Hice PAN, y se federicó
Análisis de Bread & Fred
27/05/2024 | Aonia Midnight | No hay comentarios
No hace demasiado, Nix y yo pudimos mostrarle al mundo una total falta de coordinación jugando a Bread & Fred en nuestro canal de Twitch. Y es que si bien ella venía de dominar Celeste y yo de hacer lo propio con toda clase de juegos cooperativos, fracasamos estrepitosamente al unirnos. Bueno, siendo justas, no se nos dio tan mal, teniendo en cuenta que logramos escalar unos 170 metros en unas dos horas. Además, después del streaming, descubrimos que nos habíamos quedado atascadas en esta zona por desconocer que era posible hacer un movimiento que habíamos descartado. En cualquier caso, me estoy adelantando a los acontecimientos. Vayamos por partes.
Bread & Fred, o Pan y Federico en nuestro idioma, es un indie español de esos que ponen a prueba nuestras relaciones. Así, nos pondremos en la piel de los dos pingüinos que dan nombre al juego y, unidos por una cuerda, deberemos alcanzar la cima de una montaña. Esto requerirá de todo un desglose de habilidades por nuestra cuenta, pero sobre todo exigirá un alto nivel de coordinación con la otra persona. Bien es cierto que podremos jugar en solitario, con el pingüino Greg atado a la roca Jeff, pero por experiencia puedo deciros que no es la mejor de las soluciones.
Esto se debe a las mecánicas del juego, que nos explicarán a su debido tiempo y que podremos consultar en el apartado correspondiente en cualquier momento. Y no porque se trate de combinaciones incomprensibles de comandos, sino porque aquello que parece tan sencillo como pulsar un botón, requerirá práctica. Es decir, sí, vamos a fracasar tan a menudo y de tantas formas que desearemos ejercer violencia contra todo lo que se nos ponga delante.
Como se deja entrever, se trata de un título que pondrá a prueba nuestra frustración en múltiples ocasiones. A veces por culpa del juego y otras muchas por fallos propios que no tardaremos en aprender a evitar en siguientes intentos. Y es que si algo exige Bread & Fred, más allá de la habilidad, es concentración y paciencia. Mucha. Ya que saltar, agarrarse y desplazarse será sencillo, pero avanzar en conjunto se vuelve complicado. Sobre todo porque la longitud de la cuerda no da para mucho y el escenario se las trae.

De este modo, deberemos comunicarnos con la persona que maneje al otro pingüino, pero también aceptar que nos caeremos muchas veces antes de coordinarnos. E incluso habiendo conseguido hacerlo, cometeremos errores que nos harán perder unos cuantos metros. Por suerte, una vez creada cierta conexión con la otra persona, resultará más sencillo recuperarse de una caída y seguir avanzando. Es decir, la práctica hará la escalada más asequible, que no fácil.
Para facilitar la coordinación, lo ideal es comunicarse verbalmente con quien nos acompañe en el camino a la cima. Sin embargo, el juego incluye comandos por si esto no resulta posible. Así, con sólo una pulsación, podremos contar hasta tres para preparar un salto, mostrar el pulgar hacia arriba, aplaudir o jugar a piedra, papel, tijera para tomar decisiones arriesgadas. También encontraremos opciones de asistencia como la posibilidad de establecer puntos de control, recoger cuerda para subir al otro pingüino, saltos infinitos o mayor tiempo de agarre. Y es que, como cabía imaginar, nuestros protagonistas contarán con una cantidad limitada de estamina.
Todo esto, haciéndonos a la idea de que un mal movimiento hará que perdamos buena parte del progreso. Y es que el título juega con la física para bien y para mal. Podremos utilizar el peso de los pingüinos para lanzarnos con impulso y recorrer distancias imposibles de alcanzar con un salto. Pero esta misma fuerza de movimiento puede hacer que arrastremos al otro personaje y caigamos descontroladamente. Sin embargo, que no cunda el pánico (demasiado), ya que tendremos la oportunidad de evitar que esto ocurra si anclamos a nuestro pingüino con fuerza.
Llama la atención que un juego tan estresante como Bread & Fred venga acompañado de un apartado audiovisual tan agradable y relajante. Además, lejos de resultar incongruente o sacarnos del juego, le sienta como un guante. Dado que nuestra frustración estará a flor de piel, lo que necesitamos es una melodía suave y un arte adorable que ayuden a relajarnos. De lo contrario, la amistad no será lo único que peligre durante el ascenso a la cima de la montaña.
Cabe decir también que nos esperan 500 metros hasta la cumbre, lo que se traduce en unas 5 horas de juego si contamos con las herramientas necesarias para la escalada. Y durante esta travesía recorreremos cuatro zonas diferentes en las que nos esperan obstáculos peligrosos y terrenos traicioneros. Nos toparemos con suelos resbaladizos o que se desharán bajo nuestros pies, pero también vagonetas y ventiscas que tendremos que usar a nuestro favor. Además, podremos ampliar estas horas si dejamos fluir nuestra vena coleccionista y queremos hacernos con todas las fotos, logros y accesorios estéticos para nuestros pingüinos. O tratar de llegar a lo más alto en el menor tiempo posible si hemos perdido el norte.

Por si fuera poco, con su llegada a Nintendo Switch, se ha implementado no sólo la posibilidad de beneficiarse del juego multiplataforma (o cross-play), sino también una actualización con algunas novedades. De esta forma, conoceremos al oso polar Pol, que pondrá a prueba nuestras habilidades a través de 10 desafíos contrarreloj. Sobra decir que superar estas pruebas nos otorgará una serie de medallas con las que fardar ante el resto de pingüinos. Eso sí, Sand Castles no se hace responsable de los componentes o amistades que perdamos por el camino. Ni del coste de la terapia ni del cardiólogo.
Tengo la firme creencia de que no todos los títulos son para todo el mundo y no pasa nada. Y aunque cuento con las herramientas necesarias para avanzar en los juegos cooperativos manejando bien la frustración y sabiendo comunicarme, debo admitir que Bread & Fred no es para mí. Al menos no en este momento. Sin lugar a dudas, esto no se debe al título en absoluto, ya que se trata de un juego asequible y que invita a seguir intentándolo.
Además, está cargado de humor que nos llegará a través de diálogos y escenas que no sólo conseguirán sacarnos más de una sonrisa, sino también aliviar el estrés. Y es que por el camino nos toparemos con otros pingüinos en variedad de situaciones. Estas conversaciones, así como la interfaz, nos llegan en múltiples idiomas, entre ellos el nuestro o el catalán. Con las personas al cargo de la localización debidamente acreditadas en el apartado correspondiente. Y cabe destacar que este humor, junto con el apartado artístico, son lo que más brilla del juego.
Aunque no tengo ninguna duda de que quienes disfruten con un buen reto encontrarán tremendamente placentero escalar esta montaña de principio a fin. Cada zona y desafío resultan lo suficientemente exigentes para hacernos sudar en cada salto y lanzamiento, apurando cada píxel en caso de ser necesario. Pero también para conseguir gritar de alegría o frustración según el éxito o fracaso de nuestros movimientos. Y esa capacidad de influir en las emociones de quien juega es algo admirable, tanto a los mandos como desde fuera. Sin embargo, por lo que a mí respecta, voy a optar por hacer como en Super Mario 64 y lanzar a esos adorables pingüinos al vacío. Sin rencores.
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie
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