El TEA (no) contado a través de To the Moon

El TEA (no) contado a través de To the Moon

02/04/2018 | Artemis | 2 comentarios

To the Moon es, sin miedo a equivocarme, uno de los juegos que más hondo han llegado al corazón de la comunidad gamer en la última década. Sin pasar por alto a su comunidad de detractores, resulta prácticamente imposible negar el cariño que se le sigue teniendo y la gente a la que aún sigue cautivando 6 años después de su lanzamiento en PC. Uno de los elementos que hacen memorable al juego de Free Bird Games es la relación de Johnny, protagonista de la historia, y su esposa River, la cual perdió la vida años atrás y de cuya existencia solo sabemos a través de los recuerdos de Johnny. La historia de amor de esta pareja quedó marcada en las vidas de miles de personas que jugamos al juego; una historia de apoyo, comprensión y lucha ante la adversidad que nos conmovió y que está catalogada por muchos como una relación ejemplar. Sin embargo, el tiempo y mis experiencias me han hecho replantearme esta imagen que llevaba plasmada en mi imaginario a lo largo de los años. Algo que ha hecho que rejuegue esta aventura y que me ha llevado a reflexionar que, lamentablemente, las cosas no son tan bonitas como las recordaba.

Este artículo contiene spoilers de la parte final del juego. Si no lo has terminado o te interesa jugarlo, te aconsejo detenerte en este punto.

En su momento pensaba en lo positivo que me resultaba encontrar representación del colectivo TEA (Trastorno del Espectro Autista) en el videojuego. En realidad, considero positiva cualquier tipo de representación. La variedad y la diversidad de personajes nos permiten acercarnos a realidades ajenas a las nuestras, nos ayuda a ver la realidad a través de las experiencias de otras personas y, así, poder comprender que hay tantas formas de desenvolverse en el mundo y de sobrevivir en él como personas hay. En el caso del TEA lo veía doblemente positivo, pues la ficción ha tenido el dudoso honor de representar el autismo de forma que tenemos una visión equivocada, opuesta o, como mínimo, insuficiente de lo que implica convivir con este trastorno. Ahora bien, ¿es suficiente que haya un personaje TEA para considerar que estamos representando al colectivo?

Aunque esta información no se nos revela hasta aproximadamente la mitad del juego, River Wyles es una mujer con TEA, un complejo trastorno que afecta a su manera de relacionarse, comunicarse, anticiparse y reaccionar a estímulos no esperados y a la capacidad de interpretar el mundo. La historia de To the Moon nos da algunas pistas acerca de la forma en la que River es diferente con respecto a las personas neurotípicas* con las que se relacionó a lo largo de su vida; sin embargo, no sabemos en qué medida le afectaron los acontecimientos, las personas de las que se rodeó y las dificultades por las que tuvo que pasar hasta su muerte, ni se nos ofrece ver las cosas desde su perspectiva, la cual probablemente nos daría muchísima información y nos ayudaría a comprender de manera plena a River.

Lo que sí que tenemos, sin embargo, es la forma en la que Johnny convivió con el trastorno de su mujer. Algo muy típico cuando se nos presentan personas TEA en la ficción es contar sus vivencias a través de sus personas allegadas, que gracias a la narrativa serán representadas como los mártires de la historia o como pacientes de sus excentricidades. Rara vez nos encontraremos la vida de una persona TEA sino, más bien, de la madre sacrificada que saca a su hijo TEA adelante, del hombre que se hace cargo de su hermano autista, de la familia que tiene que aguantar a ese hijo TEA que tantos disgustos provoca, del grupo de amigos que soporta de manera más o menos paciente a su amigo TEA. El TEA se convierte en algo que sufren los demás, que dificulta sus vidas. El viaje por los recuerdos de Johnny deja entrever que, en su lecho de muerte, se siente un mártir en la historia de su vida. Un mártir que no llegó jamás a comprender a su mujer TEA y por la que tanto sufrió.

