Minas, vecinos, ingeniería, granjas y puñetazos

Análisis de My time at Portia

Análisis de My time at Portia

¿Sueñas con vivir en una casita en el campo, criar animales, craftear ad infinitum y ayudar a tus vecinos?

¿Sueñas con pegar puñetazos a llamas de colores, bajar a la mina y desafiar a diario a enemigos apestados y radioactivos?

¿Sueñas con conquistar a tu amante regalándole muebles, paella o resina?

¡My time at Portia es tu juego!

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Esas pintonas de noob, pescao’ en mano

My time at Portia es una bonita combinación de Stardew Valley, Minecraft, Harvest Moon y algún otro. Esto implica, por supuesto, que en Portia encontraremos farmeo, aventura, crafteo, romance, exploración, lucha e historias. ¡Todo en uno! LuverC ya hizo un resumen de las posibilidades mientras se desarrollaba.

Llevo algo más de 30 horas en Portia (nada comparado con las 200 que le tiré a Stardew, pero va por el mismo camino) y esto es lo que os puedo contar hasta la fecha:

Llegas a Portia. Es un pueblo encantador y cuqui. Tu papá te ha dejado una casa, oh, ah, está un poco viejuca, pero es funcional. Eres la nueva y, por supuesto, la pringada de turno: enseguida te encasquetan la tarea de construir, explorar, pelear y trabajar por y para el pueblo. En Portia siempre, siempre habrá alguien con una tarea que no quiere hacer y, por supuesto, te tocará a ti. La gente de este pueblo tiene muchas necesidades, la verdad es que no sé cómo han sobrevivido hasta que apareciste…

Así que, un primer consejo: Ármate de paciencia.

Portia es un juego con una curva de aprendizaje relativamente compleja y con unos recursos muy limitados al inicio: vas a necesitar unas cuantas horas de farmeo extremo hasta que empieces a tener un taller mínimamente funcional y a producir beneficio (es decir: DINEROS). Hay algunas cosas que no te explican y tendrás que deducirlas, probar con el viejo método de ensayo y error o echar un vistazo en la todopoderosa Portia Wiki. Verás que lleva mucho tiempo y esfuerzo comenzar a craftear armas, herramientas y maquinaria para tu taller, pero una vez empiezas a producir y lo dejas todo en marcha… ¡pan casi comido! Sólo tendrás que esforzarte en conseguir algunos materiales un poquito más escasos y pronto sabrás qué mínimos mantener: unos lingotes de acero, algunos metros de tela, tuberías, dientes (¿dientes?), motores… todo controlado. En este momento te vas a sentir mucho más cómodo con el juego y podrás disfrutar, de verdad, de todo el potencial de My time at Portia.

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Y es que Portia es una ciudad con un entramado social de lo más variopinto: las chicas que llevan el centro de investigación te instan a que explores, a que descubras reliquias: solo así hallarás nuevos componentes y podrás desarrollar todo tu potencial. Por otro lado… bueno, los colgados de turno se materializan con el nombre de Iglesia de la luz, contrarios a toda investigación y progreso tecnológico. A ellos les podrás entregar las piezas que descubras y, a cambio, podrás conseguir material de cultivos. ¿Qué hacer? todo depende de ti, pero deberás buscar un equilibrio entre los bandos para obtener lo que deseas: el mayor beneficio de tu taller. Ojo, porque determinadas decisiones (como el uso de algunas armas que la Iglesia considera «malvadas», je) afectarán a tu reputación con algunos de los aldeanos. ¡Tú verás!

¿Ya lo tienes todo controlado? ¡Permíteme dudarlo! Portia tiene una cosa fantástica que lo diferencia de otros juegos del estilo: es imposible aburrirse. Toda actividad y quest está perfectamente medida y pensada para que, cuando el juego se vuelve ligeramente monótono —y tú empiezas a pensar en salirte del pozo—, surja algo nuevo y te inste a seguir echándole horas. Podrás ir desbloqueando, con mucho tiempo y paciencia y el sudorcito de tu frente, nuevas y divertidas zonas: minas radioactivas, un desierto con flores cuquis, una enorme plantación de árboles para que tu stock de madera sea ilimitado… También habrá, por supuesto, una buena cantidad de nuevos retos y enemigos a los que enfrentarse.

