Hellblade: Senua’s Sacrifice y la muerte

Hellblade: Senua’s Sacrifice y la muerte

Creo que este artículo es uno de los que más me ha costado escribir desde que formo parte de Todas Gamers y es que, a veces, hablar de un videojuego que de alguna forma toca una parte de ti, ya sea porque te cuesta mostrar o que simplemente no quieres ni hacerlo, es muy difícil de expresar.

En esta ocasión me he animado a dar el paso, ya que siento una especie de espinita clavada desde que jugué a Hellblade: Senua’s Sacrifice y quería escribir algo sobre el tema.

Es cierto que en esta misma web podéis encontrar una completa reseña sobre el videojuego en “Hellblade: Senua’s Sacrifice. Through this darkness you will find him…” y otro artículo bastante extenso, “Hellblade: Senua’s Sacrifice psicosis, amor y mitología”, adentrándose más en la psicosis que padece Senua. En mi caso, quiero acercarme al videojuego desde otro punto de vista, el de la muerte.

Aviso de que este artículo contiene spoilers del videojuego.

La gente que es más cercana a mí sabe que soy bastante reservada, el tipo de persona que le quita peso a las cosas usando el humor, pero que verdaderamente es difícil que se muestre. Capaz de encontrar el lado bueno a la mayoría de las cosas y que enfoca su energía en esa luz al final del túnel, por muy oscuro que este sea. Pero claro, esto no siempre ha sido así; como nos sucede a todos, las experiencias nos hacen crecer, alteran nuestras prioridades, la importancia que le damos a según qué problemas y en definitiva, nos cambian.

En mi caso, como seguro el de tantas otras personas, enfrentarse a la pérdida de un ser querido. Una historia de la que irremediablemente conoces el final, y que sabes que no se puede cambiar. Pero lo que duele, lo que dolió, no es ese final, sino el camino a recorrer hasta ese momento. Eso es lo que te cambia, y ni te das cuenta de que lo ha hecho, hasta que todo termina.

El videojuego de Ninja Theory sabe integrar muy bien este aspecto y nos involucra en un viaje de superación ante la pérdida. Destacando el acto final, en el que Senua es realmente consciente de todo. Pero hasta ese último momento, Hellblade: Senua’s Sacrifice es un largo camino, un duro recorrido en el que Senua descenderá hasta el mismísimo Helheim para recuperar el alma de la persona que quiere, Dillion.

El videojuego nos hace sentir la relación con la muerte de una forma cercana ya desde el inicio. Hablando claro: el juego quiere que te la tomes en serio. Lo habitual en los videojuegos es que “no pase nada por morir”, es decir, tú mueres y la partida se carga automáticamente desde el último guardado y sigues con tu aventura. Pero aquí no, con la oscuridad no se puede negociar, y aproximadamente en la primera media hora de juego descubriremos que la podredumbre, una especie de mancha negra en el brazo de Senua, se irá extendiendo cada vez que esta muera. Si esta podredumbre llega a su cabeza, moriremos para siempre y todo el progreso será borrado, sí, lo que en los videojuegos se conoce con el nombre de permadeath (del inglés permanent death).

Esto consigue despertar en nosotros un miedo, el miedo a perderlo todo, la necesidad de sobrevivir y en definitiva el temor a la muerte.

Actualmente ya es de sobra conocido que este permadeath con el que nos sorprendía a muchos el videojuego es falso. En cambio, los desarrolladores no lo incluyeron como un engaño en sí, sino que todo lo que han incorporado en el videojuego tiene una razón de ser. Al igual que las voces, los escenarios o la música, este recurso pretende acercarnos y hacernos empatizar lo máximo posible con Senua, sentir su dolor como nuestro y… en especial, sus miedos como nuestros.

El videojuego avanza y, a medida que destapamos más y más su historia, casi sin percatarnos, Senua va calando en nosotros. Lo que en un principio nos causaba pavor, como nuestra propia muerte, esa terrible permadeath, se va quedando en un segundo plano para dejar paso a una sensación de superación, de lucha constante, queremos seguir enfrentándonos a distintos miedos pese a tener muy presente esa continua oscuridad, el peligro a nuestra propia muerte a la vuelta de la esquina, y ayudar a Senua a superar eso, queremos ayudarla a recuperar a Dillion por encima de todo.

Como dije anteriormente, todo en Hellblade: Senua’s Sacrifice está cuidado al milímetro, y el videojuego consigue de esa forma llevarte justo al punto que desea en el acto final: la última batalla contra la mismísima Hela. Ese punto que ha logrado a través de una aventura que, acompañada de una banda sonora excepcional, te motiva a seguir luchando, ese punto en el que te encuentras ante el desafío final. ¿Qué punto es ese? El de superación.

Nos encontramos ante oleadas de enemigos que no cesan, pero ya hemos perdido el miedo, sentimos tanto los sentimientos de Senua como nuestros que ni se nos pasa por la cabeza rendirnos. Nuestras prioridades han cambiado totalmente. Recuerdo estar ante el PC y, tras un buen rato con el mando en la mano, pensar “¿Qué pasa? ¿Por qué siguen apareciendo? ¿Qué estoy haciendo mal?”. Y es que todo el videojuego nos ha llevado hasta ese momento, nos ha enseñado a no rendirnos por muchos fantasmas que encontrásemos en el camino. Y en esa última batalla, cuando ya verdaderamente no puedes más y sueltas el mando, es cuando alcanzas tu objetivo. Sí, en esa última batalla lo que el juego quiere es que aceptemos la derrota, pese a habernos acostumbrado precisamente a todo lo contrario.

Y al final, tras todo ese camino, tras esa última batalla, Senua entiende que Dillion no va a volver, acepta su pérdida, es consciente de ese final y ahora sabe que ella tiene que seguir adelante, sin él, pero que eso no es malo, porque como ya dije al principio del artículo, todo ese camino que ha recorrido Senua hasta ese mismo instante de comprensión ya la ha cambiado para siempre.

 

Capturas propias del videojuego. Fuente de la imagen de cabecera.

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Dunkel
Dunkel @dunkel217

Acaricio gatitos durante el día. Horror addict. Diseño y desarrollo de videojuegos.

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