Análisis de Towers of Aghasba
19/11/2024 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Towers of Aghasba es la clase de juego al que me lancé siguiendo un pálpito. Lo poco que había podido ver en diferentes anuncios, en especial el uso del paracaídas, fue suficiente para saber que me acabaría gustando. Una vez dentro, me dejé llevar por sus mecánicas y personajes y me descubrí sumergida hasta la médula, yendo de un lado para otro. Y es que si algo tiene este juego es contenido para rato, incluso tratándose de un early access.
Nuestra aventura comienza con un naufragio. Sin embargo, se trata de uno afortunado, ya que casualmente hemos acabado en la isla de Aghasba, antiguo hogar del pueblo shimu. Este golpe de suerte nos permitirá reconstruir aldeas y restablecer la civilización de la que sólo queda huella en forma de ruinas. Y, ya que estamos, devolver la vida a los ecosistemas que han sufrido a causa de unas extrañas criaturas conocidas como marchitos.
Sin embargo, en Towers of Aghasba no nos dedicaremos a recorrer la isla de un lado para otro construyendo edificios y plantando semillas. Nuestra labor nos obligará a relacionarnos con el entorno de una manera diferente a la que solemos hacerlo. ¿Por qué? Porque no seremos exclusivamente la arquitecta junior de la aldea, también tenemos el don de la Armonía, algo que hacía tiempo que no se veía. Y este poder conlleva una gran responsabilidad, pues así como revivir el ecosistema aumentará nuestra Armonía, dañarlo la reducirá. Y esto significa que cortar un árbol, por muy muerto que esté, afectará a la cantidad de Armonía que hayamos acumulado.
Pero no temáis, porque nuestros primeros pasos servirán a modo de tutorial y éste nos acompañará hasta que aprendamos todas las mecánicas necesarias para hacerlo bien. Así, no sólo nos enseñarán a establecer aldeas y construir edificios, sino que descubriremos cómo restaurar los diferentes ecosistemas. También nos mostrarán cómo desenvolvernos por la isla, ya sea escalando y planeando en paracaídas o luchando con diferentes armas. Y antes de darnos cuenta estaremos dividiendo nuestro tiempo entre cumplir peticiones de gente shimu y las de un duende que odia a la humanidad.
Por suerte, nuestras tareas tendrán una base común: la recolección de materiales. Y aquí será donde entre en juego nuestra capacidad de dañar el entorno lo menos posible, obteniendo todo aquello que necesitemos a la par que nos preocupamos por cuidar el lugar. En otras palabras, talar árboles y cazar criaturas para obtener recursos, pero sin olvidarnos de plantar semillas y cuidar a la fauna de los ecosistemas.

Todo comenzará con una estructura, en el caso de las aldeas, o una semilla, para los ecosistemas, pero en nuestras manos está el equilibrio. Invertir nuestro tiempo y recursos en ambos elementos nos permitirá saber más del pueblo shimu y de Aghasba. También descubriremos los orígenes de los marchitos, a los que veremos atacar sin piedad a la fauna de la isla y a los que podremos enfrentarnos. Eso sí, con cuidado, ya que deberemos equiparnos adecuadamente si no queremos que nos derroten con relativa facilidad.
Podremos luchar con arco y flechas, lanza o espada, además de hacer una ridícula cantidad de daño con otros utensilios como el hacha o el pico. Pero todas nuestras herramientas tienen una durabilidad que puede jugarnos una mala pasada si no estamos pendientes. Y si bien podremos fabricar casi cualquier elemento en todo momento, dependerá de si contamos con los materiales en nuestro inventario. O en el cofre de la aldea si nos encontramos dentro de los límites de una.
En cualquier caso, ponerse a fabricar un arma no es la mejor estrategia de combate. A menudo lo más inteligente será saber elegir nuestras batallas, aprender a esquivar y salir corriendo a un lugar seguro antes de lamentar alguna desgracia. Sobre todo porque, si nos derrotan, apareceremos en la aldea más cercana con una cantidad de vida bastante limitada. Y si no tenemos comida y debemos salir a buscarla, puede ser arriesgado. Equiparse bien será importante para disfrutar de nuestro paso por la isla.
Una buena forma de aprovechar nuestras excursiones para recolectar materiales es hacernos una lista con los recursos necesarios. Sobre todo porque no quedará reflejado en nuestro diario y regresar para hablar con quien nos mandó el recado puede ser bastante pesado en ocasiones. Por su parte, observar el entorno desde un lugar elevado o a través del shimuscopio nos permitirá planificar nuestra excursión de recolección. Además, así ampliaremos nuestros conocimientos sobre Aghasba, su fauna y su flora.
Cabe decir que la isla está compuesta de varios biomas, aunque sabremos en todo momento en cuál nos encontramos. Cada bioma verá nacer a un ecosistema totalmente diferente, lo que significa que descubriremos todo tipo de criaturas y plantas según dónde estemos. Además, la fauna de Towers of Aghasba es de lo más variopinta, por lo que desbloquear las correspondientes entradas del diario no será nuestra única motivación. No tardaremos en querer descubrir más de este extraño mundo y, de paso, ver si algún animal nos deja acariciarlo. O montarlo, ya que la isla no es precisamente pequeña. Pero todo se andará si invertimos el tiempo y el mimo necesarios para ver prosperar los árboles reales.

