Largo domingo de marzo

Largo domingo de marzo

Empiezo a escribir esto a las 11:23 del 25 de marzo de 2020 según el reloj de mi ordenador. El problema es que es mentira porque desde hace diez días es domingo a las 8 de la mañana. Desde que se decretó el estado de alarma en España por culpa del Coronavirus SARS-CoV-2 es como si el tiempo se hubiera quedado congelado. La sensación general es la irrealidad, donde las cosas no terminan de encajar en el mundo. En las redes sociales no dejan de verse noticias y comentarios de todo tipo, como la gente señalando con el dedo a las personas que se saltan el estado de alarma. O las imágenes de baldas de supermercados vacías por la histeria y el egoísmo (he visto a gente llevarse seis rollos gigantes de cocina). Si las redes sociales polarizan, en este estado de crispación es casi mejor ni entrar en ellas para evitar saturarte de noticias.

Aunque esto nos lleva a perdernos los gestos amables: la red de apoyo ciudadano del barrio de Vallecas para crear una red de cuidados. Médiques ofreciéndose a resolver dudas médicas menores para evitar saturar los centros de salud y hospitales. Gente poniendo de forma gratuita sus obras o servicios. Museos haciendo visitas virtuales… Sólo fijarnos en las cosas malas y terribles es fácil, pero desde que la cuarentena empezó en España, las redes sociales han ido usándose para crear redes. Servicios como Discord o Twitch han aumentado el ancho de banda o subido el número de personas por chat mientras dure esto para que la gente mantenga contacto online. En contra de lo que se podría pensar por culpa de todo lo que vemos, el apocalipsis no está siendo un “todos contra todos” sino un “todos por todos”.

He hablado muchas veces de cómo las historias son lo que nos moldean y nos hacen ver el mundo, y de cómo el hopepunk es necesario. Por que lo es. Necesitamos aprender y saber que hay otras formas de hacer las cosas. En el último año he asistido a varias charlas donde se ha tratado el tema de las distopías en la literatura como algo que invita a la desesperanza, o que casi parecen un manual de instrucciones. Los apocalipsis y postapocalipsis que se muestran siempre son pochos. Así que es fácil que nos choque esta imagen de gente siendo amable. A no ser que hayamos jugado Death Stranding, que entonces todo nos resulta terriblemente familiar.

Death Stranding mulas

El escenario que tenemos en Death Stranding es uno donde ha sucedido un evento que ha provocado que la gente viva aislada y separada, salvo en refugios más grandes que actúan de ciudades. Se nos habla de que el contacto físico entre personas se ha visto reducido y nuestra misión consiste en ir conectando los refugios y crear una red de apoyo. Puede que nos suene un poco.

En el juego encarnamos a Sam, un repartidor que cruza los antiguos Estados Unidos conectando los distintos refugios a la red quiral. Esta red permite, además de la conexión con el resto de continente, imprimir materiales necesarios para la supervivencia de los refugios. El problema es que hay muchas cosas para las que sigue siendo necesario un repartidor, por ejemplo, para la comida o materiales más inestables. Así que nos encontraremos recorriendo el mapa de una punta a otra para llevar cosas como medicinas a un anciano en lo alto de la montaña. O cosas más triviales como un kit de costura para una cosplayer. Todos y cada uno de estos pedidos encierran una pequeña historia detrás y siempre es positiva. Por ejemplo, al completar esta misión recibiremos un correo de la cosplayer comentándonos que gracias a la red quiral ha contactado con otros aficionados al cosplay y van a hacer un concurso virtual.

En uno de los refugios opcionales, encontraremos un músico que decide usar la red para que la música vuelva a sonar y se creen nuevas piezas que alivien a la gente que vive en los refugios. En los tramos finales del juego, encontraremos un grupo de investigadores que usan la red para compartir sus descubrimientos y averiguar qué ha provocado el Death Stranding. Estos ejemplos los podemos encontrar en el mundo real, por un lado con la gente compartiendo sus creacciones de forma gratuita y por el otro, con una app que permite conectar los ordenadores a la red para aumentar la capacidad de computación y ayudar en la investigación del virus. Es importante que se muestre que todas las ramas de conocimiento son necesarias. Porque tanto el arte como la investigación son imprescindibles para el ser humano, como se está viendo día a día. Igual que se está viendo que, efectivamente, el ser humano es amable por naturaleza y la ayuda desinteresada al final es lo que nos mueve.

