¿Rituales tenebrosos, por favor? Tercera puerta a la derecha, una carta por persona

The Arcana: Hay una carta para ti

The Arcana: Hay una carta para ti

Precaución al ávido lector: Puede haber spoilers menores de The Arcana, Mystic Messenger, Ikémen Sengoku y Fire Emblem Three Houses.

Antes de TodasGamers (ATG), personalmente no conocía los videojuegos otome. Al menos no por ese nombre, aunque las opciones de ligoteo en títulos como Dragon Age eran algo que me volvía loquísima. Pero desconocía por completo la existencia del género como tal. Como mucho alguna broma con Hatoful Boyfriend, el juego ese de coquetear con palomas. Yo creía que la colombofilia era otra cosa. Por aquel entonces era simplemente una seguidora en redes sociales, y ni me planteaba que me admitiesen para escribir en esta web de videojuegos con tanta gente molona. Chúpate esa, síndrome del impostor.

Entre los artículos que leía con alevosía, captó mi atención “Ikémen Sengoku: romances across time. En dónde me he otome-tido”, de Aesidh. ¿Quiénes eran esos aguerridos caballeros con estética anime que me miraban libidinosamente a través de la pantalla? Además, mentaban otro juego que estaba creando furor en mis redes sociales, Mystic Messenger. Y yo, que no sabía de qué trataba la vaina, me asomé a esa ventana de misterio y drama que era buscarme novio entre los señores de la guerra del Japón feudal. Dediqué muchísimas horas a ambos juegos, y por eso se convirtieron en mi principal referencia y comparativa a los que cayeron en mis manos posteriormente.

Tras Ikémen Sengoku (al que sigo jugando) siguieron muchos más. Desarrollé una poco saludable obsesión con varios personajes de Mystic Messenger y fui una seductora Alicia en Lost Alice. Entre otros. Entre muchos otros. Porque el género otome es, ciertamente, una cosa, y les encanta buscar tramas muy locas. Un diez, por cierto, a los creadores de Ikémen Vampire, en el que atraviesas una puerta del museo del Louvre para ir a parar a una realidad alternativa en la que figuras como Leonardo da Vinci, Théo Van Gogh o Napoleón Bonaparte son vampiros de incógnito que te acogen en su mansión. Pero estoy divagando.

Personajes de los cuatro títulos de Ikémen: Sengoku, Vampire, Prince y Revolution. Todos con personajes extremadamente parecidos

Es fácil identificar qué empresa ha hecho un juego por su diseño de personajes

Dentro de toda la vorágine de romances gachapon que implican los otomes gratuitos de móvil (porque que te quieran está bien, pero que le des tu dinerito a la empresa les parece mejor), caí un día en un título nuevo: The Arcana. Basado en las cartas del tarot, como su propio nombre indica, tenía un tráiler bastante llamativo, más centrado en misticismo y misterio que en las capacidades de seducción de nuestro personaje.

Lo primero que me llamaba la atención eran los diseños. Si bien gráficamente seguía siendo tipo cómic, se aleja de la estética habitual. Personajes con mayor diversidad de cuerpos que a lo que estaba acostumbrada, aunque sin pasarse. Colores de piel diferentes. Caras alejadas de los estereotipos de los otomes, que suelen incluir señores con poco vello corporal, facciones andróginas e inequívocamente un personaje con heterocromía. Eso sí, el caballero de parche en el ojo no falta.

Además, The Arcana no asume automáticamente que seas una mujer, aunque sea el público objetivo del juego. Puedes elegir tus pronombres y cómo quieres que te llamen el resto de protagonistas. Hay dos señoras para romancear. ¡Y qué señoras! Tanto la condesa Nadia como Portia no son personajes precisamente insulsos o víctimas de su tiempo. Y, contrariamente a lo que solemos ver, nosotras tampoco lo somos. Tenemos el don de la magia, aunque somos aprendices de Asra, nuestro mentor, que además de hechicero tiene una tienda esotérica en el centro de la ciudad. Todo depende de nuestras decisiones, pero tenemos personalidad, poder y capacidad de decisión propia.

