Mamá Gamer

Mamá Gamer

Soy mamá y soy gamer. He sido gamer desde niña, pero lo de mamá es solo desde hace un año y medio. Desde pequeña he ido jugando en diferentes plataformas: consolas de sobremesa, portátiles y sobre todo PC. He pasado mis buenas noches de vicio comiendo delante de la pantalla y matando hordas en Diablo II, vacaciones enteras ocupadas en crear mi barrio perfecto en Los Sims 3, viví la época de jugar sin guardar con Mega Drive… He sido estudiante, trabajadora, ama de casa y los videojuegos me han acompañado siempre, siendo una de mis formas de ocio favoritas. Así que, cuando me quedé embarazada, también jugué. Entre náusea y náusea, posando el mando sobre una barriga que iba creciendo y recibiendo pataditas.

Un embarazo es sobre todo tiempo para planear, esperar y pensar: ropita, nombres, futuros campeonatos de Mario Kart con mi niñito, si le iba a gustar lo retro, “cosas que nunca haré cuando tenga un hijo”… Entonces un día te pones de parto y en menos de veinticuatro horas, ¡BAM!, tienes una bolita llorona en brazos y te duele todo el cuerpo y lo único que te preocupa es mantenerlo con vida. Todos los planes que habías hecho para convertirte en una mamá guay se vuelven insignificantes, porque desde todos los frentes parece que cualquier cosa que hagas o dejes de hacer puede repercutir negativamente en el bebé. Supongo que el “proceso maternal” también debe de ser bonito, pero sinceramente, no tengo ni idea: yo estaba demasiado ocupada en estar aterrorizada.

Y así empezó mi depresión posparto.

Claro que sabes que tener un bebé va a ser la tarea más exigente a la que te vas a enfrentar y estás dispuesta a hacerlo, a no dormir, a no tener ni un segundo de descanso y sobre todo a quererlo más que a nada en este mundo. Pero ni siquiera eso funciona así. Mi bebé dormía y comía, estaba sano y era feliz pero yo era incapaz de relajarme: no sentía ese amor idílico e incondicional que van publicitando los anuncios de pañales y esos posts edulcorados que la gente sube a Facebook. Muy pronto me di cuenta de que mis neuras y terrores eran una enfermedad, algo tangible y que debía sacudirme de encima para estar bien. Busqué ayuda psicológica e intenté salir del hoyo en el que estaba, traté de recuperar a mi antiguo yo, de reencontrarme.

Y aquí vuelven a entrar los videojuegos. Un día me forcé a mí misma a coger el Game Pad de la Wii U y a jugar al Yoshi’s Woolly World. Jugaba porque recordaba que en otros tiempos jugar me hacía feliz, porque “jugona” había sido una etiqueta importante en mi autoimagen, pero lo hacía con asco, sintiéndome culpable por dedicarme una parte de mi tiempo a mí misma en lugar de al bebé. Y poco a poco pasé de obligarme a jugar a que me apeteciera hacerlo. Gracias a las pantallas cortas, los colores vivos, las texturas suaves y blanditas y sobre todo la vocecita (<3 ¡POM! <3) de Yoshi me ayudaban a alejar los malos pensamientos, a relajar el cerebro un ratito. A veces aparentar normalidad hace que la verdadera normalidad se vaya instalando poco a poco. Y con esfuerzo, terapia y, sobre todo, tiempo, las cosas vuelven a encauzarse. El bebé poco a poco empieza a hacer monerías y a intentar comunicarse y te das cuenta de que sí, que estás donde querías estar y que es compatible ser madre con ser la persona que habías sido antes.

