Análisis de Constance

Análisis de Constance

A estas alturas de noviembre, no puedo sino rendirme al hecho de que éste ha sido el año que más metroidvanias he jugado. Sin ningún tipo de dudas y sin ser mi género preferido. Y no lo digo a modo de queja ni mucho menos, dado que he disfrutado de prácticamente todo el tiempo invertido en ellos. ¿Que cómo que prácticamente? A ver, me vais a tener que conceder que, si bien es un verdadero placer avanzar y descubrir nuevos caminos con habilidades nuevas… también es un auténtico peñazo darse contra un muro de dificultad una y mil veces. Sin embargo, con algo de constancia y mucha, muchísima, paciencia, todo es posible. Y de esto sabe mucho Constance, aunque también tiene reservada alguna que otra sorpresa que no nos dejará indiferentes. Sobre todo con su mensaje nada oculto.

Este artístico juego de plataformas 2D trata temas delicados de salud mental, por lo que se recomienda adentrarse con cierta cautela. Y si bien incluso podría decirse que lo mejor es tomárselo con calma, la verdad es que lo ideal es ponerse en sus manos y ver qué pasa. Qué nos pide el cuerpo, o la mente, hacer en cada situación y qué consecuencias tiene. Pero vayamos por partes.

Durante lo que parece una jornada laboral infernal, Constance despierta en un mundo desconocido que tiene pinta de ser, si no más amable, más bonito. Y aunque puede que no nos entusiasme la idea, nuestro objetivo será encontrar un camino de vuelta a casa. Sin embargo, una misteriosa mujer nos dará un pincel y nos rogará que ayudemos a la gente de este extraño lugar. Y eso haremos. Durante nuestra aventura recorreremos sitios de lo más diversos, con criaturas amigables y amenazantes de todo tipo. Así, pincel en mano, nos defenderemos como mejor podamos y trataremos de echar una mano, mientras buscamos la forma de regresar.

Combate de Constance

En principio, todo parece apuntar a que existe un tren que nos permitirá regresar a nuestra vida. Sin embargo, parece que hay una incidencia en la línea —perdón por la referencia a nuestra compañía ferroviaria “favorita”— y se ha interrumpido el servicio de forma indefinida. Por suerte, en este mundo sí hay algo que podamos hacer al respecto, y deberemos recuperar cuatro lágrimas para cortar los hilos que atan este tren para liberarlo. Y, con ello, viajar de vuelta a casa. Al menos, en principio, porque nunca se sabe cuándo o cómo se nos complicará la aventura. Además, sobra decir que obtener estas lágrimas no será sencillo. Es más, puede que derramemos unas cuantas propias por el camino.

Y es que, si bien Constance no es un juego especialmente difícil, tampoco será un camino de rosas. De hecho, tendrá zonas que nos harán plantearnos nuestras decisiones vitales o cómo hemos acabado con las manos atadas al mando… o a la Steam Deck. Y quien dice atadas, dice soldadas después de varias horas de juego. Pero el vicio es el vicio, no hace falta que os lo diga. Además, disponemos de múltiples idiomas, entre ellos el nuestro, por lo que empatizar con su historia será cuestión de tiempo. Sobre todo dependiendo del momento en que nos pille. Y ya os puedo adelantar, sin spoilers, que es una buenísima representación de aquellos temas que toca. En especial, en lo que a burnout y sintomatología relacionada se refiere.

Sin embargo, es de los que aprieta, pero no ahoga. Por un lado, porque se trata de un juego tan bonito a nivel audiovisual que su mensaje entrará con suavidad. O, al menos, asimilarlo será más amable por potente que sea la bofetada. Por otro, porque ofrece herramientas de accesibilidad para aligerar algunas zonas, o para complicarnos la existencia si lo deseamos. Así, podremos reducir o anular el daño del entorno o de los enemigos, y decidir si queremos sufrir la Maldición de la marioneta. 

Paisaje de noria en Constance

Cuando perdemos toda nuestra salud, Constance se quedará Ensimismada. Y deberemos escoger si queremos reaparecer en el sitio, perseverar y sufrir la Maldición de la marioneta o volver al último altar en el que hayamos descansado. Esta maldición hará que todos los enemigos se fortalezcan, por lo que estaremos escogiendo entre paciencia o inmediatez y pagando su precio en ambos casos. En nuestra mano queda. Eso sí, no está de más mencionar que los altares de descanso estarán un pelín desperdigados y a veces resultará tentador endurecer los encuentros.

