Un Cloud en el bolso
Análisis de Final Fantasy VII Rebirth – Nintendo Switch 2
23/06/2026 | Nix | No hay comentarios
Tengo una confesión que hacer: nunca me he terminado ningún Final Fantasy. Lo he intentado en un montón de ocasiones, les he dado horas de mi vida, oportunidades en diferentes épocas, he completado discos enteros cuando todavía venían divididos en varios porque no cabía el juego en un solo CD, y en algún momento decidí dejar de intentarlo. No es que no me interesasen las historias, sino que el combate se me hacía tan tedioso que llegaba un momento en el que vencía mi interés por la trama. No era para mí, y no pasa nada por ello. Sin embargo, cuando vi el cambio del combate de Final Fantasy VII Remake, esa curiosidad que siempre he tenido por la saga volvió a aparecer, y Final Fantasy VII Rebirth llegó golpeando mi puerta con cara de consola portátil. Sí, ya, ya sé que es la segunda entrega de la trilogía, pero no me negaréis que engancharse a mitad de la historia no es un buen motivo para ir corriendo a comprarse también la primera parte.
Tengo que reconocer que era un tanto escéptica en cuanto al hecho de conseguir meter un título como Final Fantasy VII Rebirth en una consola tan pequeñita como es la Switch 2. Y es que, antes de su existencia, la idea de que un juego con unas características así funcionase en una portátil de Nintendo sonaba a chiste, pero acabó siendo un milagro en el que de alguna manera consiguieron meter un mundo abierto inmenso, zonas con muchísima densidad de detalle y combates con efectos por todas partes. Cosas que, en su momento, hacían lucirse a la PS5. Es cierto que los recortes existen y son visibles en forma de resoluciones más bajas, pop-in de NPCs, texturas con menos definición o algún efecto simplificado en los bordes de lo que aparece en pantalla, pero el juego sigue manteniendo su esencia porque sabe escoger sus batallas. Mientras estamos jugando cuesta que nos acordemos de que estamos ante un port, porque en lo que más nos estaremos fijando es en que mantiene el ritmo, el combate y la sensación de un mundo enorme. Todo sigue funcionando y a nadie le va a importar que a Cloud le falte un poco de definición en el pelo.

Soy consciente de que, por norma general, nadie viene a un Final Fantasy por el combate, pero si Rebirth fallase en eso, todo lo demás daría un poco igual. Esto no lo digo solo porque haya sido el motivo por el que el juego me había llamado la atención en primer lugar, sino porque esta trilogía ahora puede funcionar de forma más fácil para alguien que viene de fuera, que no lleva un par de décadas acumulando cariño y nostalgia. Ahora, incluso en la versión de Switch 2, el combate es fluido y ágil, no tiene caídas de rendimiento que eviten que sea disfrutable. Y es que la gracia de este sistema de combate renovado es ese equilibrio entre la acción en tiempo real y la gestión táctica de habilidades y magias. Y saber que ese equilibrio no se va a romper por jugar en una consola que nos podemos llevar a la cama era la prueba de fuego de este port.
No os voy a engañar, Final Fantasy VII Rebirth tiene dos caras que, aunque no son completamente opuestas, quizá alguien las quiera tener en cuenta. El rendimiento, en cuanto a estabilidad de frames, es sorprendentemente sólido tanto en modo portátil como en modo sobremesa, pero no os puedo negar que en el modo portátil es donde más se nota la diferencia con el juego original a nivel visual. Las texturas tienen menos nitidez, hay muchísimo más pop-in y nos encontramos con tiempos de carga que, si bien no son largos, están presentes. Quizá por eso no recomendaría jugar el 100% del juego en modo portátil, no porque no se pueda, ya que es completamente factible, sino porque en ciertas ocasiones el juego se merece que tratemos de exprimirlo al máximo. Sea como sea, se puede jugar de cualquier manera sin miedo a caídas de rendimiento o momentos que rompan el ritmo por culpa de alguna carencia, y esa es probablemente la libertad que más se busca a la hora de meterle mano a este port.

Otra de las cosas que me llamaron más la atención de este título es el haber conseguido meter un mundo tan abierto, que invita a perderse, a explorar, y a desviarnos del camino principal, en un lugar tan chiquitito. Bueno, sí, ocupa más de 90GB, y con esa escala la consola debería al menos empezar a sufrir un poquito, pero no es el caso. Nos encontramos con que no hay zonas recortadas ni contenido eliminado para aligerar la carga técnica, sino que simplemente varía un poco la presentación y la cantidad de detalles en pantalla. Y eso, personalmente, me parece que es algo clave a la hora de hacer un port, el querer mantener al máximo la experiencia original, porque podemos prescindir de brillos, sombras o resoluciones, pero no del propio diseño del juego o de la cantidad de cosas que podemos hacer.
Final Fantasy VII Rebirth en su versión para Nintendo Switch 2 es una muy buena opción si lo que queremos es libertad para jugar donde y cuando queramos, y la calidad visual no es nuestra mayor prioridad. Es muy cómodo de jugar, estable en sus dos versiones, y poco tiene que envidiar a la original, porque realmente es muy buen port. Y si os pasa como a mí, que todavía no habíais caído en las garras de Final Fantasy, es el mejor momento para hacerlo, antes de que se lance la última entrega de la trilogía. Además, así podremos presumir de haber podido llevarnos a Sefirot a la cama.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