Entonces todo vuelve a cambiar. Los bebés están en evolución constante y tú como madre tienes que aprender con ellos y adaptarte. Si esta semana duerme una siesta diaria de dos horas y ahí aprovechas para hacer sidequests y subirte habilidades en Skyrim, la semana que viene puede que solo quiera que le cantes “Palmas palmitas” en bucle y a ti te dará igual el Dovakhiin, porque tu hijo es lo más bonito que has visto en la vida. Así que tienes que replantearte cómo, cuándo y a qué juegas, y ya no es solo por el tiempo que puedas o no dedicarle. La gran enemiga de la mamá gamer es la Interrupción: ¿a mitad de una lucha con un boss? Tu hijo quiere una galleta, y agua, y el chupete, y su mantita y se ha hecho pis. Todo en intervalos de dos minutos. ¿Misión de sigilo? El mejor momento para gatear a toda pastilla y golpearse la frente con la esquina de la mesa… Así que, bueno, ya salvarás la galaxia mañana. Jugar online está completamente descartado, exige demasiado compromiso para una mamá noob, y hay veces en que no tienes tiempo ni ganas de asimilar las mecánicas de un juego nuevo.

A los niños pequeños les encantan los teclados, y los botones táctiles de apagado y encendido con sus lucecitas y sonidos son su perdición. De hecho, hubo una temporada en que ese fue el uso exclusivo de mi Xbox One: encenderse y apagarse con su característico “tirurí”. Jugar en PC es impensable. Demasiados cables que se pueden desenchufar en un abrir y cerrar de ojos y si tu ordenador no es muy rápido y tienes que aguantar pantallas de carga estás perdiendo un tiempo precioso.

Es una época ideal para rejugar, para juegos cortos con recompensa inmediata, RPGs por turnos, o juegos que te permitan estar con un ojo en la pantalla y el otro en el bebé. Y lo más importante: el botón de pausa. Esa tecla acabará desgastada, siempre y cuando se pueda pausar. Increíblemente hay juegos que no te lo permiten (te miro a ti, Harvest Moon), porque claramente sus desarrolladores no han conocido nunca a nadie que gatea. Las consolas portátiles suelen ser la solución, lo único que necesitas es no dejarlas jamás en mesas bajas o cerca del inodoro, quizá la lección más valiosa que me ha enseñado la maternidad.

Además de tus elecciones de hardware, hay otra cosa que cambia al jugar después de convertirte en madre: el contenido de los juegos. Lo más obvio es censurar según que temas cuando está el niño delante. Juegos muy violentos o con carga sexual no son un problema durante el primer año (porque el crío no se entera de nada), pero quizá más adelante debas olvidarte de según qué cosas. Ahora sí, para lo que no te prepara nadie es para tu nueva hipersensibilidad adquirida respecto a ciertos temas. Conozco a alguien que es padre (ojo spoiler) y tuvo que dejar The Last of Us después de que Joel pierda a su hija porque le causaba una ansiedad insoportable (fin de spoiler). Historias de las que antes solo comprendías la tragedia a nivel narrativo —algunas muertes en Inside o What Remains of Edith Finch, por ejemplo— ahora te hablan a ti directamente, y ese tipo de inmersión no siempre es lo que necesitamos.

Otra cosa que puede llegar a resultar molesta es la pésima representación de las madres en los videojuegos. Reduciéndose la madre-banco en la saga Pokémon, o madres muertas antes de que empiece la historia como pobrísimo recurso narrativo, o la única que de verdad me apela: las monstruas paridoras. Cientos de versiones para un enemigo recurrente al que tienes que matar mientras va expulsando engendritos cada cierto tiempo.

Los únicos ejemplos de maternidad tratada como un tema propio, más o menos positivo, que he conseguido encontrar en los videojuegos se reducen a Los Sims, Shelter 1 y 2, Life Is Strange y algunos walking simulators. Para el resto, la madre es una herramienta para poner en el centro de la historia al hijo. La verdad es que resulta un poco injusto, los padres han empezado a ser representados en los videojuegos cada vez más (Kratos es el ejemplo más significativo) y, como siempre, a las mujeres se nos va invisibilizando. Puede que la mía sea la primera generación de mamás gamer y sea difícil tenernos en cuenta, pero poco a poco irán llegando más y espero que ninguna mujer abandone los juegos por el hecho de estar criando a sus hijos.