Aparecen microtransacciones, como cabría esperar, pero no son tan invasivas como cuando nos inundan los anuncios de eventos o adornos para nuestro personaje, tan típico en otros títulos. De hecho, puedes leer la mayor parte de la historia de un tirón, ya que las llaves para desbloquear los capítulos son extremadamente fáciles de conseguir en los minijuegos. Y las partes “de pago” (que suelen incluir una escena más íntima o con erotismo soft) tampoco son tediosas de desbloquear de forma gratuita, al darnos el juego la moneda necesaria para ello solamente por hacer login diariamente.

A la izquierda Portia sorprendida viendo gallinas, en el centro Julian presumiblemente herido, y a la derecha la carta del tarot del Ahorcado siendo un cuervo insultantemente sexy

¿Pero es que no hay nadie en este juego que no sea insultantemente atractivo?

La premisa es el misterio que cae sobre la ciudad de Vesuvia, en la que gobierna Nadia en solitario tras la desaparición de su marido el conde Lucio. Todo ello ocurrió en el transcurso de un ritual, del que poca gente sabe, buscando una curación para la Plaga Roja que afectaba al conde (y a media ciudad, pero eso a él le daba igual). Se curó muriéndose durante el mismo, que es cosa muy resolutiva, pero su espíritu no ha trascendido al más allá. Nos requerirán en palacio y ahí comenzarán nuestros desvelos. Viviremos aventuras interdimensionales, luchas con entidades superiores y conoceremos a los Arcanos Mayores del Tarot. Y hay furries. Vaya si los hay. Muy bien diseñados, con gusto y (que yo sepa) no romanceables, pero furries y avians al fin y al cabo.

En un primer momento solamente había tres rutas de romance disponibles: Asra, Julian y Nadia. Básicamente en su inicio se trata de una misma historia bajo tres puntos de vista diferentes, aunque toman derroteros bastante separados. Tras varios meses se introdujeron tres rutas nuevas: Muriel, Portia y Lucio. Con ellas se añade mucha más profundidad a la trama, todo dentro del contexto de la historia que ya conocíamos.

Durante mi primera partida, al solo poder elegir tres rutas, me incliné por la vieja confiable y me fui con Asra. Bastante previsible, pero no por ello menos grato. Sacar el ending bueno no es demasiado difícil, así que ni tan mal. Pero, para qué engañarnos, yo también soy de todo menos imaginativa. Y en cuanto abrieron las tres rutas nuevas me lancé de cabeza a la del conde Lucio, porque los personajes moralmente grises y más tontos que una piedra son mi perdición. Lucio es ególatra y temerario, y quizá ha sido un poquito genocida en sus ansias de curarse, pero es mi genocida (no, no conozco a ningún Dimitri, ¿por qué preguntáis?). Y Lucio, aunque nunca será el más brillante del continente, emprende su propio camino de la redención. Tampoco nada heroico ni movido por rescatar a los desfavorecidos, sino más bien porque descubre qué es hacer lo correcto gracias a la influencia de nuestro personaje. Y aunque al resto de personajes no les caiga exactamente bien, aprenden a tolerar la presencia del histriónico conde. Nadia está bastante aliviada en el fondo de que su cargante esposo se haya olvidado de ella afectivamente. El tema de su anterior matrimonio se resuelve solo, ya que “hasta que la muerte nos separe” se hizo efectivo al haber fallecido realmente en el ritual. No, tampoco hay nigromancia ni necrofilia.

A la izquierda aparece la pantalla en la que elegimos nombre y pronombres de nuestro personaje. A la derecha aparecen todos los personajes de The Arcana con diversas banderas del colectivo LGTBI+

The Arcana es un juego completamente respetuoso con el colectivo LGTBI+, como muestran además en sus redes sociales

¿Qué tiene The Arcana que suele ser más memorable que muchos de los otomes que he jugado? Ya he nombrado los diseños de personaje y la diversidad, que siempre la buscamos mucho pero no suele estar presente. Para empezar, la posibilidad de romances LGTBI+ en un juego que parece pensado más para un público femenino. Recalco esto porque resulta curioso que haya mucha más variedad étnica, de identidad de género y de libertad sexual en juegos como Dream Daddy, que está más orientado a señores, aunque a nosotras nos encante. La mayor parte de otomes están diseñados para que los juegue una mayoría femenina, y suelen implicar solteros calientes en tu zona, con más bien pocas responsabilidades personales o familiares y, por supuesto, todos hombres. Aún me dura el enfado con la ruta de Jaehee en Mystic Messenger, juego en el que te comes los morros con quien haga falta, pero con ella montas una pastelería de colegas. Amigas que hacen tartas y bollos. No pun intended. Eso sí, con el tiempo Cheritz introdujo un componente de erotismo sáfico considerable entre el personaje principal y Rika si jugábamos la ruta de V. Pero no hay romance explícito ninio, solo masibon.

