Por favor, sube el brillo

Por favor, sube el brillo

02/11/2018 | Dunkel | 1 comentario

Un año más, un nuevo Halloween. Esa bella época del año en la que se junta chocolate, decoración creepy pero bonita, ¡¡y los especiales de terror de ellas, las toasgueimers!! En esta ocasión, varias redactoras nos juntamos para hablar de ese miedo que nos paraliza, ese miedo que aparece y que puede llegar incluso a conseguir que abandonemos el videojuego.

 

Suele suceder que lo primero que se nos viene a la mente a la gran mayoría al hablar de miedo es pensar en cosas clásicas de terror: fantasmas, muñecos endemoniados, asesinos con ansias de venganza y maldiciones varias. Olvidando, en muchas ocasiones, aquellas fobias más terrenales, bueno, no siempre, ya que alguna de nuestras redactoras las tiene muy muy presentes a la hora de enfrentarse a un videojuego.

 

Azka

Ya sea para bien o para mal tiendo a meterme mucho en la historia, a vivir muy de cerca los juegos, a implicarme mucho y por ende no llevo bien los de miedo, sustos, vísceras y similares. Pero aunque yo misma no los juegue no significa que alguien de mi entorno no lo pueda hacer y entonces acabo mirando de reojo, tal vez demasiado.

Así conocí a Project Zero, un survival horror muy japonés donde la protagonista decide buscar ella sola a su hermano perdido en una mansión muy encantada donde ha desaparecido un equipo entero de investigadores. Además su única arma es su cámara de fotos. El miedo está servido.

Pero lo curioso es que aunque hay muchos sustos y la historia de los pobres fantasmas es muy desagradable, lo que realmente me agobió fue la limitación de movimientos. No me esperaba que un juego así me diera claustrofobia.

Estás encerrada en una mansión encantada, pero no tienes acceso a toda la mansión. Las zonas se van desbloqueando o bloqueando según avances, y son habitaciones más bien pequeñas en general. El único respiro es el jardín. Además, en esos estrechos pasillos y pequeñas habitaciones te encuentras con fantasmas que no quieres que te toquen (porque mueres, claro) y que debes eliminar haciendo fotos, con lo que al mirar por el objetivo de la cámara tu visión queda aún más limitada y la sensación de claustrofobia aumenta. En serio, muy muy muy desagradable. No he vuelto a ver más de esta serie.

NeithVanCat

Ya hice el año pasado para estas fechas un artículo sobre lo miedica que era, desde tener miedo por escuchar gameplays de Outlast hasta pedir ayuda para jugar Blackwood Crossing.

Me da un poco de canguelo cuando hay una zona abierta muy vacía donde solo estoy yo: lo pasé bastante mal en algunas zonas del Tomb Raider y los Fallout me dan bastante angustia.

Aunque lo que más pavor me da y que me ha quitado de jugar muchos títulos son las malditas arañas. Las odio, son feas y en algunos países son más grandes que mi cara (Australia estoy hablando de ti). Es por eso que no he jugado Hollow Knight, porque sabía que había un nivel con arañas. También abandoné el Dragon Age y hasta me daba miedo de pequeña la araña del Animal Crossing.

Desde luego, nunca podré marcarme un Elsa Pataky.

Dunkel

He aquí mi pequeña confesión, adoro todo lo relacionado con el “género de terror” pero soy incapaz de subirme a una silla. No, lo que me da miedo no es la silla, sino las alturas. En 2008 se lanzaba Mirror’s Edge, un videojuego innovador en primera persona que combinaba velocidad y obstáculos, un parkour en… las… alturas. Creí que tratándose de un videojuego mi miedo a las alturas no influiría, pero no podía estar más equivocada. Mi incomodidad ya comenzó con el tutorial, sudores fríos e incluso sensación de mareo, que en este caso yo sabía qué lo provocaba. Probé incluso a jugarlo con música para tratar de rebajar esa ansiedad que me generaba lo de ir dando pasitos sobre una tubería para pasar de un edificio a otro, no sirvió de mucho y finalmente tuve que dejar de jugar.

 

Pero sin duda alguna, el miedo rey en nuestra redacción, que quizá todos hemos sufrido en mayor o menor medida siendo peques o tal vez en algún momento puntual tras ver una película de terror o jugar a ese videojuego en el que por mucho que subamos el brillo, tú ahí sigues sin ver la puerta de salida… es la oscuridad.

 

Chi Skywalker

Definitivamente si queréis que lo pase mal solo tenéis que basaros en una ambientación donde los efectos sonoros se compaginen con una ambientación oscura, con toques de tormenta o llantos infantiles a lo lejos. Soy ese tipo de jugadora que casi todo lo que conoce del género se basa en lo que ha visto en gameplays o en lo que ha visto jugar a otra persona.

No me voy a extender demasiado pero os diré que jugando a Gone Home de Fullbright y que ya mismo nos caerá para Switch, padecí lo indecible: giraba la cámara a toda velocidad para encender la luz de las habitaciones como si fuera a aparecer la reina Alien si permanecía en la oscuridad… Me sobresaltaba con la tormenta, con el ruido blanco de una televisión a lo lejos… En fin, no me vais a ver demasiado jugando a este género, ¡pero que no se diga que no lo intento!

