Sería regodearme en párrafos innecesarios explicar a estas alturas cuál es el cuento de Caperucita Roja. El relato popular que ha sido adaptado a lo largo de los siglos por autores por todos conocidos como Perrault y los Hermanos Grimm ha sido inspiración para el arte en diversas expresiones; lo hemos visto replicado en cuentos, obras de teatro, películas, reinventándose y reciclándose año tras año, con variaciones aquí y allá, siempre buscando una nueva forma de contar una historia que, independientemente de la forma en la que sea narrada, siempre parte de la misma premisa: “Caperucita, lleva la cestita a casa de la abuelita, y ni se te ocurra entretenerte cogiendo las flores”.

art-games-the-path-1
Ve a casa de la abuela y mantente en el camino“. Nunca una quest había resultado tan sencilla.

Ese es exactamente el mensaje con el que  The Path nos recibe nada más elegir al personaje que encarnaremos en nuestro camino a casa de la abuela. “Pero Artemis, ¿qué elección de personaje? Creía que íbamos a encarnar a Caperucita”. Y así es, pero en The Path no encarnamos a una, sino a seis Caperucitas;  seis chicas distintas cuyo camino que recorrer, aunque muy similar, encierra secretos diferentes para cada una de ellas.

3407404735_3f3f9d60a5
De izquierda a derecha: Ginger, Rose, Scarlet, Ruby, Robin y Carmen.

A pesar de que en Steam lleve la etiqueta de “terror”, The Path, al igual que entregas como Yume Nikki y Stanley Parable, varía su narrativa en función de cómo la persona decide jugarlo. En nuestras manos está obedecer las palabras que nos indican el camino correcto o, como la niña curiosa del cuento, ignorar el sabio consejo de nuestra madre y, mientras distraídamente recogemos las flores, adentrarnos en el profundo bosque.

Es en el bosque donde, aventurándonos en lo desconocido, aprendemos cómo los elementos que allí se encuentran entrañan un significado diferente para cada una de las protagonistas de nuestra historia. Elementos que, mientras que para algunas son objeto de rechazo o desinterés, para otras ofrecen un espacio de reflexión, de descanso y, por qué no, a veces incluso de juego. Resulta inquietantemente fácil quedarnos prendados de la experiencia de ver cómo, con las cosas más mundanas y corrientes, se nos presenta una faceta de ellas y se van destapando ante nuestros ojos. Y es así como, insidiosa y sutilmente, el bosque nos invita a adentrarnos cada vez más en él.

pathviewer-2012-10-08-21-43-53-07
Scarlet, sólo es un sofá, no hace falta ponerse tan borde

Los controles, como en si no todos, la mayoría de los walking simulator, no van más allá de las ya conocidas teclas de dirección para el movimiento, la tecla de correr y un comando configurable para realizar las acciones que se puede poner en automático si se desea. Es, por lo tanto, un juego accesible para cualquiera que no tenga demasiada experiencia con el medio. Es por esta razón también que pueda que, como ocurre con otros juegos del género, resulte repetitivo y monótono para quien esté buscando una jugabilidad trepidante o con algo más de acción. Es por ello importante recordar la premisa del juego: “Ve a casa de la abuela. Mantente en el camino”. ¿Para qué necesitamos más? De hecho, si fuéramos unas chicas obedientes ni siquiera sería necesario ningún botón de acción.

La música que acompaña al juego acompasa de manera perfecta con nuestras emociones a medida que nos sumergimos en él, aunque escucharlo fuera de la experiencia puede asemejarse más al arquetipo de “música infantil malrollera”. Considero este un punto a favor de The Path en la medida en la que consigue que una sintonía que fuera de él te resultaría desagradable y espeluznante, pase desapercibida y se funda con el entorno mientras forma parte del todo. Puede pecar de repetitiva una vez te acostumbras a ella, y quizás es aquí donde empiezas a acusar más que el juego se presenta de la mano de Tale of Tales, un estudio muy pequeño que, a pesar la buena acogida que tuvo The Path, no cosechó buenas críticas por parte de la audiencia con Sunset, su entrega posterior y cerró inmediatamente después.

Visualmente, a pesar de lo ya mencionado y de que el juego está a punto de cumplir una década desde su lanzamiento, cumple más que decentemente con las expectativas de lo que se esperaría de un juego de su calibre. Sin ser espectacular ni especialmente llamativo, posee una impresionante capacidad de, a través del color y la gestualidad de los personajes, comunicarse con el jugador de una manera que no he llegado a experimentar en otras entregas.

Tal y como ocurría en los cuentos de nuestra infancia, algo tan pequeño y sencillo como The Path nos traslada a un mundo donde poder evadirnos, conocer lugares nuevos con los que  experimentar  y conocer las personas que forman parte de él. Nos invita a explorar, a perdernos en él y, en definitiva, a jugar. Mas, cuidado con meterte en lo más profundo del bosque: puede haber lobos.

Buy Me a Coffee at ko-fi.com