Otra cosa que se agradece es la ausencia de situaciones violentas, desagradables o que potencialmente desencadenen recuerdos indeseados en quien juegue. Casi todos los otomes en los que he estado tienen alguno de estos eventos. Que Jumin (MM) nos secuestre en su casa puede ser muy erótico para algunas personas (y uno de los capítulos post-story se basa en la relación BDSM consensuada que mantenemos con él), pero a otras les puede resultar insoportable. Algunos fragmentos de la historia con Kenshin Uesugi (Ikémen Sengoku) pueden hacernos sentir un tanto violentas. Repito que esto depende mucho de nuestras preferencias, pero la atracción y el erotismo son un mundo distinto en cada situación y hay temas muy delicados.

The Arcana, por otra parte, puede resultar más soso en tema sexual, pero desde luego es mucho más respetuoso. Deja prácticamente todo a la imaginación. Hay un obvio aspecto romántico, pero cómo queramos creer que nos dan ritmo ragatanga en el armario de las escobas es elección nuestra. O si nos lo dan. Porque esa opción también está presente, la de “no es momento de realizar ciertos actos” y que corra el aire. No hay violencia física fuera de magia y algún espadazo con gusanos del vacío, y si nos apresan temeremos por nuestro personaje, pero con la seguridad de que la sangre, vísceras y body horror no van a estar presentes.

Tres escenas distintas de Lucio: La de la izquierda, acariciando a sus perros. La central, diciendo "soy demasiado guapo para morir aquí". La de la derecha, haciendo una gran entrada por unas escaleras

Histriónico, engreído, y más tonto que una piedra. Y el amor de mi vida otomesca

Asimismo, no somos damiselas débiles ni perdidas. Esto ocurría en cierto modo en Ikémen Sengoku, donde nuestra protagonista tiene un carácter notable y se hace respetar, consiguiéndolo (más o menos) a pesar de los estándares de la época. Pero las “lecciones de princesa” y los rescates de secuestros que no falten. Sin embargo, en The Arcana nuestra magia es sobrecogedora a pesar de que seamos simples aprendices. Nos tratan como iguales porque somos sus iguales. Nadia no es “la viuda del conde”, sino la condesa Satrinava, y todo el mundo le guarda devoción y respeto. Y aunque pueda parecer que tiene que ver con que su difunto marido fuese un zoquete, lo cierto es que la admiración que despierta su savoir faire la sigue allá donde va.

En Vesuvia hay diferencias sociales, pero se reflejan mucho más en nobles corruptos y razonablemente descerebrados que en racismo, sexismo o discriminación por nuestro modo de vida. Los villanos del juego no nos espetan un “¡Eh, mujer!”. Lucio, a pesar de toda la masculinidad frágil que pueda irradiar, no duda ni medio segundo en pedirnos ayuda si la necesita. Quiere impresionarnos, claro, pero porque le valoremos tan divinamente como él se ve, no por que se sienta superior. Ni la relación con Portia ni Muriel nos lleva a una fiesta en tercera clase como en Titanic, sin trajes encorsetados pero con rica romantización del clasismo. Todos los protagonistas son personas válidas y maravillosas, habiten en una choza, en palacio o debajo de una piedra del arroyo. Y el juego no se para a explicárnoslo porque no hace ninguna falta.

Aunque me he encariñado mucho del divo histriónico que es Lucio, reconozco que tengo ganas de jugar la ruta del resto de personajes. Nadia con su porte aristocrático es magnética, y Portia tiene un aire de alegre picardía irresistible. ¿Qué misterio envuelve a Muriel? ¿Julian me traerá tanto drama como promete esconder tras su rostro despreocupado? Solamente las cartas conocen la respuesta a mis preguntas.

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Alystrin
Alystrin @Alystrin

Cosplayer, otorrinolaringóloga, streamer y, sobre todo, mamarracha profesional. Cuqui del almendruqui que no dudaría en sacarte las muelas por tus "incorrecciones políticas"

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