Ser madre cambia profundamente todos los aspectos de tu vida, tu manera de ser y de pensar, y también la forma en la que juegas. Quizá nunca vuelva a disponer de mis fines de semana completos con el ratón y el teclado, o puede que ya no los necesite, o quizá (y esto es lo que de verdad deseo) pueda llegar a compartir esos momentos con mi pequeño Player 2. Y, aunque te parezca que nunca va a llegar, pasarás de sujetar a tu bebé con una mano y jugar con la otra a que el niño empiece a preguntarte quién es ese fontanero con bigote que aparece saltando por la pantalla. Y de ahí a que coja su primer mando (y me deje en paz un ratito), poco debe faltar.

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Cómprame un café en ko-fi.com

galletapurrmiau
galletapurrmiau

12 comentarios
Manisa (@ManisaTardis)
Manisa (@ManisaTardis) 29/07/2017 a las 12:06 pm

Precioso artículo 🙂

leogs182
leogs182 29/07/2017 a las 12:23 pm

Soy papa de dos niñas de 4 y 2 años. Tanto yo como mi mujer jugamos con ellas. Te queda ya muy poquito para que tu pequeño player 2 se una a ti, y para mi esta siendo toda una experiencia nueva en los videojuegos. Ver como progresan poco a poco, de pasar de usar la cruceta a lo loco para mover al monigote a pasarse un nivel completo ellas solas. Precisamente el Yoshi’s Wolly World es de nuestros favoritos, junto a Sonic Adventure y Super Mario 3D World. Y es super curioso tambien como con solo 4 años la representacion femenina es tan importante para ellas. Prefieren Sonic Adventure a Sonic Generations para poder jugar con Amy, y en Mario 3D World siempre con Peach, que no es la princesa a rescatar sino que es personaje jugable. Y no veas la fiesta que tuvimos el día que desbloqueamos a Estela, porque asi cada una llevaba a una princesa.

Marco Van
Marco Van 29/07/2017 a las 4:04 pm

Que bonita experiencia, que nadie sin hijos creo que pueda entender, en el cual me incluyo.

Antwan (@hekatome)
Antwan (@hekatome) 29/07/2017 a las 2:20 pm

Qué pedazo de artículo te has marcado! Nunca había leído nada sobre videojuegos desde tu punto de vista. Gracias!

Mike Boo
Mike Boo 29/07/2017 a las 2:41 pm

Que bonito y que humano.

Yuna
Yuna 29/07/2017 a las 9:36 pm

Yo también soy madre de un pokémon (así le llamo por la red) de 19 meses recién cumplidos. Recién nacido no pude jugar a absolutamente nada porque acababa tan agotada (y apenas dormía) que el cuerpo no me pedía siquiera desconectarme por 5 minutos del mundo. Todo el mundo me lo dice y yo soy consciente de ello, ya que mi querido pokémon duerme muchas horas de noche y, si no recuerdo mal, comenzó a dormir 6 horas seguidas por la noche y actualmente llega a las 12, así que desde que lo dejo en su cunita y hasta que me entra el sueño tengo unas cuantas horas por delante para poderle dedicar a los videojuegos.

Tengo muchos aún pendientes, pero me ha ocurrido como a otros, ya hay ciertos cosas que antes quizá soportaba y ahora me dan una sensación desagradable que… bueno, prefiero evitar (no he podido jugar nuevamente a un survival horror). Ahora, he llegado a jugar delante del pequeñín y sin problemas, siendo un poco selectiva en cuanto a lo que pongo en la pantalla. He de decir que intenté remontar el Zelda: Twilight Princess, aún pendiente, pero llegaban ciertos enemigos que le asustaban y tuve que dejarlo… ahora con el Persona 5 fue totalmente diferente. Cada vez que tenía un combate dejaba su juguete y miraba a la pantalla, a veces incluso se acercaba gateando y se movía.. sí.. a mi pokémon le gustaba la música de combate de ese juego y los enemigos no le daban ningún temor (o será que le empezaba a gustar los RPG como a su madre? (?)).

