Acelera un poco más
Análisis de Outbound
08/05/2026 | Nix | No hay comentarios
Tengo que reconocer que me gustan mucho los juegos de conducir, pero de conducir sin un motivo. Los juegos de carreras están bien, sí, pero perderte por diferentes carreteras mientras ves pasar el día, haciendo tus pequeñas tareas sin mayor importancia y dejándote llevar por lo que te pida el cuerpo es algo que siempre consigue que mi atención se centre en ese juego que me lo ofrece. Y, en este caso, Outbound decidió plantearme una fantasía muy específica en la que me da una furgoneta que puedo convertir en mi hogar para salir a recorrer un mundo supercolorido en el que nadie me exige nada. Una promesa de un universo tranquilo, a mi ritmo y que me empuja a explorar cada rincón, y al mismo tiempo una promesa que se ha quedado a medias.
La parte más importante de Outbound es, sin ninguna duda, nuestra furgoneta. Cuando empezamos nuestra partida vemos que, aparte de nuestra pequeña cama y los asientos delanteros, la furgoneta está prácticamente vacía. Tiene sus cuatro ruedas, su motor eléctrico que funciona con cuatro palos y poco más, por lo que partiendo de ahí solo puede ir hacia arriba. Y es que empezaremos llenando el interior, que el pobre da para lo que da, pero pronto conseguiremos desbloquear una plataforma superior en la que podremos ir construyendo las habitaciones que necesitemos, colocar muebles, instalar estaciones de trabajo o simplemente decorar cada esquina de la forma que queramos. Y si bien gran parte de nuestra construcción dependerá de la estética que queramos crear, hay una enorme parte funcional que convertirá nuestro día a día de recolección en objetos más avanzados con los que podremos mejorar nuestra furgoneta, nuestra ropa y mochila, o nuestra forma de conseguir energía. Incluso nos permitirá montar nuestro propio huerto, que dónde va a ir un juego cozy sin su granjita.

Quizá lo que más me gusta de este sistema en el que vamos creando y ampliando nuestra furgoneta poco a poco es ver que todo va avanzando al mismo ritmo que nuestro personaje, sin exigirnos una u otra mejora, porque lo más parecido a un árbol de habilidades que tiene es bastante flexible y vamos desbloqueando cosas a medida que vamos encontrando recursos y aprendiendo recetas. Y es que al principio nuestra furgoneta era un simple cascarón sin personalidad, pero poco a poco se va convirtiendo en algo genuinamente nuestro. Además, a la hora de conducirla podemos ver que todo funciona perfectamente, con unas físicas que ofrecen unas sensaciones realistas al manejar el volante, pero no tan complicadas como las de otros títulos más centrados en la conducción. Eso sí, nos tocará vigilar la carga de la batería, sobre todo a medida que vayamos ampliando nuestra furgoneta, que esto no se mueve con magia, sino con electricidad.
Si bien Outbound no tiene una historia en el sentido tradicional, sí que cuenta con unos objetivos, un diario y un mapa interactivo que nos irán guiando hacia diferentes puntos del mundo, donde sí que nos iremos encontrando pequeñas notas que nos darán cierto contexto sobre lo que sucede a nuestro alrededor. El diseño de cada zona nos irá mostrando una variedad de vegetación y terrenos muy característicos, y tendremos que ir encontrando secretos como figuritas de gnomos o torres de piedras, además de puntos de interés que nos tocará descubrir para conseguir recetas o mejoras. Y es que es un juego que invita a explorar, rodando entre cada punto siguiendo esa sensación de descubrimiento cuando encontramos caminos alternativos (sobre todo en los que no cabe nuestra furgoneta). O invitaría a explorar, si no chocase de frente con una decisión de diseño que encuentro difícil de entender: el ciclo día-noche.

Cuando empezamos a jugar, y si sois como yo y lo primero que hacéis es ver el menú de opciones, os encontraréis con un slider para ajustar el ciclo día-noche. Eso, en teoría, es una idea maravillosa, porque cada persona podría calibrar su día a su ritmo de juego y, sobre todo, a sus preferencias personales. Sin embargo, en la práctica, nos encontramos con que aun poniendo el slider al máximo, el día se hace demasiado corto, de una forma que acaba resultando más que frustrante. Que el día dure poco, en sí, no es un problema grave, pero cuando tienes tantas mecánicas atadas al horario diurno, todo se empieza a solapar. La mayoría de las salidas de exploración requieren desplazamientos largos y recolección de recursos desperdigados por zonas amplias del mapa, y eso es algo que pide tiempo. Nos pide poder salir, explorar, pararnos a revisar ese huequito que acabamos de descubrir, volver a la furgoneta a dejar las cosas y seguir explorando para llegar al punto al que queríamos ir inicialmente. El ciclo de día no da para todo eso, porque antes de que nos hayamos parado a meternos por un pequeño camino que llama nuestra atención ya ha empezado a oscurecerse el cielo.
Cuando cae la noche en Outbound, el personaje deja de poder esprintar de golpe. Te dice que nos hemos cansado demasiado, a pesar de que estuviesemos corriendo cinco segundos antes y viésemos claramente la barra de esprint llena. Podemos seguir haciendo cosas a oscuras, pero con una movilidad recortada y, si nos ha pillado lejos de nuestra furgoneta, también tendremos disponible una herramienta que nos permite correr para regresar. Eso sí, si estamos cerca, porque en cuanto se gasta (y se gasta muy rápido) nos tocará ir con toda la lentitud del mundo, agradeciendo que en este título no hayan decidido meter enemigos ni nadie que nos coma por ir por el campo de noche. Y es que la experiencia nocturna está pensada para que nos quedemos al lado de la furgoneta, porque el juego no nos obliga a irnos a dormir, pero sin esprint y con visibilidad reducida, las opciones de hacer algo útil se reducen tanto que al final iremos siempre corriendo a acostarnos para que salte al día siguiente. Y quizá os parezca una tontería, pero fragmenta completamente el ritmo del juego, porque en vez de tener una libertad de exploración satisfactoria, lo que tenemos son microsesiones que nos cortan cada vez que conseguimos coger el ritmo o descubrimos algo nuevo.

Outbound no es un mal juego, su base es sólida y tiene una premisa que invita a quedarse horas y horas jugando, pero tal y como está actualmente se convierte en una experiencia un tanto tediosa. La conducción de la furgoneta es algo que funciona, la construcción es satisfactoria y el mundo que nos rodea es precioso e invita a perdernos en cada esquina, buscando hasta el último gnomo. Sin embargo, el ciclo día-noche causa una fricción enorme que acaba degradando nuestras ganas de jugar, porque el día debería durar lo suficiente para que podamos terminar lo que empezamos y la noche debería ofrecer un poco más de flexibilidad. Por suerte, eso es algo que todavía están a tiempo de solucionar, y si algo tienen los indies es que suelen escuchar a la comunidad. Al fin y al cabo, son quienes van a crear su propia furgoneta. Y, personalmente, estoy dispuesta a darle una segunda oportunidad en su modo cooperativo si ese cambio llegase a existir.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.
Etiquetas: Acogedores, Agrícolas, Ambientales, Coloridos, conducción, construcción, Construcción de bases, Cooperativos en línea, Estilizados, exploración, Fabricación, mundo abierto, naturaleza, Personalización de personajes, preciosos, primera persona, Relajantes, sandbox, simulación, Supervivencia en mundo abierto

