Reseña de Marx juega

Reseña de Marx juega

“Todo es política” es una frase habitual cada vez que alguien se queja de que en su juego hay política. Casualmente esto sólo sucede cuando son cosas de izquierda radical como el respeto de los derechos humanos. Así pues, Marx juega. Una introducción al marxismo desde los videojuegos (y viceversa), de Antonio Flores Ledesma, es político. Muy político. También es una propuesta distinta respecto al ensayo de videojuegos que solemos ver en español.

La editorial responsable en este caso es Episkaia, una pequeña editorial independiente, no especializada en videojuegos pero que cuenta en su catálogo con propuestas interesantes como Utopía no es una isla, de Layla Martínez, finalista a mejor libro de ensayo en los Ignotus 2021 (igual que uno de nuestros ebooks este año. Fin de la publicidad). Tanto Marx juega como Utopía no es una isla son profundamente críticos con el sistema que nos ha tocado vivir. En el caso del segundo, desde una perspectiva de cómo el relato de las distopías es una forma de moldear y “amansar” a la sociedad para que piense que no se está tan mal, y en el cual se anima a luchar por la esperanza y un mundo mejor. En el caso del primero, el mensaje no resulta tan esperanzador aunque la crítica al sistema también está.

La idea de Flores Ledesma es hacer un repaso por distintas ideologías marxistas, planteando la idea de cómo se relacionarían distintos pensadores con determinados juegos y géneros. Lo hace desde dos enfoques, como indica el subtítulo del libro: el filosófico y político por un lado, y acercar los videojuegos por el otro. Por ello, al inicio de cada capítulo hay una breve biografía de cada autor, donde se destacan algunos textos para leer y profundizar más en su obra. También sirve para conocer un poco por qué se ha decantado por esa persona y no por otra.

Los temas que se tratan en Marx juega son bastante densos y áridos. Se nota el enfoque divulgativo del autor y que trata de hacerlo ameno. Pero hay ocasiones en que ni la mejor prosa puede suavizar algunas de las ideas más complejas que nos encontramos en la obra. Libro que se presenta en una edición casi de bolsillo, pero con la letra un poco apretada, quedando un ejemplar de tapa blanda muy contundente.

Foto de Marx juega al lado de Utopía no es una isla.

También nos encontramos con bastante variedad de temas. Se inicia con un texto dedicado a Marx y los juegos de gestión, y cómo el capitalismo lo estropea todo y permea totalmente en esta forma de jugar. Porque aunque el título de cada capítulo mencione un sólo juego, siempre encontraremos más ejemplos en el interior. Estos serán muy variados y es más que seguro que descubriremos más de un título interesante que probar. Por lo general, son muy heterogéneos y nos encontraremos indies, doble A, triple A, juegos antiguos, recientes, de nicho… Será raro, si venimos desde el lado videojuego, que no nos suene alguno. Respecto al pensamiento e ideología de los autores, es algo cuya variedad se me escapa, ya que apenas reconocía los nombres.

Por ejemplo, el segundo autor, Walter Benjamin, era desconocido por completo para mí. En su capítulo se reflexiona sobre la memoria y la conservación de los videojuegos, usando como eje conductor los juegos retro. Y así, en los siguientes capítulos se habla de diversos temas: eurocentrismo y colonialismo, los videojuegos como producto de consumo, racismo, machismo, reflexiones sobre las misiones secundarias, sindicalismo… Temas variados y que sirven sobre todo para pensar sobre la sociedad en la que vivimos. Una indefectiblemente capitalista. Y, en este sentido, el libro me ha resultado bastante pesimista.

Cuando he mencionado al inicio Utopía no es una isla, era en contraposición al tono de ambos libros. Mientras en el libro de Layla Martínez se plantean ideas utópicas (por complicadas y por ideales), en Marx juega se plantean distintas corrientes de pensamiento que se oponen al capitalismo, pero la conclusión general es que no es posible escapar de él. No son cosas que nos guste oír, pero también es la realidad. Como bien dice el propio autor:

Eso es lo que cataloga Luxemburgo, es lo que quiere poner de manifiesto en todo momento; quiere señalar a los explotadores y a los modos en los que explotan. Con esta denuncia no quiere arruinar o prohibir el disfrute de sus productos, pero sí hacernos conscientes del sistema en el que se producen, y que si nos aventuramos primero a elegir conscientemente aquellos que nos entretienen y, después, a ayudar a construir un sistema alternativo sin opresión, tanto mejor.

Muchas de las reflexiones e ideas que encontramos están enfocadas a que seamos conscientes de todas las formas de opresión que vivimos, y las trampas que se nos tienden para que perpetuemos este sistema infame. Aquí no hay una receta mágica, sólo tratar de hacer lo mejor posible (de forma similar a lo que hay en Utopía no es una isla). Ya sabéis, cosas como respetar los derechos humanos pueden ser un buen comienzo, pero mejor no pararse ahí, y tratar de mejorar.

En este aspecto de mejora, se nota el esfuerzo del autor por usar un lenguaje neutro indirecto, evitando las marcas de género en la medida de lo posible, pero no siempre lo consigue y acaba notándose. Otro aspecto sobre inclusividad que me ha chirriado es el reparto del espacio. Se menciona a varias pensadoras, pero agrupadas en el capítulo dedicado al machismo. De forma análoga sucede lo mismo respecto al racismo, usando a pensadoras para explorar el tema. Sólo hay un ejemplo en el que una mujer explore ideas que no tengan que ver con su género o su raza, que es en el capítulo dedicado a Rosa Luxemburgo y el sindicalismo. Entiendo que estos temas sean parte fundamental de sus estudios y textos, pero queda el regusto de que la gente minorizada debe hablar de lo suyo siempre.

Todo esto podría corregirse en una segunda parte del libro, que permita conocer más autores y autoras, de distinto tipo, y reflexionar sobre otros problemas capitalistas. Porque, ante todo, la propuesta de Marx juega es única y muy interesante de encontrar en español. El enfoque multidisciplinar de los juegos es siempre el más enriquecedor que podemos encontrar, pues abre la puerta a nuevas preguntas y, en este caso, a nuevo público. También sirve para despertar nuestra curiosidad por reflexiones políticas, un terreno en el que puede costar entrar sin una mínima guía. Y este libro lo es.

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Darkor_LF
Darkor_LF @darkor_LF

Difusora de la palabra de Pratchett a tiempo completo. Defensora de causas pérdidas e inútiles. Choconiños o barbarie. Hipster por necesidad. Tengo una pipa falsa. +50 en pedantería.

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