Russian Subway Dogs: un día de perros ruso

Russian Subway Dogs: un día de perros ruso

Buenas, camaradas

Bajo las bellamente decoradas bóvedas del metro de Moscú, millones de transeúntes hacen su recorrido diario, subiendo a un tren, cambiando de parada, subiéndose a otro y vuelta a empezar. Pero la humanidad no es la única especie que hace uso de estas serpientes de metal como método de transporte. Otras criaturas anidan en sus entrañas, moviéndose, reproduciéndose, alimentándose, acechando al ignorante rebaño humano.

Los perretes.

Russian Subway Dogs es un aceleradísimo juego arcade desarrollado por Spooky Squid Games e inspirado, según sus desarrolladores, en los perros vagabundos que habitan el metro de Moscú en la vida real. El juego nació de una game jam, la GDC Pirate Kart, y actualmente podéis encontrar su versión completa (recién salida este otoño de 2018) tanto para PC y Mac como para PS4 y PSVita. De hecho, y si tenéis curiosidad, en la página oficial del juego podéis incluso descargaros de forma gratuita el prototipo original creado para la jam que lo vio nacer.

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Bienvenido a las profundidades de Moscú

En esta pequeña maravilla pixel art de la imaginería soviética e incluso mitológica rusa encarnaréis a un adorable cachorrillo que, guiado por el gato Proletaricat, se embarcará en un viaje por las diferentes paradas de metro rusas para poder llenar el estómago. Ladrando a los despreocupados transeúntes que se bajan de cada metro y que deambulan por el andén en el que te encuentras, estos soltarán sus preciosos y deliciosos shawarmas que podrás (y deberás) devorar para aumentar tanto tu puntuación total como para evitar que tu stamina baje hasta límites peligroso debido a la inanición. Stamina que, además, necesitaréis para saltar y agarrar esos shawarmas al vuelo, puesto que si caen al suelo se deterioran y pasan a valer sólo la mitad de su puntuación original.

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El estilo pixel art es cuquísimo

¡Pero nada es tan sencillo! No puedes ladrar sin ton ni son, ni tampoco saltar de forma descuidada, puesto que ambas acciones consumen tu stamina. Y los transeúntes esconderán su comida si te acercas de cara, por lo que deberás ladrarles por la espalda si quieres asustarlos lo suficiente como para que suelten sus pertenencias. ¡Y cuidado con los que beben vodka! Sus botellas explotarán dolorosamente contra el suelo cuando les asustes con tus ladridos, churruscando todo lo que toquen (tu perrete incluido) y asustando en cadena a cualquier otro camarada que pase por ahí en ese momento… y también duplicando el valor en puntos de cualquier comida que hagan a la brasa con sus llamas. Para más inri, no basta sólo con sobrevivir a cada nivel: necesitas llegar a una puntuación mínima antes del tiempo límite en cada parada para que las puertas del último tren se abran y puedas completarlo, y así pasar al siguiente. De repente cocinar esos shawarmas a base de vodka se convierte en una prioridad, así como cazarlos al vuelo.

Y entonces entra en juego la competencia: desde dóbermans que se comerán cualquier comida que caiga al suelo y no recojamos, a caniches que saltarán a por cualquier cosa que suelten los transeúntes, pasando por osos, alces, palomas y cosas peores. En general, asumid que cualquier fauna que haga acto de presencia y no sea vuestro perrete, es vuestra enemiga de una forma u otra. El explosivo vodka se convertirá en vuestro amigo a la hora de derrotar y quitar de en medio a este zoo de oportunistas subterráneos… y por lo que más queráis, no dejéis que un alce en llamas frenético os persiga por un andén.

Cuanto más avancéis en este extenso y surrealista metro ruso, más enemigos, sabrosas (o peligrosas) comidas y transeúntes desbloquearéis, en diversas y loquísimas combinaciones. Cada parada tendrá además misiones secundarias para completar y poder desbloquear MÁS paradas, e incluso desbloquearéis nuevos personajes con los que jugar en busca de deliciosos shawarmas: desde el propio Proletaricat hasta cameos de lujo como el perro de This Is Fine o los Shibas Nacho & Rad de VA-11 HALL-A. Lo que sea con tal de llevarse algo caliente para comer de las manos de los incautos usuarios del metro.