LadyMay

Cuando éramos niños, y mamá o papá nos arropaba, nos daba el beso de buenas noches y cerraba o encajaba la puerta de nuestra habitación para dejarnos descansar hasta el día siguiente, los temores de una joven mente —temores que durante el día parecían inexistentes frente al ocio y la despreocupación inherentes a esta etapa— hacían acto de presencia, atreviéndose a cobrar vida; a aventurarse más allá de la ropa desplegada en la silla, de las zapatillas bajo la cama, de las puertas a medio cerrar del armario… Ya fuera por la tenue luz de las farolas de la calle colarse entre las persianas, por los coches cuyos focos recreaban un seguido de sombras zigzagueantes entre las cortinas, estanterías y armarios o por el más nimio crujir de los muebles viejos del resto de la casa, la percepción de la realidad se retorcía y deformaba hasta traspasar los límites de nuestra imaginación, solo para ahogarnos en el miedo tal y como hoy lo conocemos.

La oscuridad siempre nos ha jugado malas pasadas, desde luego, considerándose incluso el miedo más universal en el ser humano bajo la premisa de ¿qué es lo que se oculta en esa densa opacidad negra? Un miedo a combatir con la luz del día y, en especial, con el fuego tal y como vemos en «Hellblade: Senua’s Sacrifice». En la aventura de Ninja Theory se nos muestra un claro ejemplo de en lo que se puede convertir la oscuridad gracias al poder de nuestra mente. Desde la fase previa a nuestro enfrentamiento con la Bestia hasta la Prueba de la Ceguera, sentirme observada y con la oscuridad a mi alrededor logró devolverme a ese momento de mi niñez; a esa cama; bajo esas sábanas, encogida de terror y con el desasosiego alojado en mi garganta con el firme propósito de quedarse una buena temporada… o al menos, hasta que el cansancio lograse vencer mis párpados.

 

¿Ves? la oscuridad gana, ¿no? bueno, quizá no la oscuridad en sí misma, pero ¿qué pasa con lo que puede estar oculto en ella? ¿Qué seres pueden acecharnos o incluso llegar a salir de las sombras y perseguirnos? ¿Sigues teniendo la luz encendida mientras lees esto?

 

Aonia Midnight

No soy una persona especialmente temerosa, aunque sí asustadiza. Suena raro, lo sé, pero viene a ser algo así como que no me importa moverme a oscuras estando sola en casa, pero que si escucho un “ruido raro” provocado por algún vecino, mi cobaya o algo extraño en la calle, brincaré indudablemente. Por eso, tal y como os conté hará un año en Miedo selectivo, en los juegos de terror me bloqueo, porque puedo ir todo lo “echá palante” que quiera, pero como sepa que algo me va a hacer brincar, soy incapaz de avanzar.

Por su parte, algo que me acompaña desde hace un buen número de años son las llamadas imágenes o alucinaciones hipnagógicas —¿y esto qué es lo que es? Diréis—, este tipo de alucinaciones auditivas, visuales y/o táctiles se producen a causa del estrés y la ansiedad durante la vigilia, en las primeras etapas del sueño. Durante este fenómeno, en mi caso, siento o “veo” que hay algo en la habitación. Algo que se abalanza sobre mí o que simplemente está ahí de forma pasiva, pero dentro de mi campo de visión, cerca de mí, delante de mí. Apenas dura unos instantes y a veces solamente se queda esa sensación de que “algo ha ido mal” durante el sueño, como cuando tienes una pesadilla y no la recuerdas. En ocasiones, puedo reaccionar tremendamente asustada, incorporándome, huyendo hacia atrás sin moverme de la cama o utilizando la almohada de escudo, otras simplemente “cierro los ojos” y espero que pase el evento. Al abrirlos, sólo queda tranquilizarse de nuevo e intentar volver a dormir.

Cuando jugué Hellblade: Senua’s Sacrifice me preocupaba cómo podía afectarme introducirme en la psique de Senua, especialmente tras la advertencia que te hace el propio juego, aunque al final disfruté al 100% de la inmersión. Eso sí, cuando llegué al escenario en el que tenemos que recorrer con Senua completamente a oscuras, se me cortó la respiración. Hasta ese momento el juego había ido como la seda, pero ¿y si, de repente, aparecía ALGO viniendo hacia mí? ¿Y si tenía que huir por un laberinto de oscuridad hacia una salida que no podría encontrar hecha un saco de nervios? Cuando logré terminar esa fase respiré profundamente.

Rena

Cuando me compré The Last Guardian el año pasado, me sentí igual de satisfecha que el resto de jugadores que esperaban ansiosamente el juego de Team ICO. Un juego prometido desde hace muchos años atrás, con unas expectativas que seguramente eran falsas por el tiempo pasado. Lo que desconocía era que unos seres con forma de estatua de ojos azules brillantes iban a provocarme tanto miedo. Dejando a un lado mi opinión de este juego, seguí jugando hasta toparme con estos bichos que te persiguen y te raptan en brazos. Como ya sabréis por este artículo que hice el pasado mes, no puedo con este tipo de acciones en un videojuego. Me provocaba nervios, taquicardia, estrés, ansiedad y todo lo malo, llegando a llorar mientras dejaba a un lado el mando.

