Para galletas las de este príncipe
Análisis de Prince of Persia: The Lost Crown
30/01/2024 | Aonia Midnight | No hay comentarios
La llegada de un título nuevo a una saga mítica siempre da un poco de miedo. Incluso cuando se trata de una que hacía tiempo que queríamos que volviera. Tanto si esperábamos una continuación de la historia como un remake o un cambio de mecánicas, no es raro sentir el peso de la nostalgia. O preguntarse si las nuevas entregas nos gustarán tanto como sus predecesoras. Por suerte, Prince of Persia: The Lost Crown ha sabido mantenerse a la altura de las expectativas, e incluso me atrevo a decir que las ha superado con creces.
En esta ocasión volvemos a Persia a través de Sargon, el más joven de un grupo de guerreros de élite conocidos como los Inmortales. El príncipe Ghassan ha sido secuestrado y será nuestro deber rescatarlo, adentrándonos en el Monte Qaf y la Ciudad Antigua. En este lugar, además, se cree que habita el Simurgh, dios del tiempo y el conocimiento y protector de Persia, aunque hace 30 años que no se sabe de él.
El Monte Qaf no sólo está plagado de peligros, en forma de trampas y enemigos, sino que pronto descubriremos que algo extraño ocurre en este lugar y afecta al flujo del tiempo. Así pues, nuestro objetivo irá más allá del rescate del príncipe, debiendo descubrir qué es lo que pasa y si hay una forma de volver a la normalidad. Y por si nos parece poco, durante la aventura descubriremos toda clase de secretos e intrigas que nos mantendrán con la nariz en la pantalla de principio a fin.
Prince of Persia: The Lost Crown es un juego desafiante, en el mejor de los sentidos. Y es que no sólo cuenta con diferentes modos de dificultad, sino que está tan bien equilibrado que nos parecerá, sobre todo, asequible. Incluso esas zonas que se nos resistan poniendo a prueba nuestra destreza y nuestra capacidad de tolerar la frustración. En cualquier caso, tenemos la posibilidad de personalizar el nivel de reto que queremos afrontar, escogiendo el daño que recibimos de enemigos y entorno, entre otras cosas. Y en el apartado de accesibilidad podremos activar la ayuda a las plataformas, algo que nos recomendarán si fracasamos estrepitosamente en múltiples ocasiones.
Sin embargo, el nivel intermedio de dificultad es más que adecuado para disfrutar de la aventura sin que ningún periférico o pantalla acabe siendo lanzado por la ventana. Aunque a menudo necesitaremos cerrar el juego y coger aire para superar ciertas zonas, sobre todo a la hora de hacernos con algunos coleccionables. Cabe decir también que en el apartado de accesibilidad encontraremos la opción de desactivar el temblor de la pantalla, o el modo de alto contraste, que destaca elementos importantes.

De igual modo, tendremos la posibilidad de escoger el idioma del texto y las voces, donde descubriremos que está doblado y traducido tanto en persa como en nuestro idioma. Ideal para configurar la Prince of Persia full experience, si me permitís el consejo. Además, el equipo de localización y doblaje están recogidos en el apartado correspondiente, y el trabajo que han hecho es maravilloso. Y no temáis perderos algo de información si activáis las voces en persa, porque la mayoría de los diálogos sucederán en forma de visual novel. Es decir, cuadros de texto con una imagen del personaje que habla. Aunque también veremos cinemáticas que nos pedirán a voces quemar el botón de capturar pantalla.
Algo que no podremos hacer tan cómodamente durante la partida, sobre todo cuando el mapa se llena de trampas y obstáculos que ponen en juego nuestra vida. En estos momentos lo mejor será concentrarnos y, sobre todo, tener paciencia. Mucha. Que no pasa nada por morir cinco, diez, o veinte veces en una zona. Sobre todo cuando el resultado merece la pena. De hecho, a veces con volver en otro momento será más que suficiente.
Y es que Prince of Persia: The Lost Crown es un metroidvania con un amplio mapa por descubrir, obligándonos a avanzar y regresar a otras zonas conforme desbloqueemos habilidades. De hecho, si esta mecánica nos agobia, tenemos la posibilidad de activar el modo guiado del juego, donde nos indicarán dónde se encuentra nuestro siguiente objetivo. Si, por otro lado, queremos explorar a nuestro ritmo —cosa que recomiendo en un principio—, podremos valernos de los fragmentos de memoria y los marcadores. De esta forma, siempre sabremos qué nos obligaba a volver. Además, el Monte Qaf está lleno de rincones secretos y puzles que harán que nos rompamos la cabeza si queremos conseguirlo todo.
A lo largo de la aventura desbloquearemos movimientos que nos facilitarán considerablemente la vida, tanto a la hora de recorrer el mapa como al combatir. Y cada nuevo elemento irá acompañado del correspondiente tutorial. También podremos equiparnos amuletos que influirán en el daño que hagamos o recibamos. Disponemos de huecos limitados, lo que nos obligará a pensar bien qué queremos equipar en cada momento. Además, esto es algo que sólo podremos modificar en los árboles wakwak.
Estos árboles se encuentran distribuidos por todo el mapa y servirán a modo de punto de guardado, así como para recuperar pociones y flechas gastadas. Será donde regresemos al consumir nuestra barra de vida, por lo que no está de más pararse en el más cercano a la zona que vayamos a explorar para evitar sorpresas desagradables. Sobre todo porque puede que tardemos un poco en desbloquear el viaje rápido.

