Ale, Alejandra… Fortunata… Jacinta…
Análisis de Lost in Random: The Eternal Die
17/06/2025 | Aonia Midnight | No hay comentarios
Lost in Random fue la clase de juego que me sorprendió y enamoró a partes iguales, llegando a convertirse en uno de mis GOTY en 2021. Tanto su ambientación timburtoniana como su original estilo de combate me atraparon de principio a fin. Y tan pronto como se anunció Lost in Random: The Eternal Die me subí al tren del hype sin mirar atrás. Sin embargo, tal como me ocurrió con su predecesor y el sistema de cartas, cuando se reveló que habían optado por el género roguelite se me encogió el estómago. No sólo no se trata de un estilo de juego que acostumbre, sino que además me había enamorado el sistema de combate que combinaba lanzamientos de dado y selección de cartas. Por suerte, y de nuevo, mis temores eran infundados y lo he disfrutado de buena gana.
Lost in Random: The Eternal Die no sólo ha optado por un género diferente, también nos traslada a una historia que poco o nada tiene que ver con la original. En esta ocasión, encarnaremos a la exgobernante del reino de Azar, Alejandra, que ha acabado en el Santuario desprovista de todo su poder. Eso sí, no estará sola ni será totalmente vulnerable, ya que mantendrá su espada y a su fiel compañera Fortunata. Como buena dadomadora, estos dos elementos le permitirán sortear un sinfín de obstáculos y enemigos para acabar con el Caballero Delirio y destruir el Nigrodado. O, al menos, intentarlo. Y no será tarea fácil, ya que deberemos superar cuatro reinos, cuyas salas se generan aleatoriamente, con toda clase de enfrentamientos.
Por un lado, encontraremos numerosas criaturas dispuestas a pararnos los pies o, al menos, perjudicarnos lo suficiente como para que los enemigos más duros nos rematen. Por otro lado, los escenarios estarán repletos de trampas que nos harán prestar atención a cada lugar que pisemos. O revisar bien la dirección en la que esquivamos para no liarla. Además, en el Nigrodado nos toparemos con algunos habitantes de Azar a los que quizás Alejandra no trató del todo bien durante su mandato. Y del mismo modo que a algunos tendremos que ayudarlos, deberemos enfrentarnos a otros para poder avanzar.

Así pues, en Lost in Random: The Eternal Die avanzaremos en la historia conforme lo hagamos en los biomas. Y completando las pequeñas misiones propuestas por los habitantes de Azar que vayamos rescatando conoceremos más detalles de la aventura. De paso, hallaremos la forma de comprar otras armas —un arco, una lanza y un martillo— y mejorarlas. Además de atuendos y prodigios. Los primeros serán meramente estéticos, pero los prodigios nos permitirán activar ciertos atributos pasivos que beneficiarán nuestras partidas. Sea aumentar nuestra salud o la cantidad recuperada con los viales o sea hacer más daño a enemigos, entre otras cosas.
Obtendremos y mejoraremos nuestras armas utilizando ascuas y compraremos y mejoraremos prodigios utilizando puntículas, ambos recursos que conseguiremos a lo largo de la partida. A menudo, debiendo elegir cuál preferimos al finalizar un combate. Y es que los reinos de Lost in Random: The Eternal Die siguen el patrón de Cult of the Lamb y Hades. Es decir, nos adentraremos en una sala, combatiremos si es necesario y se desbloqueará una recompensa o tendremos que escoger una entre dos opciones. Recompensas que pueden ser oro o salud, ascuas o puntículas, perlas y reliquias.
Por su parte, estas perlas y reliquias serán lo que nos haga devanarnos los sesos conforme avancemos en los biomas. Y es que dispondremos de unos casilleros en los que colocar y combinar estos elementos aprovechando sus colores para potenciar nuestros poderes. Las perlas se romperán al combinar tres del mismo color, mientras que las reliquias permanecerán ocupando su espacio. Algo que puede suponer un quebradero de cabeza a la hora de colocar nuevas piezas. Sobre todo si queremos centrarnos en algo en concreto, sea la suerte, el conjuro, las armas, el dado o las cartas.
Y es que, en Lost in Random: The Eternal Die, cada pequeña decisión puede suponer un antes y un después en nuestros recorridos por los diferentes biomas. Desde la elección del arma hasta los poderes potenciados y, por supuesto, la carta que llevemos equipada. Al principio de cada visita a los reinos del Nigrodado tendremos la opción de equiparnos (o no) una carta al azar. Al activarla, consumiendo cargas de energía que deberemos rellenar golpeando a nuestros oponentes, desencadenaremos un hechizo. Algunos ralentizarán a nuestros enemigos, otros los electrocutarán o debilitarán y otros, como no podía ser de otra forma, los envenenarán. Todo ello de forma temporal, pero abriéndonos una pequeña brecha para causar algo de daño extra.

