Mis primeros pasos en los juegos competitivos fueron, a todos los niveles, demasiado prematuros. Con diez años y gracias a StarCraft: Broodwar ya descubrí que elegir un nombre de usuario que desvele tu género es ponerse un cartel luminoso gigante en la cabeza que dice: liga conmigo. El verdadero problema llegó cuando me dediqué a tiempo completo por primera vez a un MMORPG, donde no podría esconder mi género en un nombre o en un avatar: Guild Wars 2.

Darkor_LF ya nos habló del juego anteriormente, pero me centraré en la parte competitiva de PvP con un resumen. A pesar de ser considerado por una porción de la comunidad como un MMO casual, un sector de la población de PvP hizo de ello toda una competición, de hecho actualmente hay torneos de ESL de varias modalidades. Dentro del PvP de Guild Wars 2, empecé a interesarme por la parte de “mundo abierto”. Frente al PvP tradicional, esto se denomina Mundo contra Mundo. Todos los jugadores pueden elegir en qué servidor jugar, y estos servidores se enfrentan entre ellos en unos mapas llenos de fortalezas, torres y campamentos de suministros, dando lugar a épicas peleas entre ellos por tomarlos y defenderlos. Esto a su vez brinda diversas posibilidades: desde duelos y enfrentamientos en inferioridad numérica hasta batallas de un clan contra otro o incluso el servidor entero.

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Maravillosos servidores con tres horas de cola

Decidí dedicarme a las guerras de clanes, hasta el punto en el que me enfrenté contra los mejores clanes y jugadores europeos. Por eso, he querido ir un poco más allá en este tema: ¿qué pasa cuando nosotras queremos jugar al nivel de los más altos?

No es un camino corto y me encontré con una serie de actitudes machistas que no lo hicieron fácil. Para mi sorpresa, tanto en chicos como en chicas.

Antes de continuar: tuve suerte de dar con personas que sí me acogieron como una más, sin dar por sentado nada antes de tiempo; que me han ayudado a mejorar y no han dudado en señalar todo lo que hago mal… y sobre todo que no me han prejuzgado. Obviamente toda la gente por la que he sufrido este tipo de actitudes ya no forma parte de mi vida.


  1. Tus méritos son siempre cuestionables.

“Vaya, ¡una chica en este equipo! No hay duda alguna: si entró es por sus tetas”. Así te llevas la primera en la frente cuando decides dar el salto de calidad. Nunca se va a pensar que si llegas a jugar a cierto nivel es porque de verdad estás a ese nivel. Primero se tienen que descartar las demás opciones: que tu novio te haya colocado, que te hayas ligado al jefe o algún miembro con influencia y, según mi experiencia, lo más importante, que estés buena.

Sí, amigas. Tus relaciones personales y tu físico marcan dónde puedes jugar y dónde no. Tienes que ser esa parte del grupo por la que los demás puedan babear. Y tú, pobre de ti, vas a estar siempre cuestionando si esa ha sido la razón de tu aceptación o es que eres buena de verdad.

  1. Juegas mal hasta que se demuestre lo contrario.

No pensaba ni siquiera extenderme aquí, pero por si las moscas: sí, esto podría ser así con todos y sin excepción, pero la realidad es otra. No se mide con la misma vara y se hacen afirmaciones categóricas sobre las habilidades de una mujer. Lo sabéis de sobra: no juegas, te dedicas a sacarte fotos con el mando de la Play.

  1. Tu nivel es demasiado alto para ser mujer.

Vale, olvidamos el anterior punto. Lo has demostrado. Ya estás por encima de la habilidad media… ¡Siendo mujer! Parece que encontrarse a estas alturas con una chica con un nivel ya no alto, sino un poco por encima del medio es como ver un OVNI en tu casa del pueblo. Ser bueno es una cualidad que requiere años de esfuerzo, sacrificio y casi imposible para las chicas.

  1. Tu autoridad no es suficiente.

Un día, por unas razones o por otras, te toca dirigir a tu grupo. Ya dudas si los nervios son por tu poca experiencia o por lo que sabes que supone que una chica se ponga al mando.

Y os aseguro que pasa: el silencio y respeto para seguir las órdenes que había, se pierde. Otros chicos algo más experimentados piensan que lo mejor ante esta situación es pisarte y dar las órdenes que te corresponde dar cuando les parezca. Poco importa que esto haga que se cuestione aún más tu autoridad. Es más, se lo tienes que agradecer: ellos lo hacen por ayudarte.

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Este gatito enemigo con un radiocasette sí que impone autoridad.
  1. Te quieren por tu físico.

Ya dije que estar buena es importante para que te acepten en un determinado grupo. Además de esto, estar buena es también la única razón por la que puedes echarte amigos dentro. Una chica está en un grupo o tiene ciertas amistades solamente por el interés sexual que suscita entre los hombres.

  1. Te aprovechas de los chicos.

¡Bingo! Hay excusas para todo. No solo no es cuestionable que te quieran por tu físico: es que tú misma te estás aprovechando de eso hagas lo que hagas. Para alguien de fuera que tú estés ganando una partida o una pelea es sin duda alguna gracias al compañero que va contigo. No puedes jugar con un chico tranquilamente, recuérdalo, si lo haces es porque te estás aprovechando de él y de su habilidad para conseguir una victoria fácil (tu habilidad vuelve a un segundo plano).


¿No parece que todos estos puntos los puedes coger uno por uno y aplicarlos a cualquier ámbito de la vida diaria? ¿No resulta que según vas leyendo, se puede olvidar que esto va del juego que he presentado al principio? ¿Es familiar alguna de estas actitudes? ¿Sonaría más absurdo si el protagonista de los puntos fuese un hombre en lugar de una mujer?

Todo esto, que por desgracia es más común de lo que parece, se intensifica cuando la finalidad de las acciones es, al fin y al cabo, destacar. Ya sea por querer pertenecer a la élite de los jugadores de Guild Wars 2 o por querer ascender en empleo y sueldo en tu vida diaria: por alguna extraña razón habrá ciertos individuos que lo vean como una amenaza. No gusta. Es un terreno que aún es completamente de ellos, aunque cada vez lo sea menos.

Y hay que luchar por cambiarlo. Si alguna vez escuchas a una amiga hablar de sus sueños por convertirse en bailarina profesional, deportista de élite, cantante, científica de prestigio, youtuber, jugadora de League of Legends… en definitiva, ¡lo que sea! Cualquier cosa que requiera esfuerzo y que cuyo objetivo sea sobresalir: tu primer pensamiento no puede ser la duda. Anima a que demuestre su potencial. Ayuda, pero sin pisar su trabajo.

Recuerda, y a ella, que lo importante es lo que se demuestre; es un camino largo, difícil, lleno de baches que nos hacen cuestionar nuestra valía por ser mujeres, en el que nunca, nunca se puede olvidar que lo que importa al final es cómo de bien desempeñas tus funciones.