Antes de centrarme en el tema que trato en el artículo que nos ocupa, quiero que tengáis muy presente que adoro la saga de Dragon Age con toda mi alma jugona, y que la The Witcher 3 y los libros de la saga de Geralt de Rivia se están ganando en mi corazón un puesto similar. Asimismo, debo advertir que dicho artículo contiene detalles relevantes de ambas sagas o, como se dice, en la actualidad, SPOILERS.

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Cuando comparan las armaduras femeninas de The Witcher y Dragon Age pocos recuerdan el traje de Isabela (un gran personaje al que debo dedicar un artículo)

Una vez señalado esto, quiero exponer una tendencia que veo últimamente en bastantes artículos de crítica feminista a videojuegos y es que, mientras ponen a The Witcher como la encarnación de todos los crímenes del machismo en videojuegos, ensalzan a Dragon Age (y, por consiguiente) a Bioware como el ejemplo a seguir.

Sin embargo, ¿es Dragon Age la panacea que creemos? ¿Es realmente The Witcher el peor videojuego que puede encontrarse en cuestiones de género?

La crítica de videojuegos desde el punto de vista de la igualdad de género es muy necesaria y puede estimular la creatividad de los desarrolladores para crear nuevas tramas y personajes que se alejen de los estereotipos de siempre, pero esta crítica debe ser rigurosa. Por ello, me duele ver cómo se juzga a The Witcher 3 como si fuera el 1, y cómo se le crucifica a éste por elementos que también se encuentran en los Dragon Age, pero a los cuales se les perdona, sencillamente, por estar mucho más maquillados.

En primer lugar, se suele criticar que en The Witcher 3 los personajes femeninos suelen tener un físico espectacular y canónico, mientras que en DA hay una mayor diversidad de cuerpos. Esto último no es del todo cierto y, sinceramente, algo en mí se rompe cuando me dicen que los Dragon Age promueven la diversidad. En tres juegos de la saga aún no he visto una sola fea. Tal vez el rostro de Sera sea el único que se ha alejado de los cánones normativos, de los cuales no se aleja ni Cassandra, para la cual parece que un par de cicatrices y el cabello corto son suficientes atrevimientos contra el estándar de belleza. Sí celebro con entusiasmo detalles como que no oculten las arrugas bajo los ojos de Morrigan o las pieles imperfectas de las nobles orlesianas. Sin embargo, las mujeres humanas siguen teniendo proporciones muy normativas: cuerpos altos, esbeltos y con curvas voluptuosas, sean de la edad que sea. Recuerdo la incredulidad con la que veía a Leandra Hawke en Dragon Age II, una mujer de cierta edad, ama de casa y madre de tres hijos, con un rostro acorde y, sin embargo, un cuerpo de veinteañera, con unas curvas voluminosas y firmes como en cualquier otro PNJ femenino, se trate de una guerrera, maga o tabernera.

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Leandra Amell, madre de tres hijos y con una lozanía que ni toda la magia de Thedas puede conseguir

Por supuesto que hay mujeres musculosas, bajitas y regordetas, pero esos cuerpos están reservados para las qunaris (que siguen siendo esbeltas, pese a sus músculos) y enanas, respectivamente. Lo siento, no voy a encumbrar como paladines de la belleza plural a una compañía que sólo contempla los cuerpos no normativos para razas no humanas y, como persona bajita, estoy harta de que en los mundos de fantasía sólo existan los humanos altos, mientras que las personas de poca estatura quedan reducidas (y, en ocasiones, ridiculizadas) a las razas no humanas. Tengo ganas de ver a Bioware creando humanos regordetes, envejecidos de cuerpo y cara, altos y bajos, mujeres musculosas y sin curvas sobresalientes. Una diversidad auténtica, un abanico de cuerpo más amplio que el de las modelos de pasarelas metidas en armaduras y túnicas de maga. Y el día que podamos personalizar el cuerpo de nuestro personaje, además de su rostro, será fantástico.

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Morrigan, por muy bruja que sea, tiene arrugas bajo los ojos, como todos los mortales

Asimismo, a la hora de hablar de misiones en las que se maltratan mujeres, se suele poner a The Witcher como el pionero en este tema, cuando las damiselas en apuros y violentadas han existido y existen en todo juego o videojuego de rol. Parece que hemos olvidado la historia del elfo de ciudad de Dragon Age, en la que nos encaramos contra un noble que reclama el derecho de pernada y contra el secuestro masivo de las hembras elfas para explotación sexual. ¿Y qué hay del humano poseído en Dragon Age II que se dedica a maltratar elfas, de los templarios que chantajean a magas para lograr favores sexuales, o Quentin, el mago de sangre que se dedica a asesinar chicas para construirse una novia al estilo criatura de Frankestein? Esta última misión, además, me dejó muy mal cuerpo; no solamente convierten a la madre de Hawke en una mujer en la nevera cuya muerte es inevitable, sino porque se trata de una misión que está claramente hecha para forzar un posicionamiento en el conflicto de magos y templarios, ya que Quentin es el primer mago que vemos usar la magia de sangre para fines egoístas y no para la autodefensa.

