Vamo a karmano
Análisis de Karma: The Dark World
27/03/2025 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Son pocas las demos que he jugado antes del lanzamiento de un título al que le tenía muchas ganas, o en eventos dedicados a ello. Si lo hago, suele ser para probar algo que se aleja de mis gustos o géneros de confianza. En alguna ocasión, para quitarme las dudas sobre si un juego cuenta con mecánicas que se me hacen cuesta arriba, como persecuciones o combates soulslike. Y muy de vez en cuando para satisfacer la curiosidad hacia una obra que ya tiene todas las papeletas de que me gustará. Tal fue el caso de Karma: The Dark World, cuya preview me dejó más sedienta que una tarde comiendo pipas y bebiendo gazpacho.
Además, la demo recopilaba fragmentos del inicio del juego, pero conectándolos de forma distinta. Esto significa que rejugaremos, quienes lo probaran en su momento, pero no repetiremos paso por paso lo que hicimos. Y, por tanto, tampoco se guardó nuestro “progreso”. Del mismo modo que volveremos a sentir la incertidumbre del qué pasará, alimentada por los cambios que ya habremos detectado. E incluso en aquellos momentos en los que sabemos lo que debería pasar, y probablemente lo haga, avanzaremos conteniendo la respiración.
Y es que si algo hace especialmente bien Karma: The Dark World es crear una atmósfera que atrapa en todos los sentidos. No sólo querremos avanzar y descubrir el misterio que estamos investigando a través de Daniel, también desearemos saber qué hay en cada rincón. Explorar cada lugar, cada escenario, y perdernos en su increíble apartado audiovisual. Y ni cotiza que si nos dicen que no miremos atrás, sentiremos el impulso de dejarnos llevar… y vaya que si nos giraremos. A fin de cuentas nos hemos sumergido en la mente de otra persona a través de un casco, estamos a salvo, ¿no?
Sin embargo, ese extraño monstruo que conocimos en la preview parece bastante peligroso. De hecho, puede que nuestra integridad física no corra peligro, pero ¿y nuestra mente? O, más allá, ¿qué ocurre con las personas cuya psique estamos explorando? ¿Acaso esta criatura puede hacerles daño? ¿Cuál es el límite de los recuerdos? Cada paso que demos para descubrir lo ocurrido nos planteará una serie de preguntas cuyas respuestas quizás no queramos conocer. Pero vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador.
En Karma: The Dark World, nos pondremos en la piel de Daniel McGovern, un agente del Departamento de Pensamientos de Leviathan Corporation. Nuestra misión será investigar los delitos cometidos por Sean Mehndez contra la compañía. Para ello, nos introduciremos en su mente y navegaremos por sus últimos recuerdos, tanto personales como relacionados con el caso. De modo que no sólo descubriremos más sobre lo ocurrido, sino también cuál es su contexto y cómo vivió la situación.

Todo esto dentro de una ambientación que grita 1984, de George Orwell, en cada rincón sin sutilezas. También encontraremos otras referencias más evidentes y más escondidas que nos sacarán alguna sonrisa. Cosa que no será habitual, ya que la atmósfera va sobrada de tensión, permitiéndonos explorar con libertad, pero siempre con la sensación de que podría pasar algo en cualquier momento.
De hecho, no se trata de un juego que abuse de los jumpscares gratuitos, los sonidos fuertes inesperados o las persecuciones innecesarias. Lo que no significa que no vayamos a sobresaltarnos o que el monstruo vaya a dejarnos campar a nuestras anchas. Sin embargo, todo está tan bien medido que superar una situación estresante nos dejará buen sabor de boca por mal que lo hayamos pasado en el proceso.
