Eddie, menos perseguir y más ayudar

Análisis de Scholar’s Mate

Análisis de Scholar’s Mate

Disfruto tanto resolviendo puzles como odio las persecuciones. Es por esto que cuando descubrí Scholar’s Mate tuve sentimientos encontrados. Un juego de terror al más puro estilo escape room ambientado en un psiquiátrico suele ser todo lo que necesito para lanzarme de cabeza. Sin embargo, la presencia que prometía acecharnos al mínimo sonido o movimiento precipitado no terminaba de convencerme. Y no iba mal encaminada, pero vayamos por partes.

En este juego de terror en primera persona, nos pondremos en la piel de Judith, que despierta en un hospital psiquiátrico en pésimas condiciones sin saber bien cómo ni por qué. Y la cinemática inicial, que podremos saltar en próximas ocasiones, no sólo resulta perturbadora, sino que siembra todavía más incertidumbre. Lo único que es seguro es que debemos salir de ahí, a la mayor brevedad y con vida a ser posible. Esto hará que debamos recorrer el edificio resolviendo puzles que nos acerquen a la salida, tratando de no atraer atención no deseada.

Al principio resultará sencillo, ya que Eddie, nuestro acechador, tardará un poco en aparecer, pero la cosa se pondrá fea desde el momento en que lo conozcamos. Por suerte, esos minutos previos al primer encuentro nos permitirán explorar libremente y familiarizarnos con las mecánicas del juego, así como identificar posibles escondites de cara a futuras persecuciones. Y, por supuesto, crear un mapa mental del escenario para saber qué podría ser un acertijo o qué podría servir para resolver alguno. Para lo que recomiendo encarecidamente tener una libreta a mano en la que apuntar cualquier cosa que entre en esta categoría, porque los puzles se las traen.

Y es que adoro un buen reto como la que más en cuanto a rompecabezas que hacen honor a su nombre se refiere. Pero algunos de los puzles de Scholar’s Mate resultan tan ilógicos como frustrantes. Algo que, además, hará que nos atasquemos desde bien temprano, incitándonos a cerrar el juego para no volver jamás. Y no es que los rompecabezas en sí mismos estén mal elaborados, sino que fracasan al asumir que estamos en la cabeza de quien los diseñó. Esto se traduce en que determinadas soluciones sólo tendrán sentido tras haber resuelto el puzle, e incluso así es fácil que pensemos “cero sentido, pero vale” o “podrían haberlo explicado mejor”. Es decir que lo más probable es que acabemos intentando acertar a base de ensayo-error, probando las cosas más descabelladas, o que busquemos una guía. Sin llegar a comprender qué nos ha llevado a resolverlo.

Captura de pantalla de Scholar's Mate. Entrada del psiquiátrico.

Sin ir más lejos, uno de estos acertijos lo encontraremos a los pocos minutos de comenzar, y una vez resuelto no pude sino pensar que fallaba en las pistas que ofrecía. Lo cual es una pena, porque esto ya determinó mi actitud hacia el juego para el resto de la partida. Y ni siquiera habían empezado las persecuciones. Bien es cierto que, llegado el momento, no resultará difícil dar esquinazo a nuestro acechador, pero sí deberemos prestar atención a los sonidos que hace para estimar dónde se encuentra. Algo que nos hará estar en tensión en todo momento, incitándonos a explorar apresuradamente, pero tratando de hacer el menor ruido posible. 

Eddie sigue una ruta concreta, de la que sobra decir que se desviará si nos ve o nos escucha, e ir a hurtadillas es extremadamente lento. Esto nos pondrá en la tesitura de tener que pensar bien cuál será nuestro camino de un punto a otro. Deberemos asomarnos con cautela, controlar su posición y escoger el momento de movernos, esperar o escondernos. Sobre todo porque tanto avanzar como resolver puzles nos obligará a recorrer todo el edificio en numerosas ocasiones. Y a menudo será inevitable llamar la atención de nuestro acechador. También deberemos sopesar la cautela de encender pocas luces, o poco tiempo, y movernos a oscuras sin ver más allá de nuestras narices. Aunque por suerte no deberemos preocuparnos por la batería de la linterna, todo sea dicho.

Donde realmente brilla Scholar’s Mate es en su apartado audiovisual. Cuenta con una ambientación que nos trasladará de lleno a unas instalaciones lúgubres y perturbadoras, en las que prestaremos atención al mínimo ruido. Y ya desde el principio sentiremos en nuestra piel cómo algo no anda bien, así como la necesidad de salir pitando tan pronto como se presente la oportunidad. Si, además, jugamos con auriculares y con las luces bajas o apagadas, nos sumergiremos en una experiencia de terror que pone la piel de gallina. Y aunque nos llevaremos algún que otro susto, no se trata de un juego que abuse de los jumpscares. De acelerar nuestras pulsaciones ya se encargarán Eddie y algunos puzles.

Por su parte, podremos jugar tanto con ratón y teclado como con mando, aunque a mí este tipo de títulos me resultan más cómodos con la primera opción. Sobre todo porque no me acostumbro a dirigir con el joystick un puntero. En cualquier caso, sabremos con qué debemos interactuar porque aparecerán diferentes símbolos al acercarnos, y en los niveles más bajos de dificultad incluso se marcarán estos elementos interactivos. Cabe decir que se trata de un indicador apenas visible, de forma que no afecta a la inmersión. Además, la dificultad sólo afectará a esto y a la facilidad con la que Eddie nos percibirá, pudiendo cambiarla en cualquier momento.

Captura de pantalla de Scholar's Mate. Sala de cirugía.

Tanto Judith como Eddie harán comentarios a menudo, ofreciendo una actuación de doblaje impecable y que no resulta invasiva ni molesta. En el caso de Judith, reaccionará a los eventos y nos dará pistas a seguir, mientras que Eddie gruñirá amenazadoramente sobre nuestra presencia. Y si bien las voces se encuentran exclusivamente en inglés, el resto del juego está disponible en múltiples idiomas, entre ellos el catalán y el castellano. Algo que siempre es de agradecer a la hora de comprender lo que debemos hacer. Además, los equipos de traducción y localización se encuentran acreditados.

Scholar’s Mate es un título con sus luces y sus sombras. Ofrece una ambientación idónea para una buena sesión de terror, en la que sentiremos la tensión desde el primer momento, pero le pesa la resolución de puzles. Y es una verdadera pena, porque si bien no lo convierten en algo injugable o cero recomendable, sí deja un sabor agridulce. Deseando que hubiera sido de otra forma y pensando, conforme jugamos, en el potencial que tiene y cómo se podría haber aprovechado más.

Quizás lo ideal hubiera sido escoger entre Eddie o los puzles de difícil resolución, para que nos centremos exclusivamente en salir del lugar. Ya sea a base de ingenio o con sigilo, sintiendo a nuestro acechador en la nuca y el peligro en cada esquina. Incluso a costa de introducir algún que otro jumpscare bien colocado en caso de haber optado por los puzles. Por supuesto, hablando desde la preferencia de romperme la cabeza y sobresaltarme a las persecuciones. En cualquier caso, siempre podéis optar por hacer como yo e ir a hurtadillas, salvo cuando no queda remedio, y cerrar el juego cuando la cosa se complica demasiado. Volver en otro momento con la mente despejada o con una guía en la mano ya es algo que dejo en vuestras manos. No seré yo quien os juzgue. Lo importante aquí es sobrevivir. Sea como sea. Cueste lo que cueste.

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Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

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