Por último, está el tema del sexo. Estoy harta de que se compare el sexo en The Witcher con el de Dragon Age. Sí, las escenas en la saga del brujo están hechas para el disfrute masculino heterosexual, y es algo de lo que peca el 99% de los videojuegos que contienen algo de erotismo, pero en la saga Dragon Age el sexo queda muy lejos de ser tratado con naturalidad; BioWare sigue presentándolo como un premio. Si queremos llevar a un compañero a la cama, debemos escoger la opción de diálogo que desea oír, adoptar en su presencia la postura política afín a él/ella y resolver sus misiones a su favor. Entonces conseguimos su amor, consolidado con una mal llamada escena de sexo (tratada desde la elegancia y el recato, eso sí) y por la que nos otorgan un trofeo o logro. ¿A quién le suena ese cuento de portarse bien con alguien a cambio de llevártelo a la cama?

Tampoco olvido momentos incómodos en las sub-tramas sentimentales de Dragon Age y en los que nos cargamos el consentimiento de otros personajes. Por ejemplo, durante la misión de “El lamento de Cammen” en Origins, podemos ayudar al propio Cammen a perder la virginidad, pese a que él se muestra incómodo en todo momento. Recordemos también que en Dragon Age II, si vivimos un romance con Fenris, éste sufre una crisis tras nuestra primera noche de pasión juntos, y entre todas las respuestas que podemos ofrecerle, no hay ninguna que busque la comprensión; más bien todas consisten en presionar o reprochar.

Y sí, la saga de Bioware ha evolucionado durante todas sus entregas, aunque le queda mucho camino por recorrer. Y es justo valorar esta evolución, pero, ¿por qué se sigue extendiendo el bulo de que en The Witcher 3 se desbloquean ilustraciones eróticas de cada mujer con la que te acuestas? En la tercera entrega no veo ese incentivo de coleccionar amantes y, además, se castiga la falta de honestidad hacia Triss y Yennefer, las cuales se vengan de Geralt si éste ha estado jugando a dos bandas, haciendo creer a éste (y al jugador) que habrá un trío explosivo para dejarle abandonado y esposado en la cama. En los Dragon Age también se castiga la infidelidad, pero con un toque de hipocresía; se nos presentan posibles parejas afines al poliamor o a las relaciones abiertas, como Zevran o Toro de Hierro, pero al final te exigen monogamia.

Tampoco olvidemos que en ambos juegos existen los burdeles y los personajes no jugables con los que tener un encuentro casual tras haber cumplido unas misiones, y no es justo criticarlo en un juego para perdonarlo en el otro.

No me parece correcto comparar la saga del brujo con los Dragon Age, porque no están concebidas de una manera ni remotamente similar. En la saga del brujo el protagonista es Geralt, un personaje definido, y todo gira entorno a él; la resolución de conflictos, el transcurso de la trama, las relaciones amorosas. Su historia se da en un universo amargo, en el que se reproducen todas las mecánicas de poder imaginables (y en el que se maltratan a mujeres, sí, y también a hombres y niños) y en el que se nos demuestra, una y otra vez, que no hay solución buena. Las mujeres quedan reducidas a roles secundarios y sin embargo algunas de ellas son tan memorables como Yennefer o Ciri, que darían para hablar en otro artículo. Y, aunque hay cierta evolución a lo largo de las tres entregas de CD Projekt Red, sigue teniendo esos detalles que hacen que ciertos públicos no nos sintamos bienvenidos.

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Yennefer MOLA. Y se habla muy poco de ello.

En la saga Dragon Age, el protagonista lo diseña el propio jugador, hasta cierto límite. Escoge su género, carácter, orientación sexual y actitud política, y esto hace que más personas puedan sentirse identificadas y vivir su propio sueño de ser un héroe. Y aunque, al igual que la saga de Geralt, se engloba en un universo de fantasía oscura (en el que también se maltratan mujeres, hombres y niños, aunque el tono con el que se trata dicho maltrato está algo más suavizado), muestra un panorama ligeramente más luminoso y hay decisiones en las que todo sale como es previsto.

¿Hay machismo en The Witcher? Sin excusarlo, no menos que en la mayor parte de la historia y actualidad de los videojuego de rol; sólo que queda más acentuado por el tono oscuro y crudo en el que se dan las aventuras de Geralt. ¿Es Dragon Age el paraíso de la diversidad? Ni de lejos. Y es muy sano y necesario hacer una crítica de videojuegos desde la óptica de quienes deseamos ver una representación digna en uno de nuestros medios preferidos, pero no perdamos de vista el rigor en este tipo de crítica, ni para demonizar a un juego ni para endiosar a otro y aun así poder disfrutar de ambos.

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