No Man’s Sky Next, vueltas y más vueltas

No Man’s Sky Next, vueltas y más vueltas

Abro los ojos y me encuentro en un lugar familiar, pero no se parece a lo que vi antes de cerrarlos, hace ya tanto tiempo. Me siento como en uno de esos momentos en los que estás dormida pero consciente. Esos momentos en los que tratas de controlar inútilmente lo que sucede a tu alrededor. Trato de despertarme del todo y lo consigo.
Un pitido me da la bienvenida. ¿Por qué suena la alarma de radiación? Estaba en un lugar tranquilo. No entiendo nada. Una voz artificial me insta a buscar sodio. “Busca la planta color naranja” aparece como ayuda en mi visor. Automáticamente busco con mi escáner, sólo para recibir un pitido de que está roto. No recuerdo nada de cómo he llegado allí ni el aspecto de lo que busco, así que miro a mi alrededor desesperada mientras la voz me indica cómo el escudo va bajando. No quiero alejarme del lugar, por qué no seré capaz de volver. Pero debo hacerlo, o moriré, ya que debo seguir buscando.
Me queda menos del 10% del escudo cuando veo una suave luz naranja que apenas destaca frente al paisaje rojizo-anaranjado que me rodea. La cojo y la voz me indica cómo recargar mi traje. Suspiro de alivio al ver cómo la barrera sube de nuevo. Sabiendo cómo es la planta que necesito, me relajo y me fijo en mi alrededor.

Llevaba dos años sin jugar a No Man’s Sky cuando decidí retomar mi antigua partida. El aviso de que se me había movido de sitio y transformado mi inventario para adecuarse a Next me hizo empezar una partida nueva. Fue un acierto, porque no recordaba nada.

La voz me vuelve a hablar y va dándome instrucciones: recolecta polvo de ferrita para reparar el escáner, busca la nave, recolecta recursos… Me indica paso a paso cómo sobrevivir. No recuerdo nada: quién soy, cómo he llegado allí… pero al mismo tiempo las acciones me resultan familiares, como si hace mucho las hiciera sin pensar. Ni siquiera soy capaz de ver mi propio aspecto, embutida como estoy en un traje naranja. Un casco opaco me permite respirar este aire extraño, pero al mismo tiempo me impide ver mi rostro. Sólo soy consciente de que llevo una mochila pesada en la espalda y mi escáner reparado, no deja de dar vueltas, registrando todo lo que ve. Almacena la información, ávido de ella.
Como yo.

Lo primero que me chocó al recuperar mi partida es el hecho de que la vista ha pasado a ser en tercera persona de forma automática. Aunque me gusta más una cámara en tercera persona (tengo ojos en la nuca), creo que esto es un fallo porque rompe el total anonimato que tenías antes, donde podías ser cualquier cosa. Aun así, te dan un aspecto antropomorfo, pero oculto por el traje. Se ha perdido parte del misterio, pero no todo.

He visto un reflejo en la lejanía y he dejado de lado la voz para explorar un poco a mi alrededor. Encuentro un monolito. Es como si alguien lo hubiera estado cargando, lo dejara un momento y se marchara, olvidándolo. Al posar mi mano sobre él, reacciona iluminándose y de golpe recuerdo una palabra, “intruso”. También recuerdo que es del idioma de los Vy’keen. Este descubrimiento me motiva a seguir buscando. Tal vez si recuerdo más palabras sea capaz de averiguar qué me ha pasado. La voz me avisa de que debo buscar una señal. Es como una alarma programada para que no vuelva a olvidar quién soy y qué hago aquí. Me promete respuestas, pero el vasto paisaje que se despliega ante mí es más tentador. A duras penas consigo dirigirme hacia la señal.

El sol está cayendo cuando llego a la fuente de la señal. Me da algo totalmente nuevo y desconocido para mí: planos de máquinas y paredes. E instrucciones, más instrucciones, que esperan pacientemente a que les haga caso en mis paseos. Vuelvo a desviarme de mi objetivo porque he visto un ser vivo, ¿será hostil? Me acerco lentamente, examinándolo con el escáner en la distancia. “Naturaleza: Tranquila”. Me relajo y sigo con mi camino, sin preocuparme de tener que huir por si decide atacarme. El ser vivo se acerca a mí como buscando algo. Le doy un poco de una planta que he recolectado hace poco. La devora en un momento y me devuelve un gesto que mi escáner y yo interpretamos como de felicidad.

Una de las nuevas inclusiones del juego fueron los planos y la construcción de la base. Esto es algo que de momento me produce sentimientos encontrados. Por un lado tendré más espacio en el inventario, pero por otro, el hecho de tener un lugar al que volver me rompe un poco la experiencia exploratoria y de no volver nunca a un mismo lugar, que es parte de la magia que tiene para mí el juego. No he hecho nada con ellas aún, salvo seguir el tutorial, así que tampoco puedo contaros más.