En Death Stranding, uno de los últimos mapas es una zona de montañas. Mientras que en los anteriores lugares podías ir con vehículos por la carretera, en esta última zona usarás tirolinas. Para poder crear un camino, deben estar a una distancia de máximo 250 metros y que no haya ningún obstáculo enmedio para unirlas. Aquí la estrategía es conectar todos los refugios posibles para tener la red quiral activa y crear un camino que te permita ir de un refugio a otro sin tocar el suelo. La cosa es que esta red de tirolinas se construye de forma común, queramos o no. Porque las mecánicas de Death Stranding están enfocadas a que seas buena persona. El funcionamiento se basa en un multijugador asíncrono, por el cual determinadas estructuras o materiales de determinados jugadores se comparten en tu partida. Así, la tirolina que has creado para ayudarte a llegar a lo alto de la montaña servirá de nodo a algún otro jugador. O esa escalera que has usado para cruzar un río o esa moto que dejaste abandonada servirán a otros jugadores.

Lo mismo sucede con los materiales, que puedes dejarlos en una taquilla pública o tirados por ahí y que pasen a ser de otro jugador. En el primer caso, es un acto consciente, mientras que en el segundo, puede ser que no puedas cargar más equipo que te acaben de dar, o lo pierdas por alguna caída o huida. En ambas opciones influye que el inventario es limitado y en ocasiones debes decidir qué sacrificar para poder seguir avanzando. Puede ser un arma que esté rota, o unos pares de botas nuevos, pues ya tienes de sobra. En cualquier caso, la base es la misma: la generosidad y ayudar a los demás, aunque no sea tu idea inicial.

Mientras juegas a Death Stranding, no dejas de encontrarte cosas: estructuras, materiales, carga perdida… En ocasiones, pasas de largo, pero en otras, vas más ligera y decides que esa entrega que ha perdido Pepita86 te pilla de camino y puedes desviarte un momento a ese refugio a completar el encargo. Cuando vuelva a iniciar la partida, le saldrá un breve mensaje de que su carga perdida ha sido entregada. Y que una de sus estructuras tiene 80 nuevos me gusta y lleva ya un total de 1230 me gusta de otres jugadores. Así que cuando llegue a un refugio, al abrir la taquilla pública a ver si hay una escalera, también recoge la carga de Star58 para entregarla por elle. Así se va creando poco a poco una red de generosidad, en base a las mecánicas del juego y porque un acto de amabilidad promueve otros.

Cuando estaba terminando de completar refugios, necesitaba usar un punto de escalada para bajar con seguridad. Al ir a ponerlo en el borde del risco me paré y retrocedí un par de metros para colocarlo. ¿Por qué? Porque en ese punto quedaba fuera de la red quiral. Y quien viniera detrás de mí lo iba a necesitar, así que no tenía sentido ahorrarme esos metros. ¿Hubiera actuado igual si no viniera de recorrerme media montaña sin tocar el suelo gracias a varias tirolinas de otras personas? Es probable que hubiera sido egoísta si hubiera hecho el recorrido por tierra. Pero todo el juego, todo el mensaje de Death Stranding me hizo ser mejor persona. Nunca sabré si ese anclaje de escalada sirvió a alguien al final. Pero ese no es un motivo para no hacerlo.

Estos días no dejo de pensar en Death Stranding y en cómo entendió cómo se iba a comportar el ser humano en un caso de este tipo. Con gente deseosa de unirse a la red quiral para compartir sus descubrimientos, gente dispuesta a llevar la carga de un punto a otro del mapa, gente dispuesta a mover una estructura a un punto donde venga mejor a todes, gente mandando mensajes de ánimo y apoyo a los repartidores… Kojima decidió que en caso de apocalipsis iba a mostrar la cara más amable del ser humano, y aunque parezca algo ingenuo, el día a día nos está demostrando que tenía razón. Que al final, el ser humano es bueno por naturaleza y que el apocalipsis no tiene por qué ser una caca.

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Darkor_LF

Difusora de la palabra de Pratchett a tiempo completo. Defensora de causas pérdidas e inútiles. Choconiños o barbarie. Hipster por necesidad. Tengo una pipa falsa. +50 en pedantería.

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