Dale con el látigo

Análisis de Indiana Jones y el Gran Círculo

Análisis de Indiana Jones y el Gran Círculo

Desde hace ya algún tiempo podemos encontrarnos cada vez más con adaptaciones al cine o televisión de los videojuegos más queridos por la gente. Vale, sí, todavía siguen apareciendo cosas como la película de Borderlands, pero en general el nivel ha subido muchísimo porque, por una vez, no quieren utilizar un nombre de una saga para ganar dinero rápido, sino que entienden el material original y le ponen el mismo cariño que a cualquier otro proyecto que de verdad les interesa. Por eso tenemos series como Arcane, Fallout o The Last of Us, la cual defiendo que, en cuanto a narrativa, es incluso mejor que el propio juego por los detalles humanizantes extra que le aporta. Sin embargo, una cuenta que todavía tenemos bastante pendiente actualmente es la de hacer las cosas al contrario. Es decir, pasar una película o una serie al formato de los videojuegos. Quienes hayáis vivido, sobre todo, la época de la sexta generación de consolas, sabréis que llegó un momento en el que se hicieron videojuegos de absolutamente todo lo que pasaba por nuestras pantallas (y, con todo, me refiero hasta a la existencia de ¡Qué pasa, NENG!, porque fue una época muy dura), y que lo único salvable se quedaba en los juegos de El Señor de los Anillos de Game Boy Advance y poco más. Todo porque, como os decía, a nadie le importaba el material original. Quizá es por haber vivido todo esto, pero con el lanzamiento de Indiana Jones y el Gran Círculo tenía cierto pánico a que se limitase a ser un juego relleno al que le pusieron un moñeco con la cara de Harrison Ford como protagonista, con misiones insulsas y mecánicas rotas, a pesar de que conocía bien a MachineGames y no tenía motivos para creerlo. Y para demostrarme que no tenía nada que temer, lo que recibí fue un GOTY del tamaño de una catedral.

Para evitar cualquier tipo de duda sobre dónde debería situarse Indiana Jones y el Gran Círculo, la trama comienza duplicando exactamente la primera escena de Indiana Jones: En busca del arca perdida, haciéndonos un inicio básico de tutorial de controles y demostrándonos la importancia del látigo desde el primer minuto. Con esto no pretenden contarnos que esta es una suerte de línea temporal alternativa, sino todo lo contrario, porque tras esa escena pasamos a lo que de verdad es nuestra historia, lo que sucede tras los hechos que podemos ver en la película. O, si no la habéis visto, nos introducirán al personaje de forma que no tendremos la sensación de que nos falte nada, un movimiento perfecto si tenemos en cuenta que hablamos de una película que tiene ya 43 años. Sí, en serio. 

Nuestro querido Indi se encontrará trabajando en la universidad una noche cualquiera cuando se encontrará con la aparición de un gigante que destrozará parte de las vitrinas en las que están guardados varios objetos históricos, únicamente para robar un gato. Por supuesto, no hablo de una mascota, sino de una pequeña momia gatuna que no parecía tener una especial relevancia en comparación con otros objetos más valiosos. Por eso mismo, Indiana decide que debe descubrir ese misterio y, ya que está, recuperar a su gato. Sus pasos, que inicialmente nos llevan hasta el Vaticano y la plaga de fascistas que están allí asentados, nos acabarán arrastrando a diferentes lugares en un mundo semiabierto, como Egipto o Sukhothai, además de otras pequeñas localizaciones más transicionales y, sobre todo, repletas de nazis. Además de nuestro enemigo principal, Emmerich Voss, un excelente villano, de los que mantienen su posición hasta el último momento, obligándonos a apreciarlo dentro de su villanía. Porque si hay un tema principal en este título es lo malos y completos idiotas que son los fascistas y los nazis, cosa que, por otro lado, ya conocíamos de sobra. Por lo que sea.

Sin entrar en el terreno de los spoilers, toda la trama de Indiana Jones y el Gran Círculo seguirá de forma fiel las pautas que podemos ver que siguen las películas de Indiana Jones, con su parte de aventura, sus investigaciones que aquí se transforman en puzles y sus peligros en cada esquina, además de elementos sobrenaturales que, en esta ocasión, tendrán que ver con un culto ancestral y el Gran Círculo. Y esto es precisamente lo que más valor le da al juego, sin quitarle méritos al aspecto técnico o al jugable, por el simple hecho de que demuestran que no solo son fans del personaje, sino que comprenden perfectamente qué es lo que hace que sean tan buenas películas, y cómo trasladar eso a una historia en la que nos metemos en la propia piel de Indiana, dejando de lado cualquier tipo de identificación propia y simplemente siendo él mismo. 

Veréis que en más de una ocasión menciono que el juego trata de ser una película de Indiana Jones sin dejar de aportar su granito de arena para expandir el universo, porque al fin y al cabo la duración del juego puede dar para ver todas las películas más de una vez (que, además, son la cantidad de veces que deben verse). Esto se nota mucho en los diálogos, ya no solo por ese doblaje que modifica un poco el sonido que tenemos costumbre de escuchar en los videojuegos para hacer que suene más similar al del cine, sino por la propia escritura de los mismos. Quizá ya conocéis mi obsesión con los detalles que humanizan a los videojuegos, y en esta ocasión, además de cosas como el diario con dibujos reguleros de Indi, nos encontraremos con muchísimas conversaciones ajenas de la gente que va por la calle (o el desierto, o la jungla…). Conversaciones de relleno que generalmente se suelen solucionar con frases aleatorias y cortas, pero que en esta ocasión han decidido ampliar al extremo, con lo que podremos escuchar a un par de fascistas hablando sobre su poca higiene corporal, otra conversación sobre su drama de haber dejado embarazada a su mujer y a su suegra a la vez, otra sobre que España está llena de comunistas y… bueno, os podéis imaginar el nivel, porque en todas y cada una veremos que los malos no solo son malos, sino que son las cabezas más vacías de neuronas que vamos a ver en mucho tiempo. Como en la vida misma.

Otra de esas demostraciones de diseño de videojuegos de películas es la implementación de las mecánicas. Ya no solo porque a la hora de jugar se despejan las dudas del por qué de la decisión de combinar primera y tercera persona, que se ayudan mutuamente para encontrar el equilibrio entre inmersión y comodidad, sino porque no está tan orientado a la acción como se podría creer. Cualquiera habría pensado que, recogiendo el testigo de sus hijos videojueguiles, este título sería un Tomb Raider o un Uncharted, y no vamos a negar que tiene un poquito de ellos, pero en general tiene una aproximación muy diferente a cómo debemos plantearnos la partida. Lo principal siempre será la resolución de puzles, algunos más sencillos que otros, seguido de la exploración tanto de mazmorras como de espacios más abiertos en los que siempre puede haber algo oculto. Tendremos que recolectar objetos, colocarlos en su lugar, encontrar gente o agacharnos para entrar en sigilo en cualquier lugar, porque si podemos hacer algo en sigilo, os aseguro que lo intentaremos siempre. Eso no significa que el gunplay esté mal, porque de hecho es muy satisfactorio, pero en realidad no vamos a querer utilizarlo prácticamente nunca. Que sí, que lo primero que hice en cuanto cogí el revólver fue dispararle a un fascista en la cara, pero como todas las acciones tienen sus consecuencias, veremos que el sonido de los disparos alertará a todos los enemigos de la zona. Que son tontos, pero no gilipollas. 

Esto nos llevará a descubrir una de las cosas que más me han maravillado en el juego: la cantidad de armas “de andar por casa” de las que dispondremos, y la enorme multitud de posibilidades que se despliegan ante Indi. Y es que, si no podemos disparar, siempre podremos coger un bate, una escoba, la propia culata del arma, un martillo o incluso un matamoscas. Todo sirve, mientras podamos utilizarlo contra un nazi, incluso sus propias armas, que les arrancaremos de las manos con el látigo. Como veis, la mayor diferencia entre Indiana Jones y el Gran Círculo y Uncharted es el cómo evita esas escenas de tiroteos interminables en las que nunca se acaban las balas (de hecho, tendremos poquísimas), porque Indiana es más arqueólogo que héroe de acción con metralleta, y esto queda todavía más enfatizado con sus movimientos y con cómo nos obligan a ejecutar casi todas las acciones de una forma más manual de lo acostumbrado. Las llaves las tendremos que seleccionar en nuestro inventario, introducirlas y girarlas manualmente, las puertas las podremos abrir poquito a poco por si detrás hay algún enemigo, el látigo tendremos que engancharlo bien tanto para poder balancearnos, y apuntar bien para decidir si queremos dar un latigazo, agarrar a alguien del cuello para inmovilizarlo, o sujetar su pierna y tirar con el joystick para desequilibrarlo. Todo un conjunto de acciones que no solo hacen el juego más entretenido, sino que nos empujan a una inmersión completa. 