De vez en cuando, explorando los biomas, encontraremos elementos relacionados con misiones secundarias de los habitantes de Azar. Otras, fragmentos de la historia de Alejandra. Y a menudo la opción de cambiar nuestra carta o conseguir un tesoro pagando con cierta cantidad de salud. También tendremos ocasión de gastar el oro acumulado en la partida en objetos de la tienda de Manuela Billetes. Aunque al principio quizás sean demasiado caros para nuestros modestos ahorros. Y de vez en cuando nos toparemos con Desafíos de dados en los que deberemos lanzar a Fortunata para participar en ellos a través de combates o tableros de recompensas, por ejemplo.
Además, podremos teletransportarnos cómodamente a las salas clave desbloqueadas a lo largo de nuestro recorrido por los reinos. Eso sí, bioma a bioma, nada de volver atrás una vez traspasada la salida, pero podremos acudir a la tienda rápidamente cuando hayamos recolectado más oro, por ejemplo. Elementos propios de roguito con incorporaciones sutiles de Lost in Random, como el lanzamiento de Fortunata.
Así, tal y como hacíamos en el primer juego, lanzaremos a nuestra acompañante y esperaremos el resultado según el número mostrado. Fortunata realizará un ataque de área y su efecto podrá variar según las perlas y reliquias equipadas, donde podremos escoger atributos como que la obtención de cierto número produzca un daño concreto, por ejemplo. Sin embargo, el lanzamiento de Fortunata no es algo que haya explotado demasiado. El combate en determinadas zonas es tan frenético, tratando además de esquivar obstáculos, que no encontraba la ocasión de apuntar y lanzar el dado. O si la había, no me parecía que mereciera demasiado la pena. En cualquier caso, es un detalle del título anterior que no podía faltar. Así como las menciones al mundo de Azar donde reconoceremos zonas visitadas con Par.
Sin embargo, no he podido evitar sentir que Lost in Random: The Eternal Die se quedaba a medio gas en comparación con su predecesor. Las comparaciones son odiosas, lo sé, pero para quienes esperábamos una secuela, este nuevo formato influye. El combate de Lost in Random era único y original, por lo que optar por el roguelite de acción supone un cambio considerable. Ni mejor ni peor, pero sí lo suficientemente diferente como para clavar una espinita. Y la historia tampoco termina de aportar demasiado a nuestro paso por el título. De hecho, pasaremos horas prácticamente en automático recorriendo los reinos sin recordar, ni dar demasiada importancia, a qué hacemos aquí o cuál es nuestro objetivo. Es decir, es un roguito que engancha, pero sin mayor razón que recorrer salas probando armas y combinaciones de reliquias.

De hecho, Lost in Random: The Eternal Die ni siquiera es un juego excesivamente complicado, aunque podremos ponerlo en modo fácil si lo vemos necesario. Por supuesto, moriremos en múltiples ocasiones, sea porque el recorrido nos ha pasado factura o por una mala gestión de armas o reliquias. Sin embargo, no tardaremos en dominar el formato y disfrutar recorriendo los biomas en busca del Caballero Delirio. O tratando de desbloquear los diferentes finales. Todo ello sin frustrarnos demasiado.
En cualquier caso, Lost in Random: The Eternal Die quizás no sea la secuela que esperaba, pero tampoco diría que me ha decepcionado. Ni me ha disgustado. Más bien al contrario, lo he disfrutado como una enana, aceptándolo como parte del género roguelite sin pensar en lo que podría haber sido. En ello, por supuesto, influye que el apartado artístico sigue siendo una maravilla que invita a ojear cada rincón. Y la posibilidad de jugar en Steam Deck tirada en el sofá cerca de una fuente de frío, todo sea dicho. Además, nos llega en múltiples idiomas, entre ellos el nuestro, con una traducción cuidada y acreditada.
Esta entrega de Lost in Random supone un puente tanto para amantes de este universo como de los rogues. Quizás se echen en falta elementos propios de la saga que enamoraron a su público, pero el nuevo formato se encarga de atrapar a quien juega. Y quienes vienen con varios rogues a espaldas, encontrarán un nuevo juego en el que echar horas probando combinaciones de armas, mejoras, reliquias y prodigios. Por lo que a mí respecta, calculo que aún puedo echarle una decena de horas antes de desbloquear todas las reliquias. Y, para no frecuentar demasiados juegos del género, apenas me han curtido el lomo. Es más, todavía me levanto, me sacudo el polvo de encima y vuelvo a intentarlo. ¿Acaso me estoy volviendo rogueadicta?
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

