Viajes en el tiempo, pero spooky

Retroanálisis de Waxworks

Retroanálisis de Waxworks

Waxworks, publicado en 1992, fue desarrollado para los ordenadores de la época por Horror Soft, que bajo este nombre lanzó un total de cuatro títulos, todos con un estilo muy similar: Personal Nightmare, Elvira: Mistress of the Dark, Elvira II: The Jaws of Cerberus, y, por último, el que ahora nos ocupa. Después este estudio se convirtió en Adventure Soft, para desarrollar el clásico Simon the Sorcerer. Waxworks es un juego de exploración de mazmorras con su combate a base de clics, pero en el que tienen también mucho peso los elementos de aventura gráfica, siendo los puzles de inventario los otros protagonistas del gameplay. En la línea de los otros productos del estudio también en cuanto a contenido, se trata de un juego de terror cargado de imágenes sangrientas que se muestran en detalle.

Una versión jugable en sistemas modernos del original para PC (MS-DOS) está a la venta en GOG, y disponible en castellano, como lo estuvo en su momento. Sin embargo existe un problema, al menos en esta versión digital, que hace que los caracteres españoles, es decir, las vocales con tildes y las eñes, aparezcan sustituidos por otros símbolos. Actualmente, un remake desarrollado por el estudio Went2Play está disponible en acceso anticipado en Steam.

El protagonista de Waxworks pertenece a una familia que sufre una antigua maldición, impuesta por una bruja: cada vez que nacen gemelos, uno de ellos se va con el Diablo y se hace malísimo de la muerte. Para liberar a su familia, el héroe tiene que viajar atrás en el tiempo, encarnarse en cuatro gemelos buenos de distintas épocas y derrotar a sus respectivos hermanos malvados, los cuatro más poderosos de la historia. Todos estos personajes son chicos, una pena.

Los viajes temporales se hacen a través de los escenarios recreados en el museo de cera del tío del protagonista, que posee poderes mágicos. De ahí lo de Waxworks: el juego está vagamente inspirado por la película Waxwork: Museo de cera (1988), pero aquí la presencia de las figuras de cera o su naturaleza artificial es prácticamente irrelevante. Se muestran simplemente como imágenes de las otras épocas, y podrían haber sido sustituidas por cualquier otro tipo de portal mágico. El tío al que pertenece el museo también aparece a través de una bola de cristal, a la que podemos acceder en cualquier momento. Le podemos pedir ayuda en forma de información, pistas, o hechizos de curación o de otro tipo, a cambio de gastar unos puntos de mente que a mí personalmente nunca se me acabaron.

Captura de Waxworks, juego en primera persona, con interfaz que incluye brújula e inventario. En el túnel de una mina, un mutante mitad humano mitad planta, de cuerpo buboso, alza la mano cerca de la cámara.

La sección de la mina se asimila un poco a los survival horror de años posteriores, y tiene a estos monstruos mitad planta tan guays

La presentación es la de un clásico juego de mazmorreo en primera persona, con flechitas para movernos y girar por las cuadrículas del escenario. La interfaz de los títulos de Horror Soft para manejarse con el inventario es algo peculiar y hay que acostumbrarse a ella, pero al ser Waxworks su cuarto y último juego, goza de la versión más pulida y relativamente cómoda. Para el combate podemos elegir distintos ángulos de ataque según la parte de la pantalla en la que hagamos clic, pero dependemos mayormente del RNG, excepto en algún caso un poco especial, como el de los zombis a los que les podemos cortar los brazos para impedir los ataques de sus garras. Aunque la magia está presente de distintas formas, no hay hechizos de combate en los que nos podamos apoyar, como sí había, por ejemplo, en Elvira II.

