Hace falta mucha terapia aquí

Análisis de The Last of Us Parte II Remastered (PC)

Análisis de The Last of Us Parte II Remastered (PC)

Todavía recuerdo el revuelo que se formó con The Last of Us Parte II. No solo por el juego en sí mismo sino con cada detalle previo a su lanzamiento que se iba mostrando. Sorprendemente, las partes de la trama que descubrí sin jugarlo fueron por voluntad propia. Toda la gente de mi entorno hacía referencia a cosas del juego (no públicas) de forma críptica, lo que me provocaba más ganas de jugar. Pero no disparo con mando. ¿Qué hice? Tirar de la manga a mi pareja para que jugara mientras yo comía palomitas, claro está. ¡No me juzguéis, compartía, le iba dando! ¿Qué he hecho ahora que ha llegado la versión remasterizada a nuestros ordenadores? ¡JUGAR CON MANDO! No tengo remedio ni perdón. Ni a alguien dándome palomitas.

A estas alturas, no tiene mucho sentido hablar de trama, mecánicas, arte, doblaje y demás. El juego no salió ayer ni en su versión original ni remasterizado. Así que vamos a darle prioridad a lo que habéis venido buscando: el rendimiento. Si bien es cierto que un número considerable de ports de consola a PC salen con mayor o menor cantidad de errores, éste no fue el caso. The Last of Us Parte II Remastered salió pulido y, de todos modos, han seguido añadiendo parches para ofrecer la mejor experiencia posible al público.

Esta nueva versión del juego también incluye la integración del mando DualSense de PlayStation para que sintamos el gustico que dan los gatillos adaptativos y la respuesta háptica. Y dado que, entre las múltiples opciones de accesibilidad, encontraremos la asistencia al apuntado, no sufriremos con eso de disparar con mando. O bueno, dependiendo del modo de dificultad escogido, ya que algunos no permiten activar esta opción, entre otras cosas. Aunque supongo que si quieres y puedes superar la aventura con los ajustes más realistas, no necesitas demasiada ayuda.

Además, en lo que al mando se refiere, cabe decir que acaba siendo más intuitivo que jugar con ratón y teclado. Y es que está muy bien apuntar ágilmente a donde queremos disparar, sobre todo con enemigos que se mueven a gran velocidad, pero esquivar con ALT debería estar prohibido. O agacharse con C, ya que estamos. Y diréis “Pero Aonia, puedes reasignar los controles”, a lo que os responderé “Mira cómo conecto mi DualSense enfundado en insolente color rosita”. No, ahora en serio, si es que los enemigos se mueven tan rápido que el ratón tampoco hace milagros. Y, en cualquier caso, si queremos sobrevivir más nos vale hacer un máster en sigilo.

Ellie en The Last of Us Parte II

Por supuesto, según la dificultad escogida, los enemigos serán más duros de oído o auténticos linces. De hecho, en su nivel intermedio, nos harán sudar en más de una ocasión. A menudo rozando la frustración e incluso necesitando un tiempo para pensar con la cabeza más fría y las manos menos temblorosas. Sobrevivir no es fácil, las cosas como son, y The Last of Us Parte II no pretende ser un paseo por el campo. De hecho, acabaremos sobresaltándonos no solo con situaciones que nos tiene reservadas el juego, sino también con eventos externos. Y es que el nivel de inmersión es absoluto, en especial si jugamos con auriculares y regulamos adecuadamente brillo y gráficos en general.

En especial, porque se trata de una obra que, si bien no invita a explorar, aunque sea por miedo a meterse en la boca del lobo, sí pide a voces quemar el botón de capturar pantalla. A lo largo de nuestra aventura, recorreremos escenarios cuidados al detalle, donde buscar munición y otros recursos para mejorar nuestras armas serán una mera excusa para desviarse. Así como los coleccionables. Mientras, querremos acercar la vista, no sólo del personaje manejado, sino inclinándonos hacia la pantalla y admirar a cada cosilla. Claro que, así, cómo no nos vamos a llevar algún que otro susto.

Por su parte, una vez superado el juego, todavía tendremos la posibilidad de explotar nuestro paso por The Last of Us Parte II Remastered a través de Sin Retorno. Aunque podremos acceder a él en cualquier momento bajo nuestra cuenta y riesgo. Este modo de juego ofrece una experiencia de supervivencia estilo roguelike. Así, deberemos sobrevivir tanto tiempo como seamos capaces a través de encuentros aleatorios. E iremos desbloqueando personajes con características propias y encontrándonos diversos desafíos y enemigos. Sobra decir que nos moveremos por escenarios del juego y que habrá batallas contra jefes. Y si, por otro lado, el género roguelike no es lo nuestro, también podemos improvisar con la guitarra. A decir verdad, ambas cosas se me dan igual de mal, por lo que no son modos que haya explorado demasiado.

Donde más tiempo he invertido ha sido en la propia aventura. No solo por vivirla en primera persona o ver qué detalles pasé por alto como mera espectadora. También porque comencé a jugar al poquito de empezar a ver la segunda temporada de la serie. Y es que a menudo notamos los cambios y libertades creativas basándonos en nuestros recuerdos, así que hacerlo prácticamente a la par es toda una experiencia. Más allá de lo que es más sencillo hacer en un formato o en otro. O incluso las preferencias de cada persona respecto a una misma obra. De momento, y a la espera de ver lo que nos depara el resto de la serie y salvo determinados aspectos, debo admitir que me sigo quedando con el videojuego.

Abby en The Last of Us Parte II

Al final, la historia de Ellie y Abby tiene un impacto diferente en cada formato. Y vivirlo en primera persona, independientemente de otros cambios que pueden agradar más o menos al público, deja huella. O, como mínimo, no deja indiferente. Desde luego, se trata de una obra que merece ser disfrutada, independientemente de cómo, y que alimenta conversaciones muy interesantes. En esta misma web se analizó no una, ni dos, sino hasta tres veces su historia. Y la misma suele generar debates de esos que no tienen una respuesta correcta.

De hecho, para quienes tienden a profundizar en aquello que les interesa, The Last of Us tiene una lectura altamente relacionada con la actualidad. Y, en especial, con la posición de Neil Druckmann a favor de Israel durante el genocidio del pueblo palestino. Por desgracia, a mí es un tema que se me escapa, quedándome en la superficie y, barriendo hacia lo mío, en un análisis más psicológico de la historia y sus personajes. Algo de lo que espero tener tiempo en algún momento de hablaros.

Por lo pronto, no puedo sino invitaros a adentraros en The Last of Us por tratarse de una obra que cala. Sea a través de lo que nos cuenta, de cómo actúan los personajes, de sus escenarios o sus mecánicas de sigilo y supervivencia. Además, The Last of Us Parte I nos regaló a uno de los mejores personajes femeninos del mundo de los videojuegos: Ellie. En The Last of Us Parte II, no sólo la veremos crecer años después de su viaje por Estados Unidos, sino que la acompañaremos en una aventura de las que hace plantearse la fina línea entre justicia y venganza. Y si bien ya no contará chistes malos, canturreará o tratará de silbar sin éxito, seguirá siendo nuestra Ellie… ¿O quizás no?

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Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Psicóloga porque lo dice un título // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme // Nothing is true, the cake is a lie

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