Meto martillo, saco esquirlas

Análisis de Ship Graveyard Simulator

Análisis de Ship Graveyard Simulator

Cuando nos metemos en el submundo de los videojuegos de simulación de trabajo siempre vamos a encontrar cosas que nos sorprendan. Esto es porque, en un inicio, nos topamos con cosas como simuladores de construcción de casas, de renovación de estaciones de trenes o de conducir camiones por terrenos escarpados, empleos muy reconocibles en nuestro día a día porque la albañilería y los transportes son algo más que común. Y esto ya tiene su parte inesperada, por el simple hecho de conseguir que un trabajo nos parezca lo suficientemente divertido para dedicarle un juego (o muchos). Sin embargo, a veces van más allá y rebuscan fuera de los ciclos de FP, llevándonos a oficios muy interesantes que no suelen rondar nuestras cabezas. Este es el caso de Ship Graveyard Simulator, que nos traslada a la vida diaria de una persona que se dedica a convertir los barcos en chatarra, con todos los pasos intermedios y posteriores que se nos ocurran (o se consideren una parte divertida para un videojuego, claro).

La historia, si se le puede llamar así, es de lo más sencillo del mundo, como suele ser la norma en este tipo de simuladores. Nuestro personaje vive en una pequeña chabola situada en mitad de un cementerio de barcos, donde también hay otras personas en sus propias cabañas. Allí pasan los días, comercian, trabajan y te echan una mano tanto trabajando para ti como ofreciéndote encargos. Todo lo que forma parte de ese escenario central, a pesar de ser tan sencillo, podría dar lugar a un estudio socioeconómico de su equivalente en el mundo real, pero eso lo dejaremos para otro momento porque estamos aquí para hablar de desguazar barcos a martillazos.

Ship Graveyard Simulator oscila entre pretender ser un simulador realista y querer eliminar de la ecuación todas las cosas que pueden parecer demasiado pesadas durante el juego. Esto que, de por sí, no es ni bueno ni malo, le da una tibieza que en más de una ocasión te hará pensar que por qué no se les habrá ocurrido añadir en ese objeto la posibilidad de desenroscar un tornillo, o en ese otro la opción de desenchufar los cables uno a uno. Sin embargo, una vez que comenzamos a desbloquear herramientas extra, diferentes maquinarias e incluso la construcción o reparación de las cabañas, nos damos cuenta de que esa manera de pasar por alto la atención a los detalles pretende ofrecernos un gameplay mucho más amplio que un simple “toma, deshazte de esta plancha de hierro”. Y que, a pesar de que quizá llevemos ya un tiempo trasteando con este tipo de juegos, tal vez no sea tan mala idea hacerle un poco de caso a ese tutorial tan largo que nos presentan al principio.

Protagonista en cubierta rompiendo cosas.

Comenzamos únicamente con las herramientas básicas: un martillo, una sierra y nuestras manos. Nuestra misión es ir recogiendo materiales por la playa, que se reponen al iniciar un nuevo día, y destrozar trozos de barcos ya a medio desmantelar para conseguir más de esas piezas. Esto no es complicado, lo único que debemos hacer es golpear con nuestro martillo hasta que se convierta en Chocapic destroce, aprovechando los puntos débiles marcados con un destello de luz para hacerlo más rápido, o serrando la pieza hasta que no esté unida a otra por ningún lado. Esos materiales nos servirán para vendérselos a un señor muy majo que tiene su, en un principio, minúscula tienda cerca de nuestra cabaña, para así conseguir dinero para comprarle más herramientas a su compañero, otro señor con una tienda a dos pasos del anterior para que no tengamos que dar paseítos extra de arriba para abajo. Allí podremos encontrar cosas como una ganzúa, un soplete, mejores martillos o sierras, o una mopa, dependiendo de lo que vayamos mejorando dicha tienda, y es que todos los aumentos que hay en las chabolas dependen de nuestro dinero y nuestros materiales. Al fin y al cabo, también son para nuestro propio beneficio.

Aunque es muy tentador dedicarnos a vender rollos de cobre y esquirlas de hierro para montarnos en el dólar, lo cierto es que los materiales no sirven única y exclusivamente para eso. Como he mencionado antes, las piezas sirven para mejorar las chabolas, pero también para construir nuevas máquinas que nos permitan reutilizar y mezclar dichos materiales y convertirlos en otros diferentes. Éstos se venderán más caros o se usarán para construcciones aún mejores que nos permitirán además desbloquear cosas nuevas en el árbol de habilidades. Porque, en un principio, sólo tendremos acceso a mejorar el martillo y la sierra, conseguir mejores precios en las tiendas y no mucho más, aunque poco a poco esas subidas de nivel van ampliando nuestros horizontes hasta conseguir una supermopa. Sí, sí, os podéis reír de la supermopa, pero recordad los caros que están el aceite y la gasolina. Claramente es el mejor objeto del juego.

Pantalla de mejora del taller.

Pero… ¿y dónde están los barcos en todo esto? Sí, me he dejado lo más grande para el final. Los barcos son la forma principal de conseguir materiales y dinero, aunque no todo son beneficios, sino que tendremos que considerarlos una inversión. Podremos alquilarlos para destrozar todo lo que podamos en su interior (y llevarnos la mochila llena de materiales), pero en cuanto terminemos se irán a… quién sabe, un cementerio más grande. Y es por esto por lo que, en el fondo, podemos llegar a sentir un poco de decepción con el juego. Porque sí, es muy divertido liarse a martillazos con un montón de objetos, pero se queda la espinita clavada de acabar llegando hasta el esqueleto de la nave. Al principio, comenzaremos con barquitos más pequeños y baratos, y pronto iremos a una mayor escala con navíos que te costará encuadrar en la pantalla, además de los submarinos que añadieron en su DLC. Y, todo esto, gestionado desde la comodidad de nuestra cabaña y nuestro ordenador, que probablemente opine que Windows XP es moderno, y que, sin embargo, cuenta con un Internet suficiente para pedir que nos entreguen nuestro descomunal buque a la puerta de nuestra playa.

Ship Graveyard Simulator es, a ojos generales, un simulador más. Un juego de nicho al que mucha gente le costará decidirse a entrar, tal y como sucede en cualquier otro título del estilo. Pero también es un juego muy entretenido dentro de su género, aportando pequeñas novedades, o conjuntos diferentes de mecánicas de diversos juegos, haciendo que, tanto por gameplay como por tema, consiga destacar lo suficiente como para tenernos horas aporreando barcos y gestionando todo lo que nos rodea. Porque no todo va a ser navegar.

 

Clave de prensa proporcionada por PlayWay.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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