Después de todo esto, junto a mi poco interés por la historia o la jugabilidad, acabé abandonando el juego.

MissFreakAlice

Corría el año 1998. En una comunidad autónoma del sur de España, una familia de cuatro miembros se preparaba para celebrar el cumpleaños del primogénito, un niño que disfrutaba de todos los aspectos y actividades de su vida, entre ellos de los videojuegos. Por otro lado estaba yo, la hermana pequeña, que también disfrutaba de lo mismo, incluyendo también los videojuegos. Cuando eres pequeño es fácil saber qué regalarte, cualquier cosa excepto ropa va a gustarte. En este caso, unos amigos de mi hermano decidieron regalarle un videojuego: Resident Evil 2. Pasando por encima de ese discreto 15 metido dentro de un círculo que avisaba sobre la edad mínima para jugar al juego antes de que existiera el sistema PEGI, nadie se lo pensó dos veces y esa joya de los juegos de terror llegó a las manos de mi hermano y, por supuesto, a las mías.

Tras merendar sándwiches y tarta, cantar cumpleaños feliz como es obligatorio y haber jugado y reído, alguien propuso probar el nuevo juego, ¿qué mejor forma de cerrar un cumpleaños que una buena caza de zombis? Pues ya os adelanto que cualquier otra cosa hubiese sido mejor.

Todos los chicos y chicas mayores salieron en estampida hacia el cuarto de mi hermano y yo, como buena hermana pequeña, también corrí con el grupo. Tomamos asiento alrededor de una televisión que ahora sería considerada un trasto y mi hermano se encargó de cargar la Playstation con el disco de Resident Evil 2, mientras las amigas de mi hermano me decían cosas bonitas y una de ellas me sentó en su regazo (una se deja hacer). Se enciende la televisión, se sube el volumen a tope, se apagan las luces y la pantalla de inicio del juego da paso a una cinemática que ya provocó en mí alguna alarma, pero yo era (y soy) una tía dura y no podía asustarme de una imagen de 2D por muy macabra, tenebrosa o perturbadora que fuese. Tras atravesar a los primeros zombis mi hermano llegó a los alrededores de la comisaría de policía de Raccoon City, donde reinaba el silencio salvo por los gemidos de los zombis que no se veían. Ese detalle llamó la atención de mi hermano, que decidió subir más el volumen y esperar en esa pantalla un rato más, mientras que yo, agazapada en el regazo de la misma chica, me quedé mirando fijamente la televisión aterrorizada, sin poder huir, ni gritar, ni llorar.

Tras este incidente que no me supuso en su momento más problemas que ese susto que me llevé, solo jugué al juego unas veces, el disco de Claire, ya que mi hermano reclamó el de Leon como suyo, y no me pasaba nada, salvo algún que otro temblor al escuchar a los zombis. Poco sabía mi pequeña yo que eso degeneraría tras muchos años en una imposibilidad de jugar a ningún Resident Evil: me tiemblan las manos si lo intento. Aun así, he jugado a algunos, como el Darkside chronicles y el 6 en modo cooperativo, pero ni me habléis de jugar a los primeros…

Laura Tejada

El terror es uno de mis géneros favoritos y siempre he disfrutado muchísimo de él, pero como ya comenté en el artículo “¿Qué es terror? Dices mientras clavas en mi pupila tu cuchillo azul“, todos tenemos nuestros límites. El mío proviene de la infancia, cuando vi a mi hermana jugar a Shadowman y aparecieron unos seres con brazos muy largos que, por alguna razón, se quedaron para siempre en mi inconsciente. Es muy frecuente recurrir a este tipo de diseño para los monstruos, no sólo en los videojuegos, sino también en el cine (nunca olvidaré llorar de terror con el final de Rec), aunque sólo ha habido un caso en el que directamente tuve que dejar de jugar porque no podía soportarlo más, y ese caso es Marguerite Baker de Resident Evil VII.

El diseño de Marguerite, cuando está en su forma más monstruosa, me produce un rechazo tal que no soy capaz de mirarla más de unos segundos seguidos. Además, tengo tripofobia, por lo que su vientre lleno de agujeros de los que salen insectos la convierte en el que, probablemente, sea el monstruo más horrible que haya visto en un videojuego.

 

Como puedes ver, hemos sido bastante sinceras a la hora de mostrar nuestros miedos y fobias. Aquello que incluso ha hecho que tras pausar y pausar el videojuego, terminase haciendo que lo abandonásemos. Pero ¿qué hay de ti? ¿En qué juego te has encontrado ese miedo que te ha impedido seguir tu partida?

 

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1 comentario
Maria Perez Recio
Maria Perez Recio 02/11/2018 a las 1:21 pm

Tambien tengo tripofobia y el enfrentamiento contra Marguerite me resultó horrible D: menos mal que estaba jugando en fácil.

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