Análisis de Woodo
16/09/2026 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Hay videojuegos que nos permiten satisfacer aquellos pasatiempos que no podemos tener fuera de este entorno digital. Sea construir la maqueta de una ciudad entera o completar pequeños dioramas, a menudo no es tanto una cuestión económica, que también, sino de espacio. Y es que vivir de alquiler y/o no poder permitirse un lugar especialmente amplio puede reducir bastante nuestras opciones. Porque a ver dónde metemos todas esas piezas y herramientas necesarias, dónde guardamos las cosas en construcción y qué hacemos con el cacharro ya montado. O cómo gestionamos todo esto cuando toca mudarse. Sin duda, tener algunos pasatiempos que nos alejen de las pantallas puede ser un auténtico quebradero de cabeza. Por suerte, juegos como Woodo nos permiten disfrutarlos de la forma más realista posible… y le añaden un poquito de historia.
Este relajado puzle 3D comienza antes de ver la pantalla de inicio, poniéndonos manos a la obra tan pronto como abramos el juego. Una sencilla introducción que nos servirá a modo de tutorial para familiarizarnos con la forma de interactuar con piezas y escenarios. Y si bien resulta bastante intuitivo en sí mismo, no está de más aprender algunas cosas que quizás se nos escapen. Por ejemplo, que no necesitamos arrastrar un clic, sino que bastará con pulsar sobre la pieza del cajón que queremos colocar y volver a pulsar sobre su posición final. O que al poner una pieza, se completarán automáticamente sus iguales.
Conforme vayamos avanzando en nuestro diorama, Foxy nos narrará su historia a modo de cuento infantil. Y esta no es otra que la del verano que tuvo que pasar en el pueblo, alejada del WiFi, con su primo Ben. De modo que nos sumergiremos en un cuento interactivo en el que construiremos diversos escenarios, desde los detalles más pequeños. Y dado que los objetos no permanecerán estáticos, sino que realizarán pequeñas animaciones, veremos cómo la maqueta cobra vida pieza a pieza. Reaccionando a nuestro roce y pudiendo interactuar con algunos elementos como walkie-talkies, luces, puertas o cajones.

En ocasiones, necesitaremos completar maquetas más pequeñas, a modo de escena o de elemento del escenario, para desbloquear piezas del diorama. Por lo que no siempre seguiremos el orden del cajón de piezas sino que nos deslizaremos rebuscando las más adecuadas en cada momento. Podría decirse que actuaremos a diferentes niveles del conjunto, lo que aporta ese componente de rompecabezas a Woodo. Sin llegar a ser frustrante ni agobiante en ningún momento, manteniendo el aire relajado que invita a acompañar la partida con galletas recién horneadas y una bebida caliente. Sobre todo porque jugaremos exclusivamente con el ratón.
Además, la interacción con las piezas es mínima en cuanto a pulsar y colocar. No podremos ampliar o reducir su tamaño ni las giraremos sobre sí mismas. Estos movimientos quedan restringidos al propio escenario y serán necesarios para colocar cada cosa en su lugar. Lo que sí veremos será cómo las piezas del cajón adaptan su perspectiva a la de su posición para que sea más sencillo ubicar dónde van situadas. Y si todavía nos cuesta dar con el sitio, siempre podemos pedir una pista. En cualquier caso, no será difícil completar los niveles, y veremos cuánto hemos avanzado gracias a un sencillo indicador. Eso sí, que nadie se preocupe porque no hay reloj contra el que competir ni prisa por terminar.
De hecho, Woodo abraza por completo la etiqueta cozy. Desde el diseño de los escenarios y su acabado en madera hasta su paleta de colores y las animaciones de los diferentes elementos del diorama. Pero, sobre todo, aportando toda la sensorialidad que le permite el medio, yendo más allá de los sonidos ambientales, que por supuesto suman, y la melodía. Y es que la interacción con las piezas resulta tan placentera como cabría esperar en un puzle de madera. Incluso la propia narración nos transmitirá esa sensorialidad, invitándonos a sumergirnos y dejarnos envolver completamente. En especial si utilizamos auriculares. Algo en lo que influye, y mucho, que esté traducido y doblado en múltiples idiomas, entre ellos el nuestro. Y con los equipos al cargo acreditados.

Por su parte, la atención al detalle no se reduce exclusivamente a la sensorialidad, también al diseño y acabado de las piezas y escenarios. Incluso a la libreta que recoge el apartado de configuración, con algunas opciones de accesibilidad, los tutoriales y logros, y recopila la propia historia, así como relatos. Y es que desbloquearemos pequeñas historietas sobre algunos personajes conforme vayamos avanzando. Y los escenarios guardan secretos escondidos, aunque estos no quedarán registrados en ninguna parte, dificultando saber cuál o dónde nos hemos dejado alguno.
Afortunadamente, podremos regresar a los escenarios siempre que queramos. Incluso repetir un nivel al completo, o un elemento del conjunto, por el mero placer de volver. Algo que aporta cierta rejugabilidad a un título que, en sí mismo, no nos llevará más de 4-5 horas terminar. Y es que si bien podría incluir muchos más niveles, la realidad es que su historia acota perfectamente la duración del juego. De modo que, al finalizarlo, solo quedará la satisfacción de haberlo disfrutado de principio a fin, y no la sensación de que podría haberse ampliado. Además, la forma de interactuar con el bioma cambiará en algunos niveles, aportando cierto dinamismo a aquello de colocar piezas en el lugar correspondiente.
Woodo es un sencillo juego de rompecabezas que proporciona una experiencia sensorial que invita a sumergirse sin tener nada más de fondo. Tan solo colocarse los auriculares, prepararse un tentempié acorde y disfrutar dando vida a diversos dioramas de madera pieza a pieza. Con una atmósfera agradable y acogedora que no deja a un lado ni el humor ligero ni cierta tensión en su historia. Y un mensaje más allá del recuerdo de una infancia al aire libre. Sin sermones ni moralinas. Simplemente dejándonos llevar por lo que transmite y por cómo lo hace.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

