Y aquí es donde viene lo más interesante de la historia, y al mismo tiempo lo más desaprovechado: durante todo el recorrido vas recogiendo cartas, notas y grabaciones que te desvelan todo tipo de horrores y por qué no hay un solo alma con vida en ese búnker tan gigantesco. Te explican que, al no haber terminado la guerra en 1945, los nazis todavía tuvieron más tiempo para aumentar sus experimentos relacionados con el superhombre, planear que su supremacismo durase cientos de años e incluso llegar a desarrollar muchísimo sus conocimientos en armamento nuclear (y así se lió la que se lió).

Todo lo que plantea es una cuestión muy interesante desde el punto de vista de la narrativa del juego, que te hace querer explorar mucho más, y te gustaría ver hacia dónde llega esa construcción de ese mundo distópico, pero te deja con la miel en los labios porque solo te da unas miguitas que se quedan escasas. El juego se centra en la relación entre Szymon y Ewa, todo lo demás se queda rascando la superficie. Lo que, por otra parte, nos hace querer encontrarnos en algún momento con la noticia de que están desarrollando Paradise Lost 2 y nos den todas esas respuestas que necesitamos.

Panorámica del primer nivel del búnker

La soledad es posiblemente el sentimiento y elemento más importante de todo el juego, algo que también se ve en la música. La ausencia de ella a lo largo de toda la partida refuerza mucho lo que está viviendo el protagonista, y por ende, también acompaña al jugador durante nuestro recorrido. Solamente oímos nuestras pisadas, la respiración y cuando interactuamos con alguno de los terminales o cintas esparcidos por el escenario. La música aparece en momentos muy concretos del juego, como en los cambios de escena. El hecho de que no exista una banda sonora completa, como en otros juegos, ayuda a que el jugador se centre más en las emociones que le provoca, por ejemplo, caminar totalmente a oscuras, pasar a través de una zona muy estrecha o adentrarse en un lugar completamente desconocido y que podría estar lleno de peligros. 

La recreación de los pasos por distintas zonas y materiales es muy detallada y produce una sensación envolvente, que hace que estés más dentro del juego. La amplitud de algunas zonas también hace resonar nuestros pasos y respiración, reforzando esa idea de soledad, misterio e incluso miedo en algunas ocasiones. Pocas veces nos encontraremos con ruidos fuertes y que causen gran estruendo: aparecen en momentos muy concretos, provocando urgencia y sensación de peligro. 

Si decíamos que la música era escasa, también lo son los diálogos: pocas veces escucharemos hablar al protagonista u otros personajes. Una elección que sigue reflejando esa idea central de estar solo en un sitio totalmente desconocido, pero en el que también se puede notar la duda y el enfado, entre otras sensaciones. Paradise Lost invita a que pasemos tiempo con el protagonista, pero en silencio, intentando asimilar lo que va viendo, conociendo y leyendo. A pesar de haber poco diálogo hablado, tiene muy buen doblaje al inglés, aunque las voces no están disponibles en otros idiomas.

Los desarrolladores, PolyAmorous, nos proporcionaron tres copias del juego para tres plataformas distintas (Xbox One, PC y PS4), así que hemos hecho este análisis entre tres redactoras y hemos incluido cómo ha rendido el juego en cada una de ellas.

La versión de Steam de Paradise Lost ha conseguido algo que ni Cyberpunk consiguió: que se crashease mi ordenador. A pesar de que es un juego que no tiene requisitos imposibles, por algún motivo me crasheaba varias veces, obligándome a reiniciarlo y continuar desde el último guardado automático. Esto ocurría sobre todo a la hora de seleccionar diálogos, pero no era nada catastrófico sin solución. Por lo demás, la experiencia de jugar la versión de Steam ha ido bien, y en algún momento volveré a Paradise Lost para conseguir el otro final. 

En PS4 el juego ha ido bastante bien: las caídas de frames han sido mínimas, aunque alguna vez el juego tardaba demasiado en responder a los controles. Son pequeños detalles que a veces pueden hacer que el jugador pierda un poco la paciencia y que entorpezcan ligeramente la experiencia de juego. La jugabilidad no es mala pero podría estar algo más pulida; aun así el juego es muy disfrutable.

Flashback de la infancia del protagonista

La versión de Xbox One es quizá la que sale peor parada de las tres en cuanto a jugabilidad se refiere. Por suerte, no por los bugs, ya que realmente no llegué a encontrarme con ninguno o era tan mínimo que incluso pasó desapercibido. Lo que hacía que fuese tan difícil de jugar eran las caídas de frames que convertían lo que debería ser una caminata fluida en un vídeo de stop motion bastante regulero, llegando incluso a provocar pequeños mareos por ese movimiento que no conseguía cuadrar lo que veías con lo que te movías. Esto, además de unas cuantas texturas concretas que no conseguían cargar y se quedaban con el mismo aspecto que la estática de un televisor antiguo, hacía muy fácil perder el hilo y la inmersión en la historia a pesar de lo mucho que te estuviese interesando. Son un par de problemas con cierta importancia, pero también es cierto que son fácilmente solucionables y quizá con un pequeño parche se quede en una anécdota de los primeros días.

En resumen, Paradise Lost es un walking simulator muy bueno, con una historia y escenario envolventes que hacen que queramos saber más de Szymon, la historia del búnker y todo lo que le rodea.

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Meren Plath
Meren Plath @serendipia_s

be gay do crime take a nap. presento el pugcast, me flipan las movidas nucleares y los pozos profundos como fallout, skyrim y stardew valley. shitposter profesional. doy mucho la chapa.

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

akusokozan
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Reina de la procastinación. Juego a cosas, escribo de cosas y leo sobre cosas. The Witcher 3 me absorbió el alma y desde entonces no he sido la misma.

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