En cualquier caso, dispondremos de un amplio mapa que nos permitirá situarnos en todo momento. Incluso tendremos la opción de activar o desactivar un minimapa por si alguna zona nos resulta especialmente enrevesada o caótica. Y no tardaremos demasiado en encontrar la que quizás sea una de las mejores herramientas de un metroidvania, junto al deslizamiento: la cámara de fotos. Al menos para esas situaciones en las que no tenemos forma de tomar notas. Con ella, podremos capturar puntos de interés y estas imágenes se quedarán en el mapa hasta que decidamos eliminarlas. Y si bien al inicio solo podremos capturar tres momentos, a no ser que borremos anteriores, ampliaremos las fotos disponibles si exploramos lo suficiente.

Recorriendo cada rincón del mapa también descubriremos la forma de ampliar nuestra barra de salud y nuestra pintura. Y creedme que querremos hacerlo, dado que las técnicas del pincel la consumen y al llegar a cero nos dañará hasta que se recupere por completo. Algo que hace de forma progresiva, afortunadamente.

Por su parte, recuperaremos vida golpeando a algunos objetos del entorno, y podremos curarnos si hemos obtenido alguna esfera de cristal que se rellenará con la salud sobrante. Esfera que podremos encontrar, junto a otros tesoros de interés, en la tienda, por ejemplo. Y dado que por el camino recolectaremos suficientes atisbos, podremos gastar esta moneda sin mayor problema. Eso sí, tendremos que estar pendientes de no perder la burbuja de atisbos que se crea al derrotar a nuestros enemigos. Al menos si queremos acumular tantos como sea posible para no tener que estar yendo y viniendo continuamente.

Descanso en Constance

Explorando también conseguiremos frascos y fragmentos de corazón con los que ampliaremos nuestra pintura y vida máximas respectivamente tras reunir unos pocos. Y encontraremos Inspiraciones, que podremos equiparnos y quitarnos según nos apetezca, aunque teniendo en cuenta su forma y el espacio disponible en nuestro cuaderno de dibujo.  Al igual que Piedras de luz, a menudo en lugares a los que todavía no podemos acceder. Suerte que llevamos encima nuestra cámara. Eso sí, puede que algunos de estos elementos se encuentren tras zonas que nos harán sufrir un buen rato. O que debamos cumplir alguna misión secundaria o derrotar a algún que otro jefe.

Por suerte, conforme avancemos aprenderemos nuevas técnicas del pincel que nos abrirán todos los caminos. De hecho, no tardaremos en desbloquear el tan-alabado-como-necesario dash, con el que nos transformaremos en pintura para atravesar distancias cortas en horizontal, siendo inmunes a enemigos y peligros. Y este detalle me lleva a hablaros de mi apartado favorito de Constance, su arte.

Y es que si bien su banda sonora es una maravilla que nos envolverá de principio a fin y se adaptará a las diferentes zonas y situaciones, tiene un arte que atrapa. Desde detalles simpatiquísimos como dar expresividad a nuestra silenciosa protagonista con pequeños dibujos alrededor de su cabeza, hasta el manchurrón de pintura que dejamos al sufrir daño. Y, por supuesto, otras animaciones como la del lugar de descanso, donde se parará a meditar, o la burbuja en la que nos convertimos al precipitarnos. También destacan por su originalidad las criaturas a las que nos enfrentaremos y cómo se traslada el arte en sí mismo al juego. Algo que nos invitará a pararnos a observar los detalles, aun a riesgo de llevarnos algún susto.

Constance también nos tiene reservados pequeños minijuegos con los que profundizará en la parte más explícita de su mensaje. Y es que podemos buscar pistas ocultas mientras saltamos plataformas, combatimos o exploramos sus seis biomas, pero no está de más dejarlo un poquitín más claro para que nadie se pierda. Porque está bien utilizar metáforas y detalles que pueden dar a entender una u otra cosa, pero cuando se trata de salud mental a veces no está de más poner las cartas sobre la mesa.

Burnout en Constance

Y más en un momento en el que hace ya tiempo que el burnout ha dejado de ser cosa de unos cuantos puestos de trabajo muy específicos. Donde con solo organizarse a veces no es suficiente. Y donde por mucho que nos señalen ciertos síntomas, tendemos a ignorarlos o minimizarlos. Aunque sea porque no tenemos tiempo de hacernos cargo de nada más. Ni siquiera de nuestra salud mental.

Pero me estoy alejando de lo verdaderamente importante aquí, y es que Constance es una pequeña obra de arte que no debería pasar desapercibida. Independientemente de que hayan salido otros metroidvanias este año. Es un juego con cuerpo propio, con un arte espectacular, una banda sonora maravillosa y una historia que merece la pena ser contada. Además llega en un momento estupendo para dedicarle un espacio y disfrutarlo con el cariño que merece. Y, de paso, hacer un ejercicio de introspección y ver qué está sucediendo en nuestro interior… o a nuestro alrededor. Por lo que sea.

Cómprame un café en ko-fi.com

Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.