Hoy la saga Metal Gear cumple nada más y nada menos que 30 añazos. Ahí es nada. El 13 de julio de 1987, momento en el que lo estaba petando ‘I Wanna Dance With Somebody’ de Whitney Huston, sale a la venta Metal Gear para la MSX2, “a Hideo Kojima Game” cuyo protagonista se llamaba Snake por Rescate en NY,  en el que Big Boss era literalmente Sean Connery y que resultó ser un juego de infiltración por limitaciones del hardware. ¿Quién le iba a decir a aquel jovencísimo Kojima de veintipocos años que ese juego (en principio autoconclusivo) iba a dar lugar a una de las sagas más longevas y queridas de los videojuegos?

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Que sea viejuno no significa que sea moco de pavo. Fuente

El caso es que, contra todo pronóstico, el juego lo petó. Y claro, Konami quería una secuela. Pero Kojima había pasado página y estaba inmerso en el desarrollo de Snatcher, así que los peces gordos de la empresa decidieron seguir sin él y de ahí salió el obliterado Metal Gear 2: Snake’s Revenge; un juego más centrado en los tiros y la adrenalina y que no tenía el carisma del original. Con esto pasó algo parecido a lo del Quijote, que también tuvo una segunda parte un poco cuestionable escrita por otro autor, lo que motivó a Cervantes a escribir una segunda parte para quedarse en paz con su creación. Así que Kojima se puso manos a la obra y horneó Metal Gear 2: Solid Snake (1990).

La cosa podría haberse quedado ahí; al fin y al cabo, ese juego ataba los cabos del anterior. ¡Pero no! Tras unos años de barbecho dedicados a Policenauts y datingsims, Kojima volvió con el juego que le llevó al estrellato, Metal Gear Solid (1998). Por primera vez la saga pasaba al 3D (al parecer de ahí viene la coletilla de Solid, de lo “sólido” de los gráficos) y dejaba ver el director de cine que hay en él. En una época en la que la mayoría de triple A tiraban de escenas de CGI prerrenderizadas, MGS usaba el motor del juego para las cinemáticas y se valía de un guión enrevesado, una ambientación envolvente y una labor de doblaje admirable para transmitir su historia. Y me es imposible no mencionar el fabuloso doblaje al castellano con Alfonso Vallés como Solid Snake, que además dijo la primera palabrota doblada al castellano en un videojuego (el celebérrimo “¿pero qué coño?”).

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Aprovecho esta captura de MGS para decir que Otacon se merece todo lo bueno del mundo. Fuente

En pocas palabras, MGS fue un éxito mundial vendeconsolas. Y claro, Konami quería una secuela. Kojima no estaba muy convencido, para él no había más historia que contar, pero terminó cediendo y unos pocos años más tarde, en 2001, salió Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty. Un juego bastante revolucionario para la época, no sólo por los flamantes gráficos, sino por los temas con los que lidiaba (la libertad individual vs. el bien común, la sobrevigilancia, los memes, la propaganda…) que siguen estando de rabiosa actualidad. Mucha gente se quedó en la superficie, en que le habían cambiado a su varonil Solid Snake por el andrógino Raiden, pero eso no hizo que el juego vendiese menos; incluso vendió más que su predecesor. En lo personal quiero decir que me pareció revolucionario que, además, en este juego hubiese una mujer con las axilas sin depilar y un vampiro bailaor bisexual. En 2001. Toma ya.

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Estaba pensando qué pie ponerle a esta imagen pero creo que es mejor no poner nada. Fuente

Ya sabéis lo que probablemente dijo Konami y lo que le respondió Kojima, pero este último juego había dejado unos giros de guión con los que era muy difícil lidiar y, aunque quisiese, ¿qué iba a hacer? Kojima decidió escurrir el bulto e irse al pasado para traer Metal Gear Solid 3: Snake Eater (2004), a día de hoy considerada la vaca sagrada de la saga.

Esta entrega transcurría en los años 60 con un inocente Snake que pasaría a ser Big Boss y era una suerte de parodia/homenaje a las películas de James Bond. Por primera vez, Metal Gear dejaba los ambientes opresivos para dar paso a la jungla, con sus bichillos y sus cosas. Era una jungla un poco pasillesca, pero a pesar de todo te daba la sensación de estar en plena naturaleza. Sin embargo, lo más destacable del juego es (como en todos) su desgarradora historia y sus carismáticos personajes (quien no quiera con locura a The Boss y a Ocelot que tire la primera piedra). Estaría genial que en vez de haberlo resucitado como una Pachislot, Konami sacase un remake como tal, por favor.

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Ilustración de Noriyoshi Ohrai. Fuente

Kojima pensaba que, habiendo explicado el pasado de Big Boss y de dónde sacó la idea de bombero de hacer una nación-estado militar autárquica, podría haber dejado la saga estar. Pero los fans tenían muchas preguntas todavía y de esa necesidad de responderlas salió Metal Gear Solid 4: Guns Of The Patriots (2008), el juego que ostenta el récord Guiness a juego con la cinemática más larga (casi media horaza). Con eso y sus aproximadas 9 horas de cinemáticas os podéis imaginar cuántos cabos se ataron y como de solucionado dejó Kojima el argumento. El juego (con el que lloré como una condenada) nos presenta a un envejecido Snake (con un bigote muy feo) y explora un mundo en el futuro próximo en el que la guerra tiene una razón de ser meramente económica. De nuevo, es un juego que trata temas que siguen estando de actualidad y, por muy denostado que esté de puertas para fuera, lo recomiendo encarecidamente. A todo esto, MGS4 vendió aún más que los anteriores, lo cual daba pie a una secuela; pero no había más historia que contar… ¿o sí?

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Metal Gear Imserso.  Fuente

Así es, porque dos escasos años después salió (como describió Nacho Requena) el pequeño gran Metal Gear Solid: Peace Walker para PSP. Un juego que, en principio, iba a ser un spin-off sin demasiada importancia sin la dirección de Kojima, pero que acabó convirtiéndose en una pieza fundamental y que, a diferencia de los demás, encaja perfectamente con la siguiente (y tristemente última) entrega. Peace Walker, a pesar de tratar temas tan serios como la disuasión nuclear, los tratados de paz y las naciones sin ejército (y los ejércitos sin naciones) tiene un tono distendido y alegre; con batallas contra monstruos de Monster Hunter o citas en la playa. En esta entrega, además, se incluye por primera vez también el juego paralelo de micromanagement de la Mother Base que os perseguirá en sueños tanto como a mí.

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Peace Walker tenía unas cutscenes preciosísimas estilo cómic a cargo de Ashley Wood y Yoji Shinkawa. Fuente

Ahora damos un salto a 2014: salió a la venta Metal Gear Solid V: Ground Zeroes, el polémico prólogo de The Phantom Pain, que estrenaba el flamante Fox Engine y nuevo actor de voz para Snake (el mismísimo Jack Bauer). Terminaba con un cliffhanger (y con un tráiler de TPP) y nos dejó en ascuas hasta que, bastantes meses llenos de drama Kojima-Konami después, salió en 2015 Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, juego del que (junto a GZ) hablé largo y tendido. Esta última entrega, que dejó a muchos con un dolor fantasma (cómo no), supuso el fin de la saga como tal.

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El trío calavera. Fuente

La historia de Metal Gear habrá acabado pero, por suerte, todavía nos queda Kojima que, como probablemente sabréis, ya anda en su propio estudio desarrollando el enigmático Death Stranding, con el que vivo sin vivir en mí.

¡Feliz cumpleaños, Snake!

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