Yoshiiiii

Análisis de Yoshi and the Mysterious Book

Análisis de Yoshi and the Mysterious Book

Ha llovido mucho desde que conocí a Yoshi en 1998, cuando Yoshi’s Story llegó a mis manos por pura casualidad, y todavía sigue resonando en mi mente la musiquilla del juego o el “tran tran tran” de cuando lo dejabas parado en el escenario. Ese bichito verde (o de colores) se grabó en mi cerebro, igual que en el de muchas otras personas, porque aunque no tuviesen el gameplay más novedoso del universo, sí se convertía en algo muy característico, muy suyo, muy Yoshi, ya sea por su estética, por su carisma o por esas mecánicas un pelín diferentes que, en cierta manera, parecen completamente naturales cuando lo estás manejando. Por eso, cuando empecé a jugar a Yoshi and the Mysterious Book, lo hice buscando esos detalles que convertían a Yoshi en Yoshi, y hay un momento muy concreto que me hizo entender perfectamente de qué iba el juego.

No fue al inicio, cuando nos encontramos a un libro que habla y empieza a pedirnos favores como si fuese de nuestra familia, y tampoco cuando nos explican las mecánicas con la primera flor que nos enseñan, sino que fue cuando me pregunté si pasaría algo al llevarme un vilano peludito y esponjoso a un pequeño estanque. Y pasó. Y el juego me lo anotó. Y me quedé mirando a la pantalla con el pensamiento de que no esperaba que de verdad hubiese pasado algo. Ese momento me explicó, muy claramente, que este juego no quiere que lleguemos al final de cada nivel, sino que quiere que nos quedemos en él y lo exprimamos por completo. 

La historia de Yoshi and the Mysterious Book comienza cuando conocemos al Profesor Leo, un libro que habla y se ajusta su monóculo sobre su enorme bigotón, quien perdió la memoria sobre todas las criaturas que tenía apuntadas en su interior. Pero esto no le ha sucedido por culpa de la edad, sino de Bowsy, que en uno de sus típicos líos acaba llevándose al libro hasta la isla de los Yoshis y perdiéndolo allí. Por suerte, los Yoshi son unas criaturas curiosas y amigables, así que tras conocer al Profesor Leo, deciden echarle una mano (¿pata?), ofreciéndose voluntarios para entrar en sus páginas y redescubrir a todos los seres que las habitan. Y, de paso, todo lo que hace cada una de ellas, porque cada uno de los niveles es un hábitat diferente y, como sucede en la vida real, las criaturas que viven allí están adaptadas a su zona, por lo que todas se comportaran de forma diferente (incluso entre ellas). 

Una de las cosas más importantes de este título es que, si bien parece que es un plataformas de toda la vida, en realidad es todo lo contrario. No tenemos una meta al final del nivel, no podemos morir y los enemigos no existen, salvo alguna criatura un poco enfadada que nos dará una colleja. Lo único que hay es curiosidad, énfasis en la exploración, y la pregunta constante de qué pasará si hacemos algo. Quizá, por todo esto, podamos pensar que es un juego para niños, con esa estética de cuento, los colores inundando los escenarios y la música más alegre de la existencia, dándonos la sensación de ser un juego tranquilito y sencillo. Nada más lejos de la realidad, y os puedo asegurar que como le deis el mando a un niño os lo devolverá pronto porque se va a encontrar con situaciones que, para completarlas, vamos a tener que hacer alarde de nuestros años de experiencia con juegos que exigen precisión y buen control. Que no todo va a ser tirarle un huevo a una flor. 

Debajo de la capa de ternura que nos muestra Yoshi and the Mysterious Book nos encontraremos una cantidad de sistemas de juego muy bien pensados, y es que cada una de las criaturas tiene un montón de descubrimientos posibles. Algunos son lo que nos podemos imaginar desde un principio, como tirarle un huevo, saltarle encima o lamerla, pero otras nos requerirán cargar con la criatura a cuestas, llevarla de un punto a otro del nivel para que interactúe con otra, o darle cosas de comer para que haga algo distinto. Otras, sin embargo, dependen también de cómo esté configurado el entorno, de si hay agua o flores o piedras.

