¡Abajo el trabajo!

Análisis de Manairons

Análisis de Manairons

Disfruto como una enana leyendo y escuchando toda clase de mitos y leyendas. Y más todavía cuando un videojuego aprovecha para acercarnos al folclore natal de su equipo de desarrollo, tanto a través de pequeños detalles como haciéndonos partícipes de una historia. Es por esto que Manairons fue directo a mi lista de deseados tan pronto como vi a su diminuto protagonista con barretina moviéndose por un entorno gigante. Estos duendecillos pirenaicos adictos al trabajo parecían tener mucho que ofrecer, y el despertar de nuestra protagonista da pie a una historia con un mensaje tan poco sutil como necesario.

Esta aventura de plataformas 3D nos traslada a Vilamont, un humilde pueblo que cambió de la noche a la mañana por la codicia de Llorenç. Este terrateniente, deseoso de ampliar su fortuna, invirtió en los negocios de Vilamont y dio rienda suelta al poder del canut. Así, liberó a los manairons que, esclavos de su propia sed de trabajo, se instalaron en el lugar provocando el caos. De pronto, el gallo ni se acerca a las gallinas, el zapatero no aparece por casa, la pastelera ha perdido su encanto y se oyen ruidos extraños en la juguetería.

Por suerte, la narradora de esta historia ha decidido intervenir y despertar a Nai, uno o una de los manairons según nuestra elección corporal inicial, para que haga algo al respecto. Ella, a fin de cuentas, no quiere o no puede hacerlo, aunque sí nos guiará. ¿Deberíamos sospechar de que una aparentemente poderosa bruja nos despierte y se desentienda? Puede, pero nuestra prioridad será liberar Vilamont del caos provocado por el resto de manairons.

Enfrentarse a sus congéneres será sencillo, sobre todo porque podrá utilizar la flauta como arma y sacudirles indiscriminadamente tanto de cerca como a distancia. Sin embargo, esta no será la única función de nuestro instrumento, ya que lo necesitaremos para tocar alguna que otra cancioncilla que nos permitirá continuar de diferentes maneras. Conforme vayamos avanzando, descubriremos nuevas melodías, cada una con su función, y no está de más memorizarlas… o anotarlas. Al menos, si no queremos estar acudiendo al menú para revisar cómo era una u otra. No se trata de melodías complejas, pero a veces la cabeza da para lo que da y nunca está de más tener la chuleta cerca.

Tocando la flauta en Manairons

Gracias a estas canciones seremos capaces de abrirnos paso a través de distancias que parecían imposibles, mover objetos, activar o inutilizar elementos e impulsarnos bien alto. Aunque también podemos dar rienda suelta a nuestra creatividad y ver qué somos capaces de tocar. En Manairons hay tiempo para todo y, de hecho, disponemos de múltiples rinconcitos de descanso que no solo servirán para reponer fuerzas. Así, cada pocos metros encontraremos alguna que otra zona formada por un puf, una gramola, algún libro y una tacita. Y pararnos aquí no solo establecerá un punto de control, y revivirá a los enemigos caídos, sino que restablecerá nuestra salud y nos permitirá escuchar aquellos vinilos que hayamos encontrado. Por supuesto, Nai se pegará un siestorro tremendo mientras suena la música, pero ello no nos impedirá disfrutar de la banda sonora del juego.

Al descansar, también recuperaremos las bolsitas de setas que utilizaremos para curarnos. Y dado que no encontraremos objetos consumibles por el camino, no está de más racionarlas bien. Al menos cuando se acercan zonas de plataformas más complejas o si hay algún jefe a la vista. Aunque, en términos generales, no tendremos mayor dificultad para sobrevivir, ya que el juego está bastante bien equilibrado. El desafío a menudo recae en intentar no venirse arriba con los ataques para no llevarnos muchos golpes de vuelta por pura ansia. O cuando alguna plataforma se complica, sobre todo en lo que se refiere a saltos mal calculados.

Bien es cierto que alguna zona concreta puede resultar más frustrante, que echaremos en falta algún movimiento de esquivar y que la cámara fija no siempre será de ayuda. Sin embargo, nuestro paso por Manairons será mayoritariamente tranquilo. Las zonas de plataformas más puñeteras requerirán más de paciencia que de habilidad y los encuentros contra jefes serán tan sencillos como leer la situación. Además, conforme superemos niveles conseguiremos más bolsas de setas con las que curarnos, lo que nos permitirá arriesgarnos más si queremos.

Llegado el momento también desbloquearemos el viaje rápido entre pufs, por si queremos volver a explorar una zona con una nueva melodía aprendida. De este modo podremos asomarnos en cada rincón de los diferentes establecimientos de Vilamont y buscar todos los coleccionables. Además, sabremos cuántos tenemos o nos faltan antes de acceder al negocio, aunque no en qué zona podrían estar. Para ello tendremos que habernos fijado bien en cualquier pequeño desvío que pudiéramos haber pasado por alto. Por suerte, no será difícil encontrarlos todos, aunque pueda complicarse un poco acceder a algunos.

Combate de boss en Manairons.

Incluso no tendremos que rejugar demasiado si hemos pasado un buen rato observando el entorno. Algo a lo que Manairons invita de principio a fin a través de su apartado audiovisual. Nos rodea una estética algo retro cuidada y llena de detalle y nos envuelven melodías que nos invitarán a buscar los vinilos coleccionables. Además, la actuación de doblaje es la guinda del pastel y no puedo sino recomendar optar por las voces en catalán. La historia se narra e interpreta como si de un cuento se tratara y no podría sentarle mejor a esta aventura.

Manairons es una pequeña joya nacional que hará las delicias de cualquier amante del folclore y las historias sencillas. Ni sus plataformas ni sus combates ni sus puzles nos complicarán la vida en exceso, convirtiéndose en un juego ideal para cualquier edad y nivel de habilidad jugona. Sus personajes, escenarios e historia invitan a sumergirse de principio a fin sin mayor pretensión que la de pasar un buen rato y conocer a estas simpáticas criaturas. Y si queremos rascar un pelín más, siempre podemos prestar atención a lo que nos cuenta y cómo lo hace. Al fin y al cabo, esta solo es la historia de un(a) manairon que no quiere volver a trabajar nunca más, ¿no?

Cómprame un café en ko-fi.com

Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.