Con espada y a lo loco

Análisis de Narita Boy

Análisis de Narita Boy

Cuando decido probar un juego nuevo tengo tendencia a escoger siempre entre ciertos géneros concretos, por una parte porque a estas alturas ya sé lo que me va a gustar o con qué me voy a sentir cómoda jugando, y por otra porque sé que en general otros estilos no me llaman la atención lo suficiente como para que me entren ganas de invertir tiempo en ellos mientras La Pila™ de juegos pendientes me observa desde una esquina. Sin embargo, Narita Boy, el nuevo juego del barcelonés Studio Koba que podéis encontrar en Steam, PS4, Xbox One y Switch, me hizo engancharme a un metroidvania como no me había pasado en mucho tiempo. 

Narita Boy meditando

La trama de Narita Boy nos lleva directamente al interior del mejor videojuego y el más vendido de la historia, toda una oda a los años 80 que The Creator ha concebido para su propia consola, Narita One, por la que es alabado como el genio que es. Esto, al menos, es lo que nos dice el juego, porque en realidad gran parte de la narrativa relacionada con dicho creador nos da la sensación de que en cualquier momento va a aparecer Poochie intentando molar mientras surfea sobre una especie de ola digital. O Kojima haciendo que fuma. Aunque por suerte el argumento no se limita únicamente a eso porque, como todo el mundo sabe, si no hay enemigo no hay alegría, y si no salvamos nada estamos perdiendo el tiempo. En este caso nos toca ayudar al propio The Creator, ya que por algún motivo el código binario se conectó a la realidad y cuando comenzó a corromperse también empezó a afectar a su memoria. El mundo digital empieza a desmoronarse y plagarse de enemigos llamados Stallions y por ello nos convoca Motherboard, una especie de guardián digital, activando el protocolo Narita Boy y mandándonos a la aventura. En ese mundo tendremos que ir avanzando y desbloqueando zonas que nos acaban llevando a través de los recuerdos de The Creator, que van desde su infancia en Japón a su vida adulta como desarrollador de videojuegos. Lo malo es que en más de una ocasión utiliza ciertos tópicos como usar a su propia madre como mujer en la nevera, o a su pareja como la mala mujer que lo abandona y se lleva al niño porque se quiere interponer entre él y su sueño. Tal cual vemos, la historia es un poco regular incluso para estar basada en los años 80, sobre todo la parte del supuesto mundo real del interior de la memoria de The Creator. Sin embargo, todo lo demás me parece tan bien hecho que podemos llegar a pasarla por alto y centrarnos únicamente en las interacciones más básicas, tomándonos el argumento como una aventura sobre salvar al mundo digital.

Narita boy luchando contra Black Rainbow

Narita Boy es, ante todo, un juego en el que vas a morir. Y mucho. En algunos momentos incluso tantas veces seguidas que vas a soltar el mando, cerrar el juego y dejarlo para el día siguiente. Pero aun así no vas a abandonarlo, porque tu cerebro va a estar dándole vueltas una y otra vez a ese boss o esa zona que se te resiste pensando en por qué y cómo seguir avanzando, porque en tu mente no lo has cerrado todavía y tienes que estar pasando algo por alto sin darte cuenta. Quizá pueda parecer que exagero o que no merece la pena acabar con tanto trabajo por un juego, y por este motivo creo que debería añadir que yo soy una persona que tiene muy poca (o nula) tolerancia a la frustración en los videojuegos, pero aun así ahí estaba una y otra vez sin pensármelo dos veces. Esto sin duda es gracias a la forma en la que está planteado el juego, que basa su recorrido en el aprendizaje sin caer en el castigo injusto. En el inicio tu personaje se limita a poco más que saltar y salir corriendo, tu estrategia se basa en tener la habilidad y la agilidad suficiente para librarte de posibles ataques enemigos. Poco después consigues la Techno Sword, una espada amarilla, azul y roja, y empiezas a poder plantarle cara a los bichos que aparecen ante ti, aunque a medida que avanzas van surgiendo otros con diferentes ofensivas, por lo que necesitas encontrar un nuevo poder, salto, esquive o ataque que te obligarán a utilizar si quieres seguir progresando. No hay potenciadores inútiles, solo hay que saber encontrar el momento justo en el que usarlos. Y es que Narita Boy también es un juego que te exige precisión tanto en las zonas de más plataformeo como en los propios jefes, que como te despistes un segundo te mandan de cabeza a la tumba. Aunque hay que reconocer que los numerosos puntos de autoguardado llegan a ser de gran ayuda en esos momentos de muertes absurdas que te hacen que veas mentalmente y a cámara lenta esa última zona que tanto te ha costado superar, dándote una de cal y otra de arena. Sin duda, se mueve en el punto exacto entre diversión, reto y dificultad, sin olvidarse de la fluidez con la que funciona y encaja todo cada vez que pulsas un botón.

Lucha contra El Guante

A pesar de lo mucho que me gusta el gameplay y lo bien que funciona el juego en general, tengo que decir que lo que lleva un mes instalado en mi cabeza y viviendo sin pagar el alquiler es la música. Y no parece que vaya a irse pronto. Nada más abrir el juego te golpean en la cara con su canción principal, un tema synthwave muy ochentero que te vas a encontrar tarareando en cuanto te despistes un poco. Sin embargo, no sólo se queda en el menú del título, porque una vez que entras en la partida ves que el resto de la BSO sigue la misma línea electrónica y, a pesar de ser la música que escuchamos de fondo, lo cierto es que destaca lo suficiente como para poder apreciarla incluso mientras juegas, encajando perfectamente en lo que está sucediendo en cada zona. Esto además se nota mucho en el momento en que se junta con los efectos de sonido que se escuchan al ritmo de las animaciones, dando un conjunto que fluye tan bien que da gustito verlo y experimentarlo. Y es que os he hablado de la música, pero las animaciones no se quedan atrás con el nivel de detalle que tienen. Cada movimiento está pensado al milímetro, contando con esa precisión que el juego necesita y dando una sensación de más rapidez que la que en realidad tienes ante tus ojos. El único problema es que quizá en algún que otro momento puede llegar a molestar la cantidad de flashes que tiene (ojo con la epilepsia, aunque lo avisen bien claro al principio), a pesar de estar colocados en sitios concretos en los que quedan bien y le dan muy buena ambientación a la estética digital ochentera que posee. La combinación de todos los elementos visuales y auditivos consiguen meterte hasta el fondo en el juego y encajan como si de un puzle se tratase, sin que nada te expulse de esa sensación de juego retro pero moderno que tanto te llega a divertir.

Animación de lucha contra un enemigo

En definitiva, si todavía os estáis pensando en si os gustará o no Narita Boy, mi apuesta es que probablemente os vaya a enganchar mucho más de lo que podéis pensar en un principio. Es un juego muy bien hecho que, a pesar de sus puntos flacos con ciertos temas, sabe saltar por encima y compensar sus errores mucho mejor de lo que me había imaginado. El título está tan pulido que nos invita a mejorar en nuestras habilidades sin importarle que en un principio sean casi nulas, porque va avanzando de forma progresiva marcando su ritmo y ayudándote a alcanzarlo por el camino. Y encima va y nos regala ese tremendo cumbión.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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