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En nuestra sociedad, el sexo se presenta como un trofeo que determina nuestro valor como personas

Enhorabuena. Lo hemos logrado. Vivimos en una contradicción tan fascinante como absurda: construir una sociedad reprimida sexualmente y, al mismo tiempo, hipersexualizada. La cultura del sexo como tabú y premio a la vez es la que respiramos día a día. La cultura que nos empuja a mantener nuestra virginidad (marcada por la primera penetración y no por la primera vez que compartes placer con alguien) hasta encontrar al príncipe azul y que, al mismo tiempo, nos apresura a perder dicha virginidad antes de los 18. La que nos hace avergonzarnos de que nos guste follar y que, al mismo tiempo, nos apremia a ser las mejores amantes. La que nos pide que hagamos equilibrios imposibles entre hacernos las difíciles y no ser unas estrechas. La misma que ha pervertido el mensaje de la libertad sexual para vendernos la idea falsa de que cuantos más amantes tengamos, más felices y libres seremos.

Nuestra querida sociedad, la misma que busca a toda costa que no nos queramos, mide nuestro valor como personas según el éxito que tengamos; el éxito profesional, el social y el sexual. No eres nadie si no tienes un empleo que te realice (como si antes no fueras una persona tangible y completa), un círculo de amigos con los que hacer planes divertidos continuamente y una vida sexual activa. El trabajo, los amigos, la pareja y el sexo son premios en la vida. Si ésta fuera un videojuego, se desbloquerían como logros o trofeos tras haber completado una serie de misiones.

Y, en cuanto al sexo en los videojuegos, el tema en el que me centraré hoy, ese es su problema principal. No he encontrado un sólo juego en el que se trate de manera sinceramente natural, como una actividad lúdica más que compartir con alguien a quien desees. El sexo en los videojuegos sigue siendo un premio para el jugador, una medalla que se le da por haber logrado una serie de misiones y que se trata con el morbo propio de una cultura hipersexualizada y, al mismo tiempo, reprimida.

Me encanta el sexo, no sólo como actividad en mi vida personal, sino como temática en una obra de ficción y como recurso a la hora de desarrollar un personaje. Como elemento bien jugado puede ayudar a crear historias interesantes o a explorar una parte de la psique de un personaje que le otorga un relieve mucho más humano. Y, sin embargo, este uso ingenioso escasea en los videojuegos.

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Bioware ha prometido tratar el sexo de manera más atrevida en Mass Effect Andromeda, ¿pero seguirá siendo un premio por escoger las opciones de diálogo correctas y resolver misiones a favor de alguien?

Por lo general, cuando se implementa el sexo dentro de un videojuego se hace como elemento decorativo para presentar (y ridiculizar) a un personaje como una fantasía para el jugador, o como premio para éste en forma escena subida de tono (de animación pobre) tras haber cumplido una serie de misiones, mecánica sacada de los clásicos SIM-date, en los que para conquistar a nuestro objetivo debemos escoger la opción de diálogo que quiere oír, colmarle de regalos o favorecerle en sus misiones. Incluso Bioware, la compañía adorada por su filosofía progresista en cuanto a la diversidad, peca en sus franquicias de ofrecer el sexo como una compensación por haber trabajado tu afinidad con un personaje. Y, por otro lado, la escena de sexo con la que se afianza tu relación con el compañero deseado de turno cae en la mojigatería de cortar la escena poco después de los besos (comprensible, por otro lado, para no ver las ventas afectadas  clasificación por edades más restrictiva). Por otro lado, hay más títulos en los que se aspiran a mostrar el sexo de manera más natural, pero dirigida a un público al que se presupone masculino. Por ejemplo, en Heavy Rain, elogiado por este aspecto, tomamos el control de Ethan. Somos nosotros quienes, tras aceptar el beso de Madison, la desnudamos y acariciamos. ¿Qué tal si en esa escena hubiéramos tomado el control de ella? En Beyond Two Souls podríamos haber tenido esa oportunidad al controlar a Jodie, pero Quantic Dream dejó las escenas sensuales fuera de la interacción del jugador.

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A pesar de que en Heavy Rain controles tanto a Ethan como a Madison, no me pareció nada casual que durante esta escena tomemos el control de él

Esta manera de concebir las relaciones dentro de un juego está tan asumida que somos incapaces de pensar otra manera de plantear el sexo que no sea un premio tras una misión. Y no me importa que me presenten una escena erótica en un videojuego, ni que me muestren a un personaje como un deleite audiovisual, siempre que se haga desde un enfoque maduro (y no por ello menos divertido). No tengo nada en contra de que muestren el lado más sexy de un personaje (ni siquiera femenino) ni que me lo presenten como material para mis fantasías. Soy consciente de que las escenas de sexo en The Witcher 3 buscan la recreación con los bellos cuerpos de las amantes del brujo para deleitar a los ojos masculinos y heteros. Y lo acepto, aunque lo aceptaría mejor si no olvidaran al público androsexual y trataran el cuerpo de Geralt del mismo modo, en lugar de cortar la cámara cuando está a punto de llegar a su trasero (y no, no necesito que se vean rabos, como otras veces he visto sugerir). Me parece interesante que se explore la dimensión sexual de un personaje, que se muestren escenas en las que hace el amor y en las que podamos interactuar. Incluso que esas escenas sean opcionales, para aquellos jugadores a los que les incomoda el contenido erótico. Que trate el lado más intimista del sexo, como Cibele o Gone Home, o el placer sin más pretensión, como La Petite Morte (cuyo único propósito es recrear el placer de estimular un clítoris, sin premios ni competición), o en el que podamos ir a la cama con otros personajes sin tener que entrar en ese juego que nos presenta la seducción como un asalto a una fortaleza a la que debemos conquistar mediante la amabilidad. Ojalá más juegos que planteen el sexo como una actividad divertida que compartir con alguien a quien deseas y/o amas, no como un premio que se te otorga sólo si eres digno para hacerte sentir un campeón. Ojalá más juegos que nos recuerden que el sexo es un baile entre dos (o más) y no una conquista de un territorio prohibido. Follar puede ser tan divertido como el simple hecho de ponerte al mando y evadirte a otro mundo.

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Una imagen icónica en un mundo no acostumbrado a los desnudos masculinos

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