Hasta que llegue ese momento, el camino servirá como forma de descubrir tesoros, aprender a superar zonas de trampas y obstáculos y derrotar enemigos que nos otorgarán cristales del tiempo. Estos servirán como moneda de cambio tanto en la tienda como en la fragua, sea para obtener equipo nuevo o para mejorarlo. Y en ocasiones necesitaremos jerjes, monedas especialmente complicadas de conseguir al encontrarse en zonas llenas de peligros, o minerales.
Todo esto, junto a otros tesoros y coleccionables, se encuentra escondido a lo largo y ancho de Monte Qaf, obligándonos a recorrer cada rincón si tenemos alma completista. También encontraremos alguna que otra misión secundaria, que podremos aceptar o dejar para otro momento. Sobre todo porque, superado el juego, podremos volver para zanjar asuntos pendientes.
Otro elemento a tener en cuenta en Prince of Persia: The Lost Crown es el Athra, una energía sagrada que iremos acumulando a base de golpes (otorgados o recibidos). El Athra nos permitirá realizar un ataque cargado, pudiendo desbloquear varios poderes clasificados en tres niveles, según el coste de energía que suponen. Y si bien estos poderes son especialmente útiles en los combates contra jefes, pueden sacarnos de más de un apuro contra algunos enemigos del montón.
Si fracasamos al enfrentarnos contra un jefe, tendremos la opción de volver a intentarlo, sin tener que recorrer de nuevo todo el camino, o volver al último árbol wakwak. Así, podremos volver en otro momento, cambiar de equipo o simplemente luchar hasta superar el combate. A menudo es más una cuestión de aprender a afrontar movimientos que de los amuletos que portamos. Sobre todo porque los enemigos utilizarán todo tipo de ataques, y algunos podremos bloquearlos e incluso devolverlos si tenemos buenos reflejos. Mientras que otros deberemos evitarlos en la medida de lo posible. Todo ello guiándonos por un código de colores, donde dorado significa que hay posibilidad de hacer un parry, y rojo implica peligro.
En lo que a controles se refiere, podremos jugar tanto con ratón y teclado como con mando, aunque es recomendable optar por este último. Eso sí, podremos configurar los controles a nuestro gusto en el menú de ajustes si fuera necesario. Y si bien no parece aprovechar la tecnología del DualSense de PlayStation 5, al menos en ordenador, la verdad es que resulta agradable escuchar los sonidos que salen por su altavoz.
Y es que el apartado audiovisual de Prince of Persia: The Lost Crown no deja indiferente. Al tratarse de una aventura de desplazamiento lateral, con cuadros de diálogo y cinemáticas, disfrutaremos de una mezcla tan interesante como pulida. A lo largo de la partida nos acompañará una banda sonora que, sin ser mítica, se adapta estupendamente a cada zona. Mientras que en lo visual disfrutaremos de escenarios llenos de detalles, con zonas (y momentos) que nos harán pararnos a disfrutar de las vistas.

Sin duda se trata de un juego hecho con mucho mimo y que invita a ser disfrutado de la misma manera, donde quizás lo más importante sea la forma en que se ha equilibrado la dificultad para proporcionar una experiencia ideal para cualquiera que quiera probar. Y es que no importa las veces que mordamos el polvo, sea en combates decisivos para avanzar o explorando en busca de coleccionables, ya que sabremos que podemos con ello. Sea cuestión de ensayo y error, de intentarlo hasta fusionarnos con el mando, o de dejarlo para volver en otro momento con la cabeza despejada.
Ello, por supuesto, acompañado de una historia que nos atrapará desde el principio, y cuyo trasfondo conoceremos si buscamos en los lugares adecuados. Además, no se trata de un título que se alargue excesivamente o que incluya demasiadas misiones secundarias que nos aparten de la trama principal. Su duración recaerá, sobre todo, en lo que nos cueste superar ciertas zonas o combates. O las ganas que tengamos de superar cierto desafío que aparentemente es imposible. En cualquier caso, Sargon es un Inmortal… ¿no?
Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