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“Padecer” a su mujer TEA durante su vida hace que Johnny se sienta legitimado a hacer algo que sabe que es nocivo para River | Captura del juego

El único momento de To the Moon que permite asomarnos al mundo interior de River ocurre en la recta final del juego, cuando comparte su secreto más íntimo con un Johnny que jamás volvería a ver, que nunca recordaría aquel momento de revelación. Nos encontramos ante una niña solitaria, desconectada de los demás no por voluntad propia, sino porque se siente incapaz de encajar, que nos habla de cómo le gustaría “solo por una vez…tener el mismo nombre que tienen todos”. Sin embargo, consigue hallar en Johnny ese momento de encuentro, de comprensión mutua entre silencios incómodos y frases que a veces parecen no terminar de llegar al otro. Aun con la sensación de no llegar a entenderse del todo mutuamente, Johnny y River son capaces de conectar, de encontrar el conejo en ese inmenso océano de estrellas. En una secuencia que apenas dura poco más de 5 minutos aprendemos más de River, de sus dificultades, de sus fantasías, de las rutinas que la hacen sentirse segura, de su mundo interno, que a lo largo de todo el resto del juego. Y no es porque River no esté presente a lo largo de la historia; de hecho, podemos verla convivir con Johnny en momentos clave de su vida. Interactúan con ella, hablan con ella mientras la observamos desde fuera sin llegar del todo a comprenderla. Cuando lo único que necesitábamos era estar presentes cuando alguien quisiera conectar con ella.

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Ella nunca lo dice claro, pero no puedo evitar pensar que River siente estar más conectada con esos “faros” a años luz de distancia que con la gente que está cerca de ella | Captura del juego

Cuando terminamos To the Moon, nos vamos con lágrimas en los ojos, con una sensación amarga, de que hemos cumplido nuestro trabajo aun cuando somos conscientes de que la vida que Johnny se lleva consigo no se asemeja en absoluto a aquella que deja atrás. Y también nos vamos, igual que él, sin haber podido dar voz a una mujer cuya vida solo conocemos desde fuera, que no se ve representada y a la que, en consecuencia, no comprenderemos.

 

*Neurotípico/a: Término acuñado por el colectivo TEA para referirse a las personas no autistas o no neurodivergentes.

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Artemis
Artemis

Mi profesora de primaria me dijo que nunca sería nada en la vida. Quince años después aquí estoy, graduada en psicología y escribiendo sobre videojuegos en internet. Sigo sin saber si darle o no la razón. En Twitter me convierto en ajolote.

2 comentarios
Reset Reboot
Reset Reboot 02/04/2018 a las 11:09 am

Pues no lo he rejugado, y tenía esa idea de que, oye, mola ver a alguien con TEA, incluso el momento en que una amistad comenta que no se le nota porque ha aprendido a parecer normal; pero tu artículo me ha hecho replantearme que si, que al final, se muestra a Jhonny como mártir… cuando es él el que decide convivir con River, además de haber recibido el aviso de un amigo (otra cosa negativa, pero increíblemente realista) de que no era lo que él realmente quería.

Es verdad, que al final, lo que hacen es reemplazar el tiempo inicial de ambos por otra persona sin TEA… da que pensar.

Pauler
Pauler 03/04/2018 a las 5:25 pm

Me gustó mucho To The Moon porque me produjo sentimientos muy fuertes y me impactó su sensibilidad amarga, pero la verdad es que tienes razón. Huele a otro caso de esos de “a ver qué podemos hacer para meter drama en la vida del prota… ¡ah, ya sé! Que su mujer sea autista”. Parece que solo se piensa en las personas neurodivergentes cuando hace falta un prop que dé dramatismo o construya las historias ajenas, y eso es preocupante cuando menos :/
En fin, me ha gustado mucho tu reflexión, muy necesaria <3

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