De igual manera, yo sueño con poder jugar con él algún día porque mi marido no me acompaña en esta afición. Ha sentido curiosidad por los mandos (sobre todo el de la PS4 gracias a su lucecita azul). Aprovechando que pude hacerme con una mini nes le enseñaré juegos clásicos cuando vea que es el momento y después que él decida si le gusta esta afición…

Elena Asensio (@ElenaPolare)
Elena Asensio (@ElenaPolare) 03/08/2017 a las 11:37 am

Voy a ser mamá en unas semanas así que este artículo me ha llegado al corazón. Voy a tomar nota de los consejos que das y dejaré mis juegos de la 3ds y los rgps para después de dar a luz. Lo de obligarse a jugar y tener una vida aparte del bebe es un asunto que me preocupa y espero poder mentalizarme cuando sea el momento. Gracias por redactar esto, lo voy a guardar en favoritos para el futuro. Me gustaría mucho ver más artículos sobre la maternidad y jugar a videojuegos, de nuevo gracias por el post <3

Leyd (@Leyd78015192)
Leyd (@Leyd78015192) 13/08/2017 a las 8:58 am

Me ha gustado mucho tu artículo. No solo porque relacionas los videojuegos con un tema poco usual, sino que, también me pareció muy amena la forma en la que escribes. Espero leerte de nuevo c:

Laura
Laura 10/09/2017 a las 11:58 am

Que casi me pongo a llorar!! En mi caso tengo un player2 de doce años y un player3 de cuatro.

Ser madre es muy difícil porque te planteas constantemente todo lo que haces, y no sabes si te pasas influenciandolos con los juegos o si son muy jóvenes para jugar o si se les va a derretir el cerebro o influir en su desarrollo (a quien no le dijo eso su madre?).

PERO Ahora mismo es tan gratificante jugar (y picarme) con mi player2 a Overwatch viendo quien acaba con más puntos la temporada o conseguir todos los Yoshi de lana (en serio, maravilla de juego) y ver que el player3 ya acaba las carreras en Mario Kart, siempre último, pero quitamos la CPU y para él siempre acaba cuarto y tan contento.

Los videojuegos es una cosa estupenda a compartir con los hijos, difícil y que mucha gente critica, pero si te salen jugones (como a mi en mi caso el grande), la complicidad que se crea no tiene precio.

Gracias por la maravillosa entrada!!

Monica conpeques
Monica conpeques 05/10/2017 a las 2:08 pm

Yo tambié he sido gamer desde bastante cría y la maternidad ha cambiado mis hábitos. Cuando me quedé embarazada del primero todavía pasaba horas jugando al WOW, y a consolas. Mis favoritos de siempre, aventuras gráficas, RPG y plataformas tuvieron que dar paso a puzzles y más bien de móvil.
Como pronto tuve otro nene al final son ya casi 6 años sin jugar apenas. Hace poco he rescatado la wii y juego con el mayor a Mario Galaxy. La PS3 se la cargó el pequeño metiendo cosas en la ranura…
De vez en cuando sigo echando ojo a reviews de juegos y acabo de comprar el Mario Run para el ipad con la excusa de jugar con el mayor.
Espero poder volver algun día a tener esas sesiones nocturnas de 5, 6 horas sin parar…

Samkiud
Samkiud 25/02/2018 a las 8:16 pm

Sí, el mejor artículo que he leído de Todas Gamers.

Lady Ababwa
Lady Ababwa 08/04/2018 a las 4:43 pm

Es el artículo más tierno que he leído en mucho tiempo. Éste es precisamente un tema que me preocupa (aún no soy madre, pero sé que llegaré a serlo), así que gracias por compartir tu experiencia con el resto.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: