Blue Steel
Análisis de Crimson Desert
14/04/2026 | Nix | No hay comentarios
Me gustan mucho los mundos abiertos en los videojuegos. Recorrer zonas amplias, descubrir puzles y, sobre todo, ver algo a lo lejos que atrae mi atención y me hace dejar lo que sea que estuviese haciendo para perder dos horas enlazando misiones secundarias. Todas esas cosas no tienen ningún tipo de relevancia para la historia principal, no dan nada especialmente útil y podemos ignorarlas sin consecuencias, pero aun así nos entretienen por puro accidente. Y, por eso, como os podéis imaginar, mi entrada en Crimson Desert ha sido caracterizada por miles de distracciones, ideas de bombero y, probablemente, el inicio más duro que me he encontrado en mucho tiempo. Pero en cuanto vemos que, si nos subimos a un punto elevado, podemos observar prácticamente todo lo que el juego pretende ofrecernos, se nos olvida ese arranque pesado y agobiante, porque ese mapa tan colosal merece tomárselo con calma.
A pesar de ser conocidos por su extensísima personalización de personajes en Black Desert, en Crimson Desert han decidido que nos pongamos en la piel de Kliff, un miembro de los Melenas Grises que, tras una emboscada nocturna, acaba muriendo y en el fondo del río. Sin embargo, como es nuestro protagonista, unas entidades sobrenaturales lo rescatan para encomendarle la misión de salvar el mundo, cosa que aparentemente le parece bien porque, lo que se dice emociones, no es que tenga en exceso. Y es que Kliff asimila todo lo que le pasa, y lo que le pasará, con la tranquilidad eterna de alguien que sabe que el lunes toca comer tortilla de patata. Es el hombre más imperturbable del mundo y, como mucho, lo vemos poner cara de estar triste cuando algún personaje secundario muere, pero se le pasa rápido porque es muchísimo mejor su mirada de Zoolander.

Como os podéis imaginar, en parte como consecuencia de su protagonista, la trama es muy simple. No es mala, pero tampoco es algo relevante o que queramos seguir sí o sí para saber qué más va a pasar, simplemente de vez en cuando nos van encadenando escenas espectaculares para cumplir con el hecho de poder decir que tiene una historia. Eso sí, para compensarlo también nos añaden dos personajes jugables más a medida que vamos avanzando, que añadirán su propio punto de vista del mundo que vamos recorriendo con cualquiera de ellos. Y aportan cierta variedad, pero en el fondo lo que nos va a seguir manteniendo dentro del juego es, simple y llanamente, la exploración y el combate.
Una de las cosas que más me ha sorprendido de Crimson Desert es que, a pesar de notarse muchísimo que el equipo de desarrollo viene de un MMORPG, el combate es algo que no falla. Y es que más que a los soulslike, el género que suelen tomar como referencia muchos juegos actuales, se parece a los juegos de lucha más antiguos. El ritmo es rápido, Kliff se permite la libertad de poder cambiar de arma libremente en cualquier momento y en tiempo real, y cada movimiento parece, no real, sino realista. Además, cuenta con una mecánica muy interesante que podemos ver en pocos juegos (como en Where Winds Meet), y es que podemos aprender movimientos y ataques simplemente observando lo que hacen los demás. Eso y lo de poder improvisar con el entorno para ampliar nuestras posibilidades en combate hacen que este se vuelva muy divertido, porque no todo va a ser aporrear siempre el mismo botón.

Anteriormente os hablé de que el inicio era duro y, a pesar de lo que podáis haber pensado, esto no es por la dificultad, que de hecho es bastante estándar. El problema es que el juego apenas nos explica nada y, cuando lo hace, es peor. Hay muy pocos tutoriales y, a la vez, muchísimas mecánicas que nos toca ir descubriendo por pura experimentación, porque además tienen que encajar en el número de botones que tiene el mando, y no son tantos como necesitamos. Esto hace que al principio sea un tanto frustrante, que se haga bola, que odiemos cada minuto porque ya ni siquiera sabemos qué hace el botón X, pero llega un momento, gracias sobre todo a la exploración, que empieza a encajar cada cosa. Y en cuanto asentamos las bases, el ir aprendiendo cosas extra se vuelve más fluido. Por eso, como consejo personal, no os metáis en líos con jefes muy pronto, dejad que el juego se asiente en vuestra memoria muscular.
Todavía no estoy muy segura de que una de las cosas que hace Crimson Desert sea buena o mala, y creo que realmente todo depende de la persona que esté a los mandos y, sobre todo, del tiempo que disponga para dedicarle a un único título. Y es que, como os decía antes, peca de haber venido directamente de Black Desert, así que es un juego que quiere ser todo a la vez al mismo tiempo. Nos dan un mundo abierto con exploración, pero también un RPG de acción, y un gestor de recursos y campamentos, de puzles, o incluso sandbox. La lista es enorme y, como suele pasar cuando se quiere abarcar mucho, ninguno de los géneros está suficientemente desarrollado para acabar destacando, quedándose en simple entretenimiento. Que no está mal, pero la ambición les ha jugado una mala pasada.

Todo esto también se puede ver en el diseño, ya no de la misión principal, sino de las misiones secundarias. En algunas nos encontramos historias que nos pueden importar de forma genuina, incluso más que la principal, pero luego nos meten en muchas otras que acaban convirtiéndonos en el recadero de turno: vete ahí, mata a ese, trae cebollas. Y en un mundo tan grande, lo que acabamos haciendo es dejarnos llevar por el brillo que vimos al fondo y dejando esa misión secundaria para cuando pasemos por allí en otro momento. Porque no nos importa.
Crimson Desert no es un mal juego, ni mucho menos, porque puede darnos decenas, e incluso cientos de horas de puro entretenimiento sin que nos importe lo más mínimo que no vaya a ser considerado un GOTY. Es un juego complejo, pero al mismo tiempo sencillo, con un mundo enorme en el que perdernos sin que nadie nos exija nada demasiado importante, donde podamos llevar a cabo nuestras ideas locas como soltar un montón de abejas en una taberna para ver qué pasa. Y es que a veces lo único que queremos es pegar a cosas con la espada y hacer que Kliff nos mire intensamente.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.
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