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Tenéis misiones para rato

El juego en sí, adictivo como es, es puñetero. Los controles por defecto no resultan del todo intuitivos en esta era de Nuestro Señor el WASD, y muy probablemente tengáis que cambiarlos para adaptarlos a vuestras manitas y reflejos. El perrete coge una inercia considerable a poco que avances, haciendo que cogerle el tranquillo a la potencia y distancia de salto para pillar los shawarmas el vuelo sea complicado. El tradicional método de aprendizaje de The Binding of Isaac, conocido como “tú ve muriendo que tarde o temprano le pillarás el truco”, parece ser la escuela a la que ha acudido Russian Subway Dogs, donde se sacó el máster y ahora está cursando un doctorado. El salto es la clave del juego para conseguir multiplicadores acumulativos en todo lo que comáis, y fallar un salto y perder el shawarma (y el multiplicador) por un par de milímetros resulta bastante frustrante. Que se te acabe el tiempo y tengas que ver a tu perrete estirar la pata de hambre porque no tienes puntos para abrir las puertas del tren final es demoledor (y frustrante).

Y luego está el vodka, la segunda clave del juego. Tus ladridos no sólo pueden controlar su caída, cambiando su dirección o incluso sosteniéndolo en el aire cual jugadora de fútbol en un concurso de toques, sino que también multiplican su valor. Un rebote con tu ladrido hará que toda comida cocinada en la explosión (y todo competidor churruscado) valga el triple, no el doble. Dos ladridos, el cuádruple. Tres, el quíntuple. Y así sucesivamente. ¡Incluso incrementarán el modificador de cualquier otra botella de vodka que hagan soltar a su usuario de metro en la explosión! Un ataque etílico bien controlado os dará las claves de la victoria y os dejará el andén como una patena de limpio. Si no fuera, claro está, porque si fallas ladrándole al vodka, este te explotará en la cara, perdiendo su modificador y parte de tu stamina. O porque si no le ladras bien puedes enviar la botella a San Petersburgo y perder tu única baza a la hora de aumentar la puntuación. Se controla un poco mejor que el salto, todo sea dicho, pero aun así, camaradas, SE SUFRE.

This is fine

¿En el apartado artístico? Impecable. El pixel art de Russian Subway Dogs es cuquísimo y muy divertido, las animaciones están muy bien cuidadas y las recreaciones de las diversas paradas del metro de Moscú (y otras cosas aún más raras) son preciosas. La banda sonora, de Peter Chapman, es pegadiza y se complementa a la perfección con el ritmo frenético de los diversos niveles del juego, y aún no se me ha hecho repetitiva. Incluso el guión (que ya ves tú qué guión te esperarías de un jueguico así) está muy bien cuidado y resulta muy divertido, lleno de puns y chistes diversos de perretes, gatetes y la Madre Rusia. Las interfaces y mapas del metro son también igualmente bonitas, aunque de nuevo los controles básicos iniciales pueden hacer un pelín confusa la navegación en momentos puntuales.

Si os gustan los arcades de la vieja escuela, los juegos con dificultad a lo Binding of Isac y la imaginería rusa, os recomendamos muy encarecidamente Russian Subway Dogs. Le echaréis horas, de esas que vuelan sin siquiera percatarte mientras vas sacando niveles y repitiendo los antiguos para desbloquear a un nuevo perrete o superar tu propia puntuación. Que sus partidas sean cortitas pero intensas lo hacen ideal como juego al que echar un vicio rápido cuando sólo tienes quince minutos libres. Si en cambio os gustan los juegos más tranquilos, con jugabilidad más asequible y contra los cuales no queréis estar dándoos de cabezazos durante varias horas hasta pillar el ritmo exacto en el que capturar al vuelo Ese Maldito Shawarma Que Tanto Os Ha Costado Multiplicar Y Siempre Se Os Escapa, mejor dejadlo estar.

Y un último consejo, ahora que Halloween aún está reciente.

Cuidado con la Abuelita.

 

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Glitched Ghoul
Glitched Ghoul

Juego a cosas y muevo cadáveres.

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