En la Sevastopol desde luego que no
¿Dónde quedó el miedo?
03/08/2025 | Meren Plath | No hay comentarios
Ha pasado ya un tiempito desde que terminé Alien Isolation en directo. Sigo teniendo muy vivos los recuerdos de los gritos que pegaba cuando mi prometida venía a asustarme, o cuando el xenomorfo decidía aparecer en cualquier esquina para regalarme un infarto, además de una muerte horrorosa. Recuerdo la tensión, los problemas que a veces tenía para conciliar el sueño con la adrenalina que tenía encima al acabar cada sesión, y las muertes estúpidas y evitables. Pero también cómo este juego ha terminado de quitarme el miedo que tenía a algunos juegos, de alguna manera, y me ha empujado a seguir probando cosas de terror.
Soy una persona bastante miedosa, o lo he sido hasta hace poco tiempo. Desde que tengo uso de razón he ido desarrollando miedos a un montón de cosas, ya sea racional o irracionalmente. Perderme en cualquier sitio, quedarme encerrade en un ascensor, los espacios estrechos, a veces la oscuridad… Son cosas que siempre me han acompañado, y que me han provocado una reacción absolutamente visceral. He dejado de leer libros o ver películas en el momento en el que parecía que podía salir algo como un susto, y en videojuegos no ha sido menos. El primer recuerdo que tengo de este tipo fue con Broken Sword 3, en su versión de PlayStation. Al poco de empezar la partida, ocurría una explosión en una cafetería en París, y los protagonistas tenían que ir por las alcantarillas para perseguir al sospechoso. El hecho de bajar las escalerillas y adentrarme en uno de esos pasillos oscuros me hacía siempre quitar el juego en el mismo punto. Nunca conseguía avanzar porque pensar en el posible susto me daba más miedo que la pantalla en sí.
Conforme me he hecho más mayor, he ido enfrentando ese miedo jugando de día, con las luces encendidas, el brillo alto y el volumen bajo, para intentar mitigar el miedo que me daban algunas zonas o escenas. Incluso cuando hice mi primera run en Control más de una vez tuve que dejar de jugar de noche porque acababa teniendo pesadillas. No es un título que se preste especialmente a los sustos, aunque su atmósfera pueda dar mucho mal rollo. He evitado siempre las cosas que, aunque no estuviesen relacionadas con el miedo, intuía que me lo iban a provocar. He pospuesto durante mucho tiempo jugar a la saga Resident Evil o Silent Hill por razones más que obvias, pero también me ha llegado a pasar con Bloodborne, The Elder Scrolls V: Skyrim o Castlevania: Symphony of the Night. Aunque en el título de FromSoftware hay papeletas para llevarse un susto, no he sabido nunca identificar por qué me daba tanto miedo abrir ciertos juegos o progresar.

Y, aunque hoy pueda jugar cosas de terror sin sufrir ese pánico, nunca he sabido realmente de dónde venía ese miedo a tener miedo, y tampoco sé el momento en el que cambió mi perspectiva con respecto a estos títulos.
Sigo bromeando mucho con que Alien Isolation ha sido el juego que me ha quitado todos los miedos para siempre. Ya no me como jumpscares ni lo paso mal si acabo jugando a títulos de survival horror, pero creo que haberme expuesto a un título en el que se acumulaban tantos de mis miedos, ha hecho que los haya puesto en perspectiva. Los ha empequeñecido, por así decirlo.
Pasé muchos momentos de angustia y tensión en algunas zonas por no tener material para poder pasarla con menos dificultades, o la presión constante del xenomorfo en los últimos capítulos, cuando tienes que estar pendiente del alien y del resto de problemas que van saliendo en cada zona. Ha hecho que acabe cogiéndole el gusto a ponerme en ese tipo de situaciones, o incluso a reírme cuando las cosas se ponen feas y sé que va a ocurrir algo terrible. Me ha pasado en mi regreso a Bloodborne, que lo estoy disfrutando mucho más ahora, o incluso con Post Trauma, que me pareció un buen homenaje a los clásicos del survival horror. Estoy ya planteándome jugar otros tantos que siempre he querido probar pero que por este miedo paralizante nunca he sido capaz de hacerlo.