Los cuatro segmentos se pueden hacer en cualquier orden que prefiramos. Todos poseen mapas laberínticos propios de los juegos de mazmorreo de antaño, así como puzles que incluyen varios «callejones sin salida»: esto es que si hemos hecho de forma incorrecta determinada acción, el juego se vuelve imposible de completar, a no ser que carguemos una partida anterior. Se trata de un elemento de diseño que era habitual en las aventuras gráficas más antiguas, y muy común también en los títulos de Horror Soft. Aunque me encantan los juegos retro de este género, los callejones sin salida son un aspecto que detesto. Una ventaja de Waxworks que alivia un poco este problema es el hecho de que las cuatro secciones son absolutamente independientes entre sí. Es decir, una vez hemos completado uno de los segmentos, tenemos la seguridad de que ya no vamos a tener que volver a ese mapa, y podemos olvidarnos, si queremos, de todas las partidas guardadas anteriormente.

En general conviene guardar partidas a menudo, por lo que comento y porque en el juego se muere muy fácilmente, lo cual nos lleva a las variadas imágenes explícitas y grotescas del cadáver del protagonista tras ser mutilado, ensartado, ahorcado, envenenado… Un sello de los juegos de Horror Soft, y donde se muestra un buen porcentaje del gore presente en Waxworks. Si sois el tipo de persona que quiere ver todos los Fatalities de Mortal Kombat, puede que incluso os matéis a propósito en algún sitio para ver qué imagen se curraron para ese violento final en concreto. Os aseguro, sin embargo, que no vais a tener que esforzaros para morir un montón de veces.

Captura de Waxworks, juego en primera persona, con interfaz que incluye flechas e inventario. En una calle estrecha del siglo XIX, de noche, una masa enfurecida se acerca a la cámara con antorchas.

La imagen en tu cabeza cuando ves que te han citado un tuit

Callejones sin salida aparte, los puzles están bien diseñados, y descubrir las soluciones resulta satisfactorio, pues no son ilógicas ni descabelladas. Si pedimos ayuda al tío del protagonista, nos suele dar pistas muy claras, y en no pocos casos casi una descripción exacta de cómo superar el puzle en cuestión. Encontrar los objetos necesarios, sin embargo, es otra historia… Tendremos que recorrernos los laberínticos escenarios una y otra vez para localizar esa pieza desconocida que nos falta, como un segundo montón de arena al final de un pasillo, o unos pedazos de carbón extraíbles de una mancha muy difícil de ver, en una cuadrícula genérica de los largos túneles. De las veces que usamos la guía de Waxworks cuando lo rejugué en streaming, la gran mayoría fue para encontrar objetos que me faltaban, mientras que no tuve muchos problemas para solucionar los puzles en sí, aunque no los recordara.

El juego goza de un buen pixel art. Algunos de los personajes resultan muy vistosos incluso a día de hoy, en especial los más grandes y detallados. Los laberintos, sin embargo, son a veces algo sosos, y pueden cansar, ya que constan de imágenes repetidas hasta el hartazgo. En especial los túneles de la pirámide son muy básicos y monocromáticos. La música del juego en MS-DOS es buena, y lo suficientemente discreta como para no saturar. Los juegos de Elvira tenían bandas sonoras diferentes en su versión para Amiga, que aprovechaban la potencia del chip de sonido de este ordenador. En el caso de Waxworks, la música no se diferencia tanto entre las dos versiones.

Los escenarios que tendremos que superar para completar el juego son cuatro: una pirámide egipcia, una mina infestada de monstruos, un cementerio en el que los muertos se levantan, y las calles de Whitechapel en las que aún cometía sus crímenes Jack el Destripador.

En la pirámide, encarnamos a un príncipe que se enfrenta a un sacerdote de Anubis, hermano gemelo suyo, que se dispone a sacrificar a la princesa. Todo muy cliché de una historia de aventuras. Este sacerdote es el primer gemelo malvado de la línea temporal, y parece que una especie de plantilla que tomó la bruja para diseñar su maldición. Esta parte es la más densa en cuanto a mazmorreo, con una laberíntica dungeon de seis pisos llena de trampas que destrozan el cuerpo del príncipe de diversas maneras. Es también el segmento más largo de los cuatro.