El juego va a ir apuntando todas y cada una de las cosas que vamos haciendo y añadiéndolas al bestiario del Profesor Leo, quien además irá rellenando cada una de las entradas con ilustraciones a medida que las vayamos completando, y dándonos como recompensa unas estrellas que nos servirán para ir desbloqueando más capítulos. Todo ello, en un loop que se parece más a un juego de puzles que a uno de plataformas, aunque en todo momento sigamos manejando a Yoshi como siempre lo habíamos hecho. Esto influirá directamente en la manera en la que acabaremos relacionándonos con los niveles, porque en esta ocasión no buscamos llegar al final, sino ver qué nos hemos dejado. Y, si no me creéis, veréis como pronto dejaréis de lado el enorme cartel de salida que nos aparecerá cuando descubramos ciertas cosas de cada nivel, simplemente para ver si todavía nos quedó algo atrás. 

Tengo que reconocer que, a pesar de lo mucho que quiero a Yoshi, las criaturas que habitan el libro son de lo mejor que nos podemos encontrar, porque todas tienen una lógica interna coherente, tanto con lo que estamos viendo como con el bicho o planta a la que nos recuerda en la vida real. Unas ranas musicales que emiten notas al caerles encima, un pájaro paraguas que podemos usar para caer más despacio, una babosa que cuando la lanzas se comporta como un bumerán… todo funciona y, a su manera, tiene sentido, por eso la solución a lo que queremos hacer está siempre ante nuestros ojos, solo nos queda atar cabos. Y lo que hace que todo funcione no es solo la enorme cantidad de ideas que propone, sino el ritmo al que se van introduciendo, porque es un juego que nunca deja que una mecánica se oxide. Y es que cuando empezamos a pensar que no tenemos nada más que sacarle a alguna criatura, pasamos al siguiente nivel y nos encontramos algo completamente diferente, evitando siempre reciclar conceptos y dándonos algo que no esperábamos, de esa forma tan Nintendo que tan bien conocemos. 

Poco puedo decir del apartado audiovisual sin repetirme, porque sin ninguna duda Yoshi and the Mysterious Book es un juego que no es solo que sea bonito, sino que el estilo artístico tiene una coherencia con su propia historia que hace que todo encaje perfectamente. Los escenarios tienen ese aspecto de ilustración tradicional similar a los cuentos infantiles, y los personajes se mueven con un framerate reducido que hace que parezcan animados en stop-motion, como si estuviésemos moviendo recortes a través de un libro. Por otro lado, la música cumple en todo momento, adaptándose a cada bioma e incluso al tipo de criatura que lo habita, pero tengo que reconocer que no es tan pegadiza como en títulos anteriores. Un mal menor, teniendo en cuenta que llevo 28 años con la misma melodía en la cabeza. 

Yoshi and the Mysterious Book es un título que espera que le ofrezcamos toda nuestra curiosidad y, si lo hacemos, nos recompensará con creces. Si llegamos buscando un plataformas al uso quizá nos resulte extraño, e incluso fácil, al no necesitar completar todo al 100% para acabarlo, pero si decidimos darle nuestra atención e investigar, nos acabará enganchando más de lo que esperamos. Es un juego que decidió con mucha claridad qué es lo que quiere ser y lo es sin pedir disculpas, incluso si eso hace que no convenza a todo el mundo. Y eso también está bien, porque la etiqueta de “no es para mí” no solo pertenece a los juegos difíciles, sino también a los que arriesgan, a los que experimentan con su propia fórmula sin perder su esencia. A los que nos permiten quedarnos a mirar y a preguntarnos qué pasa. Aunque no a Yoshi, porque a Yoshi lo quiere todo el mundo.

Cómprame un café en ko-fi.com

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.