También los diferentes biomas nos permitirán crear distintos tipos de aldea, con sus propias estructuras. Y tan pronto como desbloqueemos los portales, podremos desplazarnos rápidamente por Aghasba. Además, así como construiremos estructuras para la aldea, y aunque seamos meras arquitectas junior, también tendremos que hacer otras cosas. Por ejemplo, cultivar alrededor de la granja para alimentar al pueblo. Y dado que los ciclos de día y noche pasarán sin obligarnos a dormir, nuestra labor recadera no tendrá fin. Bueno, a no ser que decidamos dar por terminada nuestra sesión de juego. Nuestra protagonista no necesitará dormir, pero quien juega sí.
Eso sí, permitidme avisar de que si bien estamos ante un sandbox que nos ofrece bastante libertad creativa, permitiéndonos poner las estructuras casi en cualquier sitio, estas son predeterminadas. Es decir, no controlaremos el tamaño o construiremos ladrillo a ladrillo o muro a muro, sino que aportaremos materiales a una estructura que ya cuenta con su propio diseño. A mí esto me parece fetén, pero estoy segura de que habrá quien prefiera controlar cada ladrillo de la aldea y tienen derecho a saberlo.
En cualquier caso, una vez construida nuestra aldea y dado vida a nuestros ecosistemas, podremos fardar del fruto de nuestro esfuerzo invitando a otras 3 personas a nuestra versión de Aghasba. Y, de paso, dar una vuelta, intercambiar objetos, cazar criaturas y luchar contra los marchitos. No se trata de un apartado que hayamos podido probar de cara a este análisis, pero promete enriquecer la experiencia. Y eso que la partida en solitario se disfruta tanto dejando algún entretenimiento de fondo como sumergiéndonos de lleno en los paisajes y sonidos de la isla.
Y es que Towers of Aghasba ofrece un apartado audiovisual que atrapa, incluso en su versión early access. Cierto es que sufriremos alguna que otra caída de FPS y sentiremos algún que otro enganchón, pero está bastante pulido en general. Todos los fallos que hemos podido anotar en el momento previo al lanzamiento han sido nimiedades puntuales fruto del estado anticipado del juego. Las mencionadas caídas de frames, apartados con un tamaño de letra algo pequeño, personajes enganchados en una piedra caminando sin avanzar o estructuras que no se unen al suelo y dejan un hueco que deberemos saltar, por ejemplo.

Sin embargo, nada de esto me ha impedido disfrutar de mi paso por la isla, recorriendo en numerosas ocasiones el mismo camino “seguro” entre la aldea y el ecosistema. O atreviéndome a explorar aunque mi falta de equipamiento o el estado de mis armas gritara prudencia. Aghasba invita a escalar montañas y lanzarse con el paracaídas observando el entorno. A volver una y otra vez a nuestro ecosistema para observar qué ha cambiado, alimentar a las criaturas del lugar y comprobar si se ha cumplido el tiempo para ver crecidos nuestros cultivos. También a recorrer las aldeas conversando con sus habitantes. Y aprovechar todos estos viajes para recolectar materiales y completar construcciones.
Towers of Aghasba es un sandbox que hará las delicias de cualquier persona con ganas de explorar un mundo que pide a voces ser descubierto. Y juega una carta muy interesante en cuanto a la huella de la humanidad, donde nuestro asentamiento en un lugar no puede ser a costa del entorno. Donde es primordial devolver una parte de lo que arrancamos para mantener el equilibrio. Y donde, a fin de cuentas, no podemos —o no debemos— actuar como los marchitos y destruir todo a nuestro paso por expandirnos.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