El del cementerio, por contra, es el más corto y sencillo, y tiene un buen equilibrio entre mazmorreo y aventura, además de contener diálogos interesantes que nos explican aspectos importantes del argumento. Es seguramente la sección más recomendable para empezar y hacerse un poco a Waxworks, en especial si no se ha jugado antes a otros títulos de Horror Soft. En ella, un sepulturero (que también parece que es cura…, a mí no me preguntéis) se enfrenta a un poderoso nigromante que ha tomado el control del cementerio. El combate en esta parte es de los más chulos del juego, ya que luchamos contra zombis a los que podemos cortar en pedazos con nuestra arma.

Captura de Waxworks, juego en primera persona, con interfaz que incluye brújula e inventario. Se muestra a un hechicero de túnica negra y barba blanca, con los ojos brillantes y un círculo mágico surgiendo de su mano alzada. Tras él hay una pared de ladrillo de roca y una ventana que da al cielo nocturno.

Los RPGs de Horror Soft también compartían algunos temas con sus coetáneos de fantasía medieval

La sección de la mina tiene un planteamiento excelente, monstruos chulísimos y un elemento de survival horror temprano que estuvo a un pelo de ser interesantísimo. Pero este elemento también supone el más persistente callejón sin salida del juego: tendremos que explorar y cargar partidas hasta que sepamos dónde recargar nuestra arma, pues es necesario gastarla para avanzar por los túneles, y quedarnos sin munición vuelve varias zonas inaccesibles. Además, este nivel nos obliga a dar múltiples paseos de ida y vuelta por los mismos túneles, incluso aunque lo hagamos todo bien. El gemelo malvado de esta época da a sus seguidores, adoradores de Satanás, así como a sus víctimas, una pócima que les convierte en mutantes mitad planta. Mientras, él mismo se ha convertido en un monstruo con aspecto de bulbo gigante.

El capítulo en el que vamos tras Jack el Destripador carece por completo de combate excepto en el enfrentamiento final, por lo que se puede decir que es el que más se inclina hacia la aventura gráfica. Sin embargo, tenemos que dedicarnos a esquivar policías y masas enfurecidas que se creen que somos el asesino, ya que al parecer alguien le ha visto la cara. Esta es una de las pocas veces en las que la historia nos recuerda que los personajes son gemelos, en general no exprimen mucho este tema.

Las calles de Whitechapel forman un laberinto como los de los demás episodios, aunque más ligero que la mina o la pirámide. Para lograr nuestros objetivos, tenemos que colarnos en distintos edificios y tiendas del barrio, donde podemos robar montones de objetos valiosos, herramientas de trabajo y productos. Bastante vergonzoso por parte del gemelo «bueno», sobre todo teniendo en cuenta que la bruja maldijo a la familia debido a que le cortaron la mano por robar una gallina. En fin, la hipotenusa. El combate final es chulísimo: incluye varias animaciones y la posibilidad de detener los golpes del enemigo con nuestra arma.

Superadas las cuatro partes, hay que viajar en el tiempo una vez más para completar un último capítulo breve, consistente en un enfrentamiento muy poco épico contra la boss final: la bruja Ixona en el momento de su apresamiento y mutilación. Nos dicen que es una señora gitana, aunque el nombre parece más bien sacado de Dungeons & Dragons. Hay que protegerse de su magia y matarla sangrientamente antes de que pueda lanzar la maldición.

Waxworks es un producto de su época, con una interfaz particular y algunos aspectos de diseño que incluso ya entonces estaban quedando un poco en el pasado, y que no hacen del juego una experiencia cómoda. Sin embargo, si se puede tolerar este tipo de gameplay y sus características anticuadas, es un título que merece la pena descubrir y jugar, atractivo a su manera. Aunque las obras de Horror Soft raramente aparecerán mencionadas en conversaciones sobre los mayores clásicos interactivos del terror, son sin duda una parte interesante de la historia de los videojuegos.

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Lin Carbajales
Lin Carbajales @Intranquile

Flipade del cine de terror que también escribe ficción y dibuja. Otros gustos: las patatas con chili, retuitear a Jennifer Tilly, los esqueletos (no rima pero molan).

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