Cabe decir que si bien viviremos en tensión gran parte de la experiencia, no será de forma desagradable. Nos sumergiremos de lleno en una trama de suspense desde la curiosidad de querer saber más a pesar de que todo apunte a que deberíamos salir por patas. Tanto la historia como los escenarios y, sobre todo, el estilo realista y cinematográfico empleado propiciarán la inmersión. Lo que mejora considerablemente usando auriculares y dedicando tiempo a las calibraciones necesarias.
Además, Karma: The Dark World se encuentra disponible en múltiples idiomas, entre ellos el nuestro, en lo que a textos se refiere. Con una traducción y doblaje excelentes, y acreditados, así como una banda sonora espectacular. Todo ello elementos pulidos al máximo para proporcionarnos una experiencia difícil de superar. Es más, la historia está dividida en tres actos, con partes y subcapítulos, lo que nos permitirá repetir cualquier escenario que queramos. Sea para conseguir algún coleccionable o por el placer de pasearnos por el lugar. Y más teniendo la confianza de cuándo es seguro hacerlo.
Y dado que los coleccionables se reducen a 15 cajas puzle, no tendremos que complicarnos demasiado la vida. De eso ya se harán cargo los propios rompecabezas, ya que si no los conseguimos, la caja quedará sellada… a no ser que carguemos el último punto de guardado y volvamos a intentarlo. Si acertamos en nuestra respuesta, obtendremos un ciudadano obediente y la satisfacción de haber superado la prueba. En especial, aquellos más complejos que pueden llevarnos un buen rato.
De hecho, Karma: The Dark World es un juego que podemos completar en menos de 10 horas sin problema. O incluso antes si vamos a tiro fijo sin interesarnos demasiado por el entorno. En cualquier caso, recomiendo tomárselo con calma, tratar de conseguir los coleccionables y, sobre todo, buscar las notas. No porque vayamos a desbloquear un cierre diferente, sino porque la información obtenida será muy interesante. Además, no se trata de un juego que abuse del recurso de esconder su trama en notas igualmente ocultas. Simplemente, aporta más datos al contexto y merecerá la pena prestar atención.

Por lo demás, estamos ante un título en el que no podremos agacharnos, saltar o golpear, aunque sí interactuar con varios elementos, correr y acercar la vista. Los escenarios estarán bastante delimitados, lo que nos permitirá centrarnos en nuestras tareas sin perder el hilo. Y si bien contamos con inventario, no deberemos preocuparnos por llenarlo o gestionarlo para sobrevivir. Avanzar dependerá de nuestro ingenio y de completar pequeños objetivos que podremos consultar en cualquier momento. Así como podremos acceder a las notas y coleccionables recogidos. O consultar dónde nos hemos dejado algo en el selector de capítulos.
Karma: The Dark World es un walking simulator en primera persona que sabe mover los hilos para atraparnos de principio a fin. Mientras jugamos, nos sumergiremos hasta la médula en una trama que nos hará bailar con el suspense y el terror. Y cuando cerremos el juego no podremos dejar de pensar en él. De hecho, seguiremos dándole vueltas a lo vivido incluso horas y días después de haberlo completado. Tanto que merece la pena darle una segunda vuelta.
Se trata, pues, de un título con esencia propia de los que destacan y calan a partes iguales. Donde todo está medido para proporcionar una experiencia equilibrada en cuanto a tensión, disfrute y reto. Sin frustración. Y que sabe dónde poner el foco para que cualquiera se sumerja fácilmente. Incluso puede que necesitemos tirar de anotaciones para situarnos en la línea temporal, los sucesos y el avance del caso. En especial, conforme avancemos en la investigación y los secretos del sospechoso no sean los únicos que salgan a la luz.
Casi como si utilizáramos el dispositivo de Leviathan Corp. para acceder a los recuerdos de Daniel, y no sólo a los de los sospechosos. A fin de cuentas, se trata de una mente accediendo a otra, con sus propias vivencias, memorias, creencias e interpretaciones. Y todo ello bajo una compañía cuyo régimen se basa en el control social… con mucho que ocultar.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

