¡No me distraigas, que estoy concentrada, cocoones!

Análisis de COCOON

Análisis de COCOON

¿No os da la sensación de que hemos entrado en un vórtice temporal en el que hemos perdido la noción de cuándo salió qué? Quizás sea cosa nuestra, o de la ingente cantidad de lanzamientos bien jugosos que se han ido sucediendo en los últimos años, no sé. El caso es que COCOON salió hace ya un año y yo todavía lo estoy asimilando. Vale, sí, es cierto que no ha sido hasta que Meridiem Games nos ha traído la edición física que lo he jugado. ¡Pero una cosa no quita la otra! Por suerte, nunca es tarde si el jueguico es bueno, y en esta ocasión, la espera ha merecido la pena.

Para quien, como yo, llegue ahora a COCOON, se trata de una pequeña aventura de puzles del diseñador principal de Limbo e Inside. Si habéis jugado, os haréis una idea del estilo enseguida. Y es que si algo tiene en común con estos títulos, cada cual con su esencia y mecánicas, es que no sabremos qué está pasando. No seguiremos una trama con sus cinemáticas, diálogos y fragmentos de historia o personajes dispuestos a ponernos en contexto. Todo lo que extraigamos de nuestro viaje será producto de nuestras cavilaciones. Y si bien iremos siguiendo un hilo conductor que parece llegar a alguna parte, conectando cabos, no tendremos demasiada información.

Por suerte, como ocurre con Limbo e Inside, esto es lo de menos, porque aquí hemos venido a dejarnos llevar. Acompañaremos a una especie de polilla humanoide por diferentes mundos, y la mecánica principal del juego será rompernos la cabeza jugando con orbes. Estas pequeñas bolas de cristal contendrán mundos enteros, por lo que deberemos colocarlas en diferentes soportes para acceder a su contenido. O para abrirnos caminos que nos permitan avanzar, dado el caso. Y en la misma línea, cada esfera contendrá un lugar diferente, lo que nos obligará a viajar entre mundos.

Y esto no será todo, ya que les encontraremos otra utilidad cuando carguemos con ellas, debido a que cada una tendrá una propiedad que nos facilitará el camino. De modo que podremos revelar caminos invisibles, sólo accesibles con determinado mundo a cuestas, o activar columnas a modo de ascensor con otro. Y, por supuesto, deberemos jugar con el salto entre mundos para superar ciertas zonas. A veces, llegando a poner a prueba no sólo nuestra memoria, sino también nuestra capacidad de conectar mentalmente los diferentes lugares que atravesaremos. Aunque también habrá puzles más “cotidianos” consistentes en disparar a tiempo a un punto con otro orbe o encontrar y memorizar secuencias cortas de símbolos.

Captura de pantalla de Cocoon. Símbolos. Orbe Rojo.

De hecho, la única forma de desactivar algunas barreras será encontrar a un pequeño dron que nos irá abriendo paso. Y para acceder a éste, deberemos descubrir el orden de activación de cinco símbolos a nuestro alrededor. A continuación nos tocará velar por la seguridad de nuestro nuevo amigo hasta el lugar de depósito, lo que nos hará rompernos la cabeza de nuevo.

Pero no todo iba a ser relajarse quemando neuronas, ya que nos enfrentaremos a unos cuantos jefes. Nada demasiado difícil, todo sea dicho, pero lo suficientemente desafiantes como para tomar una postura más rígida en el asiento y focalizar nuestra atención. Y es que si algo pondrán a prueba será nuestra velocidad de reacción. Algo que no siempre va de la mano de tener que huir de un ataque o fijarnos en cuándo o cómo golpear. Por suerte, antes de cada combate, probaremos la mecánica del jefe en cuestión. Además, de una forma que se integra por completo en el camino. Es decir, no nos indicarán qué hacer como si de un tutorial se tratara.

Algo común en el título, ya que COCOON carece de tutoriales. Si queremos comprobar qué comandos son útiles sin probar todos ellos, deberemos asomarnos al menú de ajustes. No recibiremos directrices en ningún momento respecto a nuestros movimientos o dirección a tomar. Y aun así sabremos perfectamente qué hacer y a dónde dirigirnos. Si bien es cierto que los escenarios indican muy bien el camino, permitiéndonos desviarnos ligeramente en busca de los coleccionables del juego. E incluso estos estarán señalizados, de modo que podremos acercarnos en cuanto veamos aparecer las marcas pertinentes.

En cualquier caso, se trata de una experiencia relajante que invita a dejarse llevar explorando y disfrutando de la variedad de sus mundos. Además, viene envuelto en una banda sonora agradable que nos acompañará sin interferir en nuestra concentración. Más bien al contrario, invitándonos a sumergirnos en la experiencia y dejar volar el tiempo.

Algo que, si se nos va de las manos, puede hacer que terminemos COCOON de una sentada, ya que dura unas 6 horas. O menos, si descubrimos rápidamente la solución de los puzles y los jefes no presentan mayor resistencia. En cualquier caso, podremos comprobar en todo momento el porcentaje de juego que llevamos avanzado y la función de autoguardado es bastante cómoda para volver más tarde. O si queremos repetir un momento concreto del juego en busca de algo que dejáramos atrás. Algo que, además, podemos hacer una vez terminado el juego, por si queremos centrarnos en dar sentido al hilo conductor sin distracciones.

Captura de pantalla de Cocoon. Tubo. Orbe verde,

Esto, a decir verdad, no es sencillo, dado que se trata de un juego bastante abstracto. Sin embargo, no se puede negar que nos hará elucubrar sobre aquello que ha mostrado, tratando de atar cabos y darle cierto sentido. Incluso tras haber dado por finalizada nuestra aventura, y superado el “qué acabo de jugar”, nos picará la curiosidad de tratar de descubrir su trasfondo. Su historia. Quedando latente como ya nos ocurrió con Limbo e Inside.

Y no esperaba menos de Jeppe Carlsen o Annapurna, ni en cuanto a puzles ni en cuanto a este estilo críptico que tanto nos gusta. Que tanto nos hace teorizar e incluso compartir dichas cavilaciones. Y es que COCOON es la clase de juego que tiene ese je ne sais quoi, ese algo, que se abre camino en tu mente. Que deja el orbe que contiene su mundo en el interior de la de quienes juegan. Un mundo dentro de otro mundo y al que podemos asomarnos en cualquier momento para comprobar que sigue igual de enigmático.

Pensaremos en sus puzles, sus esferas, su personaje, sus coleccionables o sus jefes. Y seguiremos siendo incapaces de explicarle a otra persona de qué va el juego, aunque lo recomendaremos sin ninguna duda. O lo regalaremos, aprovechando la edición física para PlayStation 5 y Nintendo Switch de Meridiem Games que incluye 5 cartas con arte de los orbes.

Y nunca volveremos a ver una esfera de cristal igual, dado que nos llegarán recuerdos de COCOON y no podremos evitar pensar qué mundo esconderá. Como el inquietante interior de aquellas canicas que tanto molestaban a nuestros vecinos. O cómo los planetas, esféricos, podrían estar dentro de un gran orbe que contiene nuestro universo tal y como se veía en Men in Black. Todo un mundo de posibilidades recogidas en esferas y guardadas en nuestra mente, esperando a que accedamos a su contenido. A sus escenarios. Su realidad.

Cómprame un café en ko-fi.com

Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.