Lo hemos hablado muchas veces, y el contexto en el que jugamos las cosas también influye mucho en nuestra experiencia. Si hubiera sido por mí, creo que nunca hubiera jugado a Alien Isolation por muy buena pinta que tuviera. Pude sentarme a jugarlo porque lo hice en compañía (de Aonia y Alystrin durante casi toda la run, y de Bokeron al final), en directo y con un chat animándome y riéndonos de algunas situaciones. Pero también tuve momentos en los que la tensión y la presión era tanta que quise abandonar y no seguir. La angustia que me daba sentarme a jugar y a exponerme a que el alien viniera a por mí era superior a la que tenía de acabar la historia. Sin el apoyo de mis amigas o del chat no hubiera sido capaz de terminarlo nunca, y estaría en una balda junto al resto de juegos que jamás he acabado por una razón u otra.
También creo que me encontraba en un buen momento para jugarlo, que es algo que me ocurre de manera habitual. Hay títulos para los que necesito estar en un momento vital concreto porque, si no, sé que no los voy a disfrutar. Hay algunos que llevan esperando años a que por fin encuentre un rato o ese estado particular de ánimo para poder ponerme con ellos. Y creo que fue algo que también influyó en que me gustara ponerme en la piel de Amanda Ripley en su misión por la Sevastopol.

Pienso que exponerme de esta manera, en un entorno controlado y que podía manejar, me ha envalentonado para probar cosas que siempre quise pero que no hacía por la angustia que me provocaba pensarlo. Hay juegos (y películas, y libros) que es mejor vivir en carne propia a esperar a que te los cuenten. Plantearme jugar Dead Space ahora mismo es algo que no pensaba que pudiera hacer, a pesar de que por temática es una historia que me atrae. O incluso ponerme con Silent Hill 2, muy recomendado por mucha gente, y así con otros tantos juegos que me han picado la curiosidad. Incluso ya le he pedido a Aonia que me dé recomendaciones para poder ir probando cosas.
Sé que hay gente a la que los juegos de terror, horror y adyacentes les dan mucho miedo, y que les resulta imposible ponerse a jugar a algo que les vaya a provocar pánico o angustia. No todo está hecho para todo el mundo, y no pasa nada. Para mí, haber podido probar Alien Isolation ha sido una experiencia que ha cambiado mi percepción con respecto a los juegos de terror, y que me ha hecho apreciar el género, empujándome a probar experiencias nuevas.
Volviendo al principio del artículo, un buen puñado de años después volví a Broken Sword 3 y conseguí pasarme el tramo de la alcantarilla sin mayores problemas. ¿Con tensión? Por supuesto, pero sin una pizca del terror que me atenazaba cuando tenía siete años. He crecido y he cambiado, y muchos de esos miedos se han ido diluyendo, o los he ido cambiando por otros. Ya no me da miedo la oscuridad, los espacios angostos solo me provocan algo de angustia en un día malo… Y así podría seguir. Enfrentarme a un pasillo estrecho o a un lugar oscuro en videojuegos no me supone un esfuerzo mental para no chillar o estar en tensión, y hay en algunos casos donde lo disfruto.
No creo que me haya hecho inmune a los sustos y al miedo, pero sí que siento que estoy más preparade para enfrentarme a ellos.
be gay do crime take a nap. soy arándano de Animal Crossing. CEO de las Movidas Nucleares™, testeadora, presento el pugcast, doy mazo la chapa.
Etiquetas: alien isolation, Dead Space, horror, miedo, Pasar miedo, Resident Evil, silent hill, survival horror, terror

