Esta fue la combinación de palabras que alguien puso en un buscador para acceder a esta página hace un par de días. Quizás solo fuera una tontería de alguien aburrido, pero a mi se me antoja casi como si estuviera pidiendo ayuda. “Socorro” —diría— ”no soy capaz de disfrutar de este juego como todo el mundo está haciendo”.

Y me sentí completamente identificada. Atraída por las buenas críticas y la dirección de arte, me compré The Witcher 3 en unas rebajas. Tras unas pequeñas misiones un poco incómodas (porque Geralt, para ser un mutante superhumano, parece que tiene reuma) y darme cuenta de que las partes en las que podías jugar con Ciri eran más bien escasas, lo dejé de lado. Mirándolo ahora con perspectiva, no fue el control torpe del personaje, la culpa la tuvo el arco del Barón Sanguinario.

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Dibujo de Jakub Rózaslski.

Había leído que éste era el mejor arco narrativo y cuando llegué a él, mi interés en el juego aumentó enormemente. ¿Qué extraordinarias aventuras me aguardaban en Percha del Cuervo? Pues ninguna. Phillip Strenger, el Barón Sanguinario, nos pide ayuda para encontrar a su mujer y a su hija. Lo que parece ser un secuestro, acaba siendo una huída desesperada de ambas, después de la paliza que el Barón propina a su esposa, Anna. Tras indagar con nuestros poderes de brujo-detective, descubrimos que Phillip había violado a su mujer y ella había acudido a unas brujas a deshacerse del bebé no deseado, acabando maldita como consecuencia. Esta misión tiene dos finales (cuidado, spoilers) Anna muere al recuperar su libertad y el Barón se suicida, o Anna queda en estado catatónico y el Barón se la lleva, muy arrepentido, para que se recupere.

Queridos guionistas de CD Projekt Red, esta trama no es novedosa ni arriesgada, Phillip Strenger no es un personaje interesante ni ambiguo, es un maltratador y un violador. Historias parecidas (salvando mucho las distancias, claro está) las oímos todos los meses en las noticias. No necesitamos otra trama en la que un maltratador tiene arco de redención, mientras que se castiga o se mata a la mujer maltratada. Esta parte me resultó tan devastadora y agotadora emocionalmente, que el juego se quedó aparcado varios meses. Sin embargo, durante ese tiempo no pude evitar sentirme mal. A todo el mundo parecía encantarle el juego, y a mí no paraba de darme patadas en la cara.

Fue coincidencia que el mismo día de la búsqueda maravillosa que da nombre a este artículo, leyera “Videogames are boring” de Brie Code, un toque de atención a los creadores de videojuegos. En el texto se señala que si un juego resulta aburrido al público, es que puede estar haciendo algo mal. Y, este caso, The Witcher 3 hace un pésimo trabajo de representación.

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Dibujo de felitomkinson.

En el mismo artículo, la autora habla de que le recomendó Skyrim a una amiga. Un día, dicha amiga llamó llorando desconsolada porque Lydia había muerto. “Todos tenemos una historia con Lydia” —comenta Code.

Yo no tengo una historia con Lydia, mi partida de Skyrim crasheó a los 40 minutos y desde entonces no he tenido energías de empezar una nueva. Pero tengo una historia con Sera. Porque dio la casualidad de que mientras mataba monstruos en Velen, estaba cerrando brechas en Thedas.

Dragon Age: Inquisition no es un juego perfecto, un poco más de diversidad no le haría daño, su historia principal es mediocre y la mayoría de las secundarias, terriblemente aburridas. Sin embargo hizo algo en lo que The Witcher fracasó estrepitosamente: me hizo sentir bienvenida. Ir a Skyhold era como estar en casa, podía beber en la taberna con Toro de Hierro y bromear sobre el dudoso gusto literario con Casandra. Pero mi personaje favorito, como ya dije, era Sera, ruidosa y chillona, con los pantalones más feos del mundo, pero los ojos más bonitos. Todo el romance con ella me hizo plantearme muchas cosas, tanto del mundo de los videojuegos, como de mí misma.

Sera no parece la típica chica de videojuego, tiene la nariz chata, el pelo mal cortado, es contestona y borde al principio, se aleja mucho de la pluscuamperfecta Ciri y de la siempre complaciente y dispuesta Triss. Y quizás por eso me enamoré de ella, porque, aunque fuera una elfa, sus conversaciones y la manera de comportarse se sentían mil veces más humanas.

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Y viendo que su principal trauma es su ascendencia élfica y no que sea lesbiana me hace pensar en que a lo mejor no es tan difícil hacer una representación natural de la sexualidad.

No puedo evitar pensar que un juego en el que podemos coleccionar cartas de corte erótico de las mujeres con las que nos acostamos, o en la que la mitad de su población activa son prostitutas (retratándolas como adornos y no como trabajadoras), no nos está mirando como a iguales. Incluso en las escenas de sexo, comunes en ambos juegos, se nota una abismal diferencia. Mientras que en The Witcher 3 están más cerca del porno dirigido a hombres hetero, con las clásicas tomas de pechos subiendo y bajando y culos redondos (ni un solo plano al culo de Geralt), estableciendo en todo momento una mirada masculina; en Dragon Age: Inquisition tenemos escenas más cercanas a una experiencia real, hay risas, accidentes y personajes vulnerables, hay culos y tetas porque tienen que estar, porque son una parte de nuestro cuerpo. Un juego muestra fantasías, el otro muestra personajes.

Al final del día, Dragon Age tiene la suficiente imaginación como para dejar el sexismo a un lado y pensar qué otro tipo de problemas se pueden plantear en un mundo fantástico. Y no sé por qué razón hizo tal búsqueda nuestro confuso visitante, pero sin duda mi mala experiencia fue por culpa de la exposición constante a un mundo abiertamente machista y lleno de violencia sexual hacia las mujeres.

Tal vez sea hora de cambiar la fórmula y encontrar una mayor variedad a la hora de plantear una jugabilidad y unas historias. De abandonar los protagonistas crujientes y barbosos por fuera y blanditos por dentro, de hacer otras cosas aparte de matar, de contar las experiencias de otro tipo de gente que no sea el hombre blanco cis heterosexual. Y por estas cosas hacen falta más iniciativas como Tru Luv, creada por la propia Brie Code, que acercan los videojuegos al público más alejado y aportan algo de frescura al medio.

Porque a mí también me da pereza jugar al the Witcher 3.

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