Han pasado dos días. La voz me guía de nuevo, esta vez a una construcción. Las anteriores estaban deshabitadas o invadidas por vegetación hostil. Este edificio reluce y ninguna máquina chirría. Tras terminar de explorar el exterior y los edificios secundarios, entro y descubro a un ser vivo bípedo que me saluda en un idioma que desconozco. Mi presencia no le inquieta, como si fuera lo más habitual. Me acerco a hablar con él y entiendo una palabra. “Intruso”. Es frustrante encontrarme a alguien por fin y no entenderle. Incluso necesito que la voz de mi traje me indique si sus gestos son hostiles o amigables. El ser me trata con una indiferencia que es fácil que pueda volverse hostilidad. Al ver mi mochila y que no le entiendo, me muestra en su pantalla una serie de imágenes. Gracias a la voz comprendo que me ofrece un trueque: algo de su lista a cambio de información. Sólo dispongo de un poco de sodio que darle y como recompensa me da una nueva palabra “Condensado” para proceder a ignorarme. Aprieto los dientes de frustración, ante la aparente inutilidad de esa nueva palabra. La voz me recuerda lo que estoy buscando aquí. Me acerco a la consola, una especie de gran ojo rojo que me observa. Por suerte esto me habla en un idioma que entiendo, pero nada más. Me da unas coordenadas, así que parto, tras comprobar que no hay nada de utilidad en el edificio.

El mayor acierto que le encuentro al juego es la incapacidad de comunicarse con otros seres vivos. Es realista que no sepamos los idiomas de especies totalmente distintas, sólo palabras sueltas. También el hecho de que no sepamos interpretar las intenciones de una raza nueva para nosotros y podamos ofenderles sin querer. Es algo que es fácil que suceda.

Llego a mi destino y me quedo sin aliento: una gigantesca nave está enterrada en el suelo. ¿De quién era? ¿Qué sucedió? Más preguntas sin respuesta. Me acerco a la antigua consola para ver qué sucede. Obtengo una lista del cargamento de la nave. “Antimateria”, lo que necesito para poder abandonar este sistema. Me pongo a excavar el terreno, en busca de los antiguos contenedores, sin saber qué habrá exactamente en ellos. Debo librarme de materia superflua, como el carbono condensado, para hacer hueco a nuevas materias valiosas y elementos que no sé muy bien qué hacen, pero atesoro por si acaso.
Una vez tengo todo, con gran dolor, decido abandonar este planeta. Fuera, el espacio se abre. Veo varios cuerpos planetarios ante mí. Mi escáner revela también una señal misteriosa. La voz me sugiere investigar y le hago caso.

Veo cómo poco a poco surge ante mí una gigantesca esfera. Al acercarme, la nave reduce bruscamente la velocidad para evitar estrellarnos. Rodeo el misterioso cuerpo, hasta que veo un haz de luz, al que me dirijo. Parece la entrada y mientras trato de discernir qué es arriba y qué es abajo, noto cómo la gravedad envuelve mi nave y la guía al interior. Me tenso, esperando una trampa, pero mi nave aterriza suavemente en una plataforma, mientras otras naves entran y salen de la estación. Bajo y nadie me recibe, lo que es un alivio. Tengo dos rampas a los lados y decido encaminarme primero a la izquierda. Encuentro más Vy’keen. Vendedores de planos y objetos exóticos. Me piden nanites y no unidades para comerciar. Por suerte, de mis exploraciones he conseguido una pequeña provisión y puedo coger alguna mejora para mi exotraje. También me ofrecen mejoras más mundanas por unidades.
Me dedico a curiosear y encuentro un aparato misterioso. Al ponerme encima de su plataforma, quedo encerrada en un tubo y me muestran un catálogo de trajes y lo más importante: mi reflejo sin traje. Uso mis manos para palpar todo mi cuerpo y mi rostro, para fijarlo en mi memoria con el tacto, además de con la vista. Sigo sin recordar nada, pero ahora ya he recuperado algo de mi propia identidad.

Decido seguir con el traje, aunque le cambio los colores y escojo otros complementos que se ajustan más a mis gustos. Prefiero el anonimato que me da este traje. Puede que cuando esté segura de quién soy (por el recuerdo o por decisión) sí me muestre al resto. De momento no, seguiré siendo un ser desconocido.

