Análisis de Winter Burrow
12/11/2025 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Quienes ya me conocéis, sabéis que el tipo de supervivencia que me gusta en los videojuegos es aquel de gestionar munición y enfrentarse a criaturas de todo tipo. Sin embargo, desde hace algún tiempo, y empujada por mi compañera Nix, he ido experimentando cosas fuera de lo habitual en mi ludoteca. Y tarde o temprano tenía que probar a sobrevivir sin disparos. Así, Winter Burrow no sólo ha sido la mejor forma de asomarme al género, sino que, además, ha coincidido con los primeros días realmente otoñales.
En este acogedor jueguico invernal, nos pondremos en la piel de una ratona que regresa a su hogar de infancia tras pasar una temporada en la ciudad. Sin embargo, la madriguera ha vivido mejores tiempos y la falta de mantenimiento le ha pasado factura. Esto significa que, si nuestra protagonista quiere asentarse confortablemente, primero deberá restaurar el lugar. Y ello implica tener que adentrarse en el bosque en busca de recursos con los que fabricar mobiliario, herramientas y algo de ropita. Además de buscar a nuestra tía, que se suponía que iba a echar un vistazo a la madriguera. Y, de paso, que nos siga enseñando a sobrevivir en la naturaleza, ya que nuestro traslado a la ciudad interrumpió las clases en lo más básico.
Pero lo primero es lo primero, y antes de embarcarnos en ninguna aventura arriesgada, deberemos equiparnos. Lo que significa que tendremos que recordar las nociones básicas de supervivencia que aprendimos con nuestra tía. Así, recogeremos los materiales para fabricar un hacha y no tardaremos en atrevernos a explorar alrededor de la madriguera. Sin alejarnos demasiado, claro, porque la nieve lo cubre todo y el frío invernal nos calará los huesos con relativa facilidad. Al menos hasta que reparemos algunos de los muebles de la casa, lo que nos permitirá tejer algo de ropa y cocinar platos que nos calienten un poco el cuerpo.
Sin embargo, aunque nos equipemos muy bien, deberemos volver a la madriguera con cierta frecuencia a descargar los materiales que vayamos recogiendo. Al menos hasta que logremos ampliar nuestros bolsillos. Y, de paso, podemos aprovechar para ir decorándola, fabricando y colocando mobiliario, y arreglando lo que haga falta. También, claro está, tendremos que reabastecernos cocinando algún platito. Y no estará de más echarse un sueñecito para descansar y recuperar salud si hiciera falta.
Conforme mejoremos nuestra equipación, consiguiendo más herramientas o platos con los que recuperemos más calor corporal, nos atreveremos a alejarnos más. Y esto nos permitirá conocer a otros lugareños, con los que aprenderemos nuevas formas de avanzar en nuestra partida, además de ayudarles con alguna tarea que nos encomienden. A fin de cuentas, sobrevivir en solitario es más complicado que en compañía.
Cabe decir que Winter Burrow no resulta demasiado estresante, más bien al contrario. Para ser una ratona que debe sobrevivir al invierno, con estar pendientes de los indicadores de salud, hambre, calor y energía, es suficiente. El día, incluidos amanecer y atardecer, dura bastante, y el camino a casa estará marcado por nuestras propias huellas. Por supuesto, estará presente la sensación de no llegar a alimentarse o recuperar calor a tiempo, o quedarse sin energía en pleno combate. Pero si gestionamos bien nuestra mochila y movimientos, no deberíamos tener mayor problema.
Además, cuando el frío aprieta, lo veremos claramente y con tiempo suficiente para ponerle remedio. Y esto me lleva a hablar de su cuidado apartado audiovisual. No solo presenta un arte digno de un cuento ilustrado, sino que ofrece detalles como que la pantalla se hiele con el frío. O las mencionadas huellitas en la nieve que muestran por dónde nos hemos movido. También nos envuelve una melodía que le sienta como un guante, sin desentonar ni molestar en ningún momento.
De hecho, no será raro que nos sumerjamos tanto en las tareas que llevemos en mente que el tiempo pase sin apenas darnos cuenta. Y es que la rutina de salir a recoger un material en concreto y volver para fabricar un objeto o lanzarnos a explorar una nueva zona atrapa. En especial cuando hayamos conseguido suficientes recursos, valentía o soltura como para alargar nuestras estancias en el exterior un poquito más. Sin tener que depender tanto de volver a la madriguera a vaciar la mochila o meterle algún reconstituyente.
Por no hablar de lo a gustito que se juega debajo de una manta con la Steam Deck, aunque es compatible con ratón y teclado. O de que está traducido a múltiples idiomas, entre ellos el nuestro, para que no perdamos detalle de la historia. Ni tengamos que consultar lo que significa algo para saber qué hacer en una misión. Además de otros detalles de calidad de vida como poder fijar una receta para ver los ingredientes que nos faltan. O la posibilidad de que no aparezcan arañas si tenemos fobia.
Winter Burrow es un título perfecto para la época fría del año más allá de lo apropiado del nombre. Se trata de la clase de juego que atrapa desde la sencillez y nos roba las horas siguiendo pequeñas tareas dadas o autoimpuestas. Así, dedicaremos las aproximadamente 10 horas que dura no solo a sobrevivir sino a explorar con curiosidad placentera. En busca de nuestra tía, por supuesto, pero también de recursos, otros lugareños y por el mero placer de movernos por el bosque. Y es que algunos objetivos estarán más o menos relacionados con otros y, sobre todo, nos moveremos mucho por el “ya que voy”. Por ejemplo, ya que voy a buscar a mi tía, me fabrico un hacha… por lo que pueda pasar en el bosque. Bueno, vale, no es “ese tipo” de supervivencia, pero hay bichejos que dan mucho miedo igual. La que avisa no es traidora.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