Os podría decir mucho sobre el apartado sonoro del juego, porque cuenta con un audio y un doblaje impecables que combinan los idiomas de todas las localizaciones para ayudar a darle realismo al mundo que nos rodea, o cómo utiliza la música de las películas en los mejores momentos para ello. Sin embargo, y sin demérito del otro, quiero centrarme más en el apartado visual. Todo el mundo ha visto en los tráilers que cuenta con unos gráficos de última generación y, de hecho, los requisitos para jugarlo son bastante altos (aunque tengo que decir que está maravillosamente optimizado), por lo que podremos ver desde los roces de la chaqueta de cuero de Indi hasta las costuras de sus pantalones. Y, sin embargo, eso no es lo importante. Se ve bien, pero da igual, porque la clave está en otro lugar. A la hora de configurar cómo vemos la pantalla, tendremos varios filtros, algunos imitando las dimensiones de la pantalla de cine o sus encuadres y, aunque no seleccionemos ninguno, es la pista para darnos cuenta de por qué funciona tan bien la imagen. Y es que el juego no tiene iluminación de videojuego, tiene iluminación de cine. Concretamente, la misma iluminación y gradación de color que escogió Steven Spielberg para las películas, completando así un conjunto de elecciones que acaban convirtiendo Indiana Jones y el Gran Círculo en un elemento imprescindible de la franquicia.

Después de toda esta lista de bondades del juego, y seguramente me estoy olvidando de alguna porque es un título que me ha maravillado, también creo que debo ser honesta con ciertos detalles que me han parecido mejorables. La principal es el nivel de inteligencia casi nulo de la IA de los enemigos. Que sí, que son nazis y son idiotas, y que además encajan con el nivel de inteligencia que gastan en las películas, pero en algunas ocasiones nos damos cuenta de que se les ha ido un poco de las manos, a un nivel en el que en más de una ocasión pude colocarme justo al lado de alguno sin que se diese cuenta de que estaba allí, a tres centímetros de su pie. Por suerte, no estropea la experiencia porque siempre se puede subir un poco el nivel de dificultad, pero no les habría venido mal tener alguna neurona más. Por el contrario, hay algo que sí molesta más a la hora de jugar, y es que de vez en cuando tendremos alguna persona acompañándonos en nuestras aventuras, y en alguna ocasión veremos que tiene tanta prisa para todo que nos intentará resolver los puzles o nos meterá presión para que dejemos de investigar y recoger objetos en los alrededores. Con un poco de suerte, seguirán los pasos de Aloy en algún parche para que se relajen un poquito, porque si no os encontraréis, como yo, gritándole a la pantalla un “¡Que ya voy!”.

Aun así, todavía tengo una queja más, de la que os daréis más cuenta a medida que va avanzando el juego, y que quizá viene porque Nathan Drake me tiene mal acostumbrada. Esto es la imposibilidad de poder revisar el diario pasando las páginas de forma manual, porque en todo momento dependeremos de un menú que clasifica todas las notas a su gusto. Esto puede parecer una queja estética, pero lo cierto es que en más de una ocasión he querido revisar notas para resolver un puzle, o la combinación de una caja fuerte, y resulta dificilísimo porque no se puede encontrar fácilmente esa nota que sabes que tiene que estar en algún lugar. Y, en un título en el que se busca tanto la inmersión, se echa de menos que ese diario esté a nuestra disposición completa. 

Indiana Jones y el Gran Círculo es, como juego, un perfecto candidato al GOTY que cumple con todo lo que se propone. Pero donde más brilla es precisamente en lo bien que entiende las películas de Indiana Jones, y lo mucho que intenta (y consigue) continuar la obra utilizando todos los medios de los que dispone, ya sea de forma narrativa como visual, e incluso con las propias mecánicas que usa. Le han puesto el interés y el cariño suficiente para que ese Indi siga siendo el mismo Indi de nuestra infancia, incluso cuando nos metemos en su propia piel, dejando de lado nuestra propia persona para poder ser él, con sus fallos y sus aciertos. Y es que, de vez en cuando, lo único que quiere una chica es dar un puñetazo a un nazi.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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