Me enfadó bastante descubrir que puedes cambiar tu aspecto a una de las razas aliens si quieres. Esto destruye también mi headcanon de que las diferentes especies alienígenas pueden no llevarse bien entre ellas. Pero lo que más me molesta es la pérdida del anonimato. El poder escoger en cualquier momento qué raza eres es algo que me rompe mucho. Podría entender un propósito narrativo (en un juego que aparentemente carece de él) si te modificaras en cada muerte y no recuperaras tus objetos de tu tumba. Es algo que deberías escoger tú, creando tu propia historia, como hace el juego de continuo.

Visito y exploro varios planetas y sistemas. Algunos hostiles, otros agradables. Empiezo a ver robots de vigilancia que no se toman muy bien que recoja los recursos del planeta. Encuentro nuevas razas, como los Gek. Me arrepiento haber vendido aquella reliquia cuando me ofrecen información por una antigua reliquia de su especie. Como con los Vy’keen, sólo conozco dos palabras de su idioma, todo gracias a los monolitos que no dejo de encontrarme y buscar por los planetas. Sigo mis viajes, siempre buscando. Hasta que me topo con una misteriosa señal que me promete respuestas. Acudo al lugar sin dudar ningún momento.

Al llegar al nuevo sistema no veo nada, ¿habré puesto el rumbo incorrecto en ese lioso sistema de navegación? La voz de mi traje vuelve otra vez para guiarme. “Usa el escáner”. Me siento idiota por no haber hecho algo tan obvio. En cuanto lo activo, una esfera se materializa delante de mí y la esquivo por poco. Es totalmente distinta a las otras estaciones que he conocido. Los cierres rojos de las puertas no me transmiten tranquilidad, por lo que voy con mi recién adquirido lanzadardos preparado, dispuesta a volver corriendo a la nave.
Entro a una sala y veo a un Gek y un Korvax en silencio. Me acerco al Gek, quien me saluda en un idioma que comprendo. La sorpresa me deja muda y sin reacción. Dice que tiene respuestas, pero que no son gratis ni están aquí. Debo seguir explorando la galaxia, alcanzar su centro. Allí tendré la solución a mis problemas. Me dice que no tenga prisa, que explore y que la línea recta no es el camino más corto. Me promete recompensas por mis escaneos.
Las investigaciones de la fauna y flora que he estado haciendo por diversión parece que van a tener otra utilidad. Este encuentro me llena de esperanza y aviva mi afán de exploración. Le doy unas gracias balbuceantes y abandono la misteriosa estación, directa a estas nuevas coordenadas.

Nada más llegar, las alarmas de la nave empiezan a pitar. ¡Piratas espaciales! El convoy de cargueros no deja de pedir auxilio. Mi primera reacción es salir corriendo sin mirar atrás. Pero algo dentro de mí me impide dejarles abandonados a su suerte, por lo que empiezo la persecución de las naves enemigas. Destruyo todas con más suerte que habilidad y recibo un mensaje del responsable de la flota. Me pide que me acerque a su nave para recompensarme. Unas coordenadas aparecen en mi pantalla y aproximo mi nave hasta allí.
Me guío con las indicaciones que recibo para llegar al puente de mando, donde tengo un encuentro con un cansado Gek. Dice que abandona, que bastantes piratas espaciales ha visto en su vida y que me deja el carguero para que haga con él lo que quiera.
No entiendo muy bien lo que pasa, pero que le haya entendido indica que es importante para mi búsqueda. Asiento y tomo esa responsabilidad, sin saber muy bien qué hacer con ella. Cojo el asiento que ha dejado libre el Gek, y me dedico a contemplar el panel de mandos, mientras trato de decidir cuál es mi siguiente paso.

He de confesar que no he probado los cargueros porque no he encontrado la forma de construir las cosas que me piden aún.

La cosa que sí he podido probar mucho es el fundidor portátil de metales, porque es divertido ir purificando chatarra y líquido viscoso hasta obtener materiales valiosos. Hay cosas que no han cambiado, como la gestión de las interfaces, que es mejorable, y la traducción sigue teniendo los mismos detalles que chirrían (QUE ME QUEDO SIN ESCUDO, NO SE ESTABILIZA). No Man’s Sky Next es un nuevo juego de alguna forma, pero al mismo tiempo no.

El núcleo del juego permanece intacto: tienes un millón de mundos, una nave y una multiherramienta. Elige lo que haces. Y ahora puedes elegir más opciones de eso. Porque aunque el “objetivo” es llegar al centro de la galaxia, con la promesa de respuestas, nadie te dice cómo ni cuándo debes hacerlo. Puedes perderte y que te lleve mil años alcanzar ese centro. Porque No Man’s Sky son los planetas que nos encontramos por el camino.

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Darkor_LF

Difusora de la palabra de Pratchett a tiempo completo. Defensora de causas pérdidas e inútiles. Choconiños o barbarie. Hipster por necesidad. Tengo una pipa falsa. +50 en pedantería.

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