Luigi’s Mansion y el héroe cobarde

Luigi’s Mansion y el héroe cobarde

Luigi’s Mansion es la clase de juego que siempre ha estado ahí, pero que descubrí tarde. De hecho, no fue hasta ver Luigi’s Mansion 2 en una tienda que no fui consciente de que debía de haber un título anterior y que, para mi sorpresa, iban a remasterizar al año siguiente. ¿Me enteré tarde? Podría decirse que sí, pero también me subía al tren en el momento oportuno. ¡Y qué viaje! Desconozco los cambios entre la versión de Luigi’s Mansion para GameCube y los de Nintendo 3DS, pero la verdad es que no podía dejar de jugar.

En Luigi’s Mansion, nuestro protagonista ha ganado un sorteo en el que no ha participado y decide encontrarse con su hermano Mario en la preciada mansión que ha conseguido. Sorprendentemente, Mario desaparece y Luigi deberá armarse de valor y rescatarlo. ¿Quién nos iba a decir que ganar un sorteo en el que no hemos participado sería una trampa? Por si salvar a su hermano no fuera suficiente, el edificio está repleto de fantasmas nada cordiales que no le harán la tarea sencilla. Así pues, deberemos recorrer el lugar habitación por habitación, enfrentándonos a sus antiguos habitantes y otros fantasmas que debían estar ahí de paso. O quizás formaran parte del servicio. O anteriores víctimas del misterioso sorteo. ¿Quién sabe? Para ello, contaremos con la ayuda del profesor Fesor, que nos equipará con una Game Boy Horror —un dispositivo de comunicación tipo smartphone— y la Succionaentes 3000 —una aspiradora que no tiene nada que envidiar a Los Cazafantasmas—. Y de este modo ayudaremos a este curioso científico con su investigación a la par que buscamos a Mario. Sin embargo, no fue esta premisa lo que hizo que Luigi’s Mansion me enganchara tanto. Aunque la historia me gustó muchísimo y la dinámica de aspirar fantasmas me pareció tan bien traída como divertida, la razón principal era Luigi como personaje protagonista.

Cuando era pequeña, mi burbuja familiar estaba compuesta por cuatro personas. Todos jugones. Y no sé en vuestro entorno, pero en el mío mi padre y mi hermano jugaban con Mario y mi madre y yo con Luigi. Por los siglos de los siglos… En fin, eso. Nunca tuve problemas con ello, porque la verdad es que a mi hermano y a mi padre les gusta el rojo y a mi madre y a mí nos daba igual el verde, independientemente de qué mando fuera el que llevara el rol protagonista y quién el secundario. Pero a lo largo de los años acabas acomodándote en esa posición y no es raro que, cuando toca jugar con otras personas, acabes cediendo el puesto del jugador 1. Curioso, ¿no? Pero ese no es el tema de este artículo.

Luigi haciéncose una foto en un espejo

Luigiception

El caso es que, con Luigi’s Mansion, Luigi —el eterno segundón, el “Mario verde”, el hermano olvidado— no solo protagoniza su propio juego, sino que además éste gira en torno al rescate de Mario, uno de los héroes más míticos de Nintendo. Juego que además fue el título de lanzamiento de la GameCube. Dos cosas que, si bien por separado tienen un peso importante, juntas significan mucho para el personaje. Y para buena parte de sus jugadores, dado que es justo lo que necesitábamos quienes habíamos sido relegados de una forma u otra al puesto de jugador 2. Quizás no fuera la intención inicial de sus desarrolladores, pero el caso es que, por fin, nos tocaba ser los protagonistas de la historia. Los salvadores del héroe. El reconocimiento que muchos hermanos pequeños anhelan, tanto los que idolatran como los que envidian a sus hermanos mayores. El golpe en la mesa con el que decir “estamos aquí”.

Además, Luigi no es un héroe al uso: no es valiente, no es intrépido, no es impulsivo, no suele estar bajo los focos. Y esto queda patente en Luigi’s Mansion. Cuando se adentra en el edificio en busca de Mario, lo hace con sumo cuidado. Y cuando se da cuenta del berenjenal al que se enfrenta, vemos cómo rezuma terror por cada poro de su piel. Si ha logrado reunir el valor necesario para recorrer toda la mansión en busca de Mario es única y exclusivamente porque su hermano podría necesitarle. Por lo que pueda pasar. Porque alguien está en peligro y él es el único que puede ayudarle. Darse la vuelta sin mirar atrás o echar a correr en busca de auxilio ni siquiera son opciones válidas. No por valentía, sino ante la posibilidad de que el tiempo corra en su contra. E incluso por si él, Luigi, necesitara ser salvado. Como cuando nuestros hermanos mayores se adentran en un escenario peligroso y les seguimos con el corazón a punto de explotar por los nervios. Incapaces de dar un paso más hacia lo desconocido, pero más aún de quedarnos atrás.

Y ahí reside la magia de Luigi’s Mansion. Acompañamos a un Luigi encogido por el miedo, que hace lo que buenamente puede para encontrar a su hermano, salir pitando de ahí y olvidar todo lo ocurrido cuanto antes. Así, recorreremos los diferentes escenarios viendo a Luigi agarrar con fuerza la Succionaentes 3000, mientras llama aterrado a Mario, tratando de controlar sus ganas de huir. Y a su vez, mi aspecto favorito del título —y razón por la que es de los pocos que he jugado con sonido en una consola portátil—, tarareando la melodía del videojuego como forma de aliviar la tensión y tratar de quitarse el miedo. ¡Si es que hay que quererlo! Y así, de una forma tan simple como tierna, con Luigi’s Mansion, Luigi demuestra ser un protagonista tan bueno como su hermano (o más), capaz de estar a la altura de su propia historia y ejercer de salvador sin abandonar su esencia ni tratar de sustituir a Mario. Un héroe diferente, entrañable y único con el que apetece repetir aventura, sea en casas encantadas, en un hotel o donde el destino considere.

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Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

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