Lo bueno y bonito de todo este avance es que el juego parece no tener fin. Cada día cunde bastante en tiempo de juego, y te permite organizar tu tiempo para poder hacer un poquito de todo: socializar, realizar algún encargo para el gremio de constructores, pescar, vender tu excedente, craftear, explorar en las minas… Uno de los mayores incentivos que he encontrado es el del coleccionismo. Llegado a un punto, se abrirá para ti un precioso museo… completamente vacío. Es tu tarea rellenar todos esos estantes con reliquias (se pueden obtener en las minas), objetos únicos que te darán como recompensa de misiones, máquinas que podrás construir tú mismo… Para los completistas como yo, os será imposible ver tal cantidad de huecos vacíos y no intentar, al menos, rellenar unos poquitos… Como recompensa, cada vez que un lugareño los visite, ¡ganarás puntitos de reputación!

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Y… ¿de qué sirve llevarse bien con los ciudadanos? Pues, además de ir cayéndoles cada vez mejor y poder desbloquear escenas de sus historias y sus vidas, tendrás ciertas ventajas dentro del juego: descuentos en tiendas, menos cantidad de materiales para sus quests… son todo ventajas. Por suerte, además de las misiones particulares que te encarguen, hay algunas que afectarán a tu relación con la mayor parte del vecindario, para así aumentar amistad más rápidamente. Unas de ellas son los preciosos festivales, que te ubican en la estación (muy Stardew Valley, sí), te permiten salir de la rutina un ratito, ¡y te dan recompensas! Podrás irte de pesca, participar en torneos de artes marciales, cultivar rábanos gigantes para ganar el concurso, recoger paquetes que caen del cielo y mucho más. Cada juego tiene su moneda de cambio particular y te permite obtener ítems únicos: ropa, armas, decoración…

El juego también tiene algo genial, y es que de los personajes romanceables no importa que tu personaje sea hombre o mujer: puedes romancearlos a todos.

Y hablando de decoración… claro, toda granja tiene sus ventajas, y eso es tener una hermosa chocita que podrás ir decorando a tu gusto. Unos amables ingenieros del pueblo te ofrecerán mejorarla por una módica (no) cantidad de dinero. Cada mueble o cachivache que añadas te irá dando ventajas en el juego: más resistencia, energía, fuerza… Podrás combinar tu excelente sentido estético con el pragmatismo del granjero aventajado.

Por supuesto, esos ingenieros que os comentaba querrán ganar dineros con vuestras posesiones. Y una de las cositas que podréis hacer, que sé que lo estáis deseando, es tener… ¡granjas y cultivos! ¡Sí! ¡Pollos y patitos a mansalva, vacas enclenques, un caballo (necesitáis un caballo, LO NECESITÁIS), campos y campos de patata, guindilla, maíz y genjibre! ¡Hail Portia!

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No sé si ya os he convencido, pero espero que sí. Podéis conseguir Portia para Steam y Switch, y os garantizo muchas horas de diversión y novedades. Pathea Games (por cierto, no hemos encontrado al equipo que nos ha traducido el juego al castellano) ha conseguido desarrollar un juego con una historia sólida y sumamente larga, que nos sorprenderá con cada día que pasemos trabajando en el pueblo, desbloqueando cada vez nuevos mapas y modos distintos de avanzar y relacionarte. Portia, aunque al principio nos agobie por ser tan amplio y relativamente complejo, es un juego lleno de corazón y de ternura, un universo colorista y delicado donde cada cosa que ocurre, hasta un boss rata gordito, tiene sentido. Dadle una oportunidad a My time at Portia para escapar de la rutina y desarrollar vuestro potencial como albañiles y exploradores. Y es que… ¿quién no querría una casita en el campo?

¡Gracias a nuestros mecenas en Patreon por su apoyo para poder adquirir el bundle donde venía Portia! ¡Prepararé tartaletas